Construido en pleno barrio Gótico de Barcelona, este maravilloso edificio es dueño de la única sala de conciertos modernista del mundo en la cual sonaron desde Richard Strauss hasta Daniel Barenboim.
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Para leer esta reseña hay que calzarse los auriculares y darle play a alguna pieza del Orfeó Català. Esta sociedad coral masculina fundada en Cataluña por Lluís Millet y Amadeo Vives en 1891, fue la razón de ser de este Palacio que es una verdadera oda a la música. Ya casi se iba el siglo XIX y la Revolución Industrial había transformado la vida por completo: desde la manera de trabajar hasta la estética. El barroco había quedado sepultado por el cemento y el acero. Sin embargo, en algún rincón de Barcelona su espíritu romántico aún latía. Un grupo de artistas, pintores y arquitectos alentados por la burguesía catalana se hizo cargo de esa arqueología cuyo resultado fue el modernismo. Esta corriente estética desempolvó los pájaros, las mariposas, los animales fabulosos y flores como elementos decorativos, también las fachadas resguardadas con rejas de hierro forjado inspiradas en la naturaleza. En ese contexto, los hombres de Orfèo soñaron con una casa donde cantar y, entonces, entró en escena el arquitecto barcelonés Domènech i Montaner, uno de los pioneros de este movimiento. En 1908 abrió las puertas joyas de la arquitectura que no puede pasar desapercibida en un paseo por el barrio Gótico. Como en la Sagrada Familia, uno podría pasarse horas descubriendo detalles en la fachada, los vitraux, los mosaicos, las esculturas y las forjas.
El Palau es una estructura que canta. De hecho, en la esquina con la calle Amadeu Vives, la escultura de Miguel Blay bautizada La cançó popular catalana incluye figuras de niños, pescadores, marineros, ancianos para recalcar que este espacio fue creado por el pueblo para el pueblo. Su sala de conciertos es una de las más especiales del mundo, presidida por un órgano con 3.772 tubos fabricado por Eberhard Friedrich Walcker, un lucernario central que representa el sol y que aporta luz natural, un puñado de figuras de musas alrededor del escenario, valquirias de Wagner que vigilan desde el cielorraso; flores, palmeras y frutos de yeso, y dos bustos que resumen el espíritu de este espacio: el del poeta, compositor y músico popular catalán Anselm Clavé y el de Beethoven. Desde 1997 es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y, si bien fue ampliado y remodelado en dos oportunidades por Oscar Tusquets, jamás alteró su esencia: ser un espacio bello donde sucede lo bello desde hace más de un siglo.
Más información: www.palaumusica.cat
Nota publicada en mayo de 2017.


