Menorca: la pequeña isla española donde aseguran que se inventó la mayonesa

Recorrido por los cuatro puntos cardinales de esta pequeña isla española para descubrir por qué es uno de los destinos más encantadores del Mediterráneo, con construcciones góticas de piedra calcárea y mucha tranquilidad
Recorrido por los cuatro puntos cardinales de esta pequeña isla española para descubrir por qué es uno de los destinos más encantadores del Mediterráneo, con construcciones góticas de piedra calcárea y mucha tranquilidad Crédito: Sebastián Montalva/El MERCURIO
Sebastián Montalva
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23 de junio de 2019  

A las ocho de la mañana la situación era esta: unos viajeros listos para salir del barco en el que se trasladaban, con una tarea difícil por delante, conocer la isla de Menorca, la segunda mayor de las Baleares, en menos de un día. Ni siquiera eso: había que estar de vuelta máximo a las 16.30, porque el crucero zarpaba a las cinco.

Pese a la presión, el escenario era auspicioso: contábamos con un día cálido y despejado en el Mediterráneo, sin una gota de viento, con un minibús y con alguien que conocía bien este lugar. Se llamaba Fernando Serrano, tenía unos 60años y un dominio perfecto de al menos cuatro idiomas: español, catalán, francés y, desde luego, menorquín, el dialecto propio de esta isla. "Menorca sorprende porque es llana y tiene una particularidad que la diferencia de otras islas mediterráneas: es totalmente verde, salvo entre junio y septiembre, que pierde algo de verdor", decía Serrano.

Efectivamente: todo era verde, con extensas praderas y colinas, pinos y olivos silvestres, y unas cercas de piedra que flanqueaban la carretera por la que viajábamos. Los campos de Menorca, nos habían explicado, son pedregosos. Si uno escarba unos 10 centímetros encontraría un auténtico pedregal. Los primeros habitantes, y eso se remonta al año 2250 a.C., usaron estas rocas para hacer cercas de piedra seca, es decir, montadas una sobre otra, sin argamasa o yeso, y las amontonaron para dejar a los animales. Hoy, todo el campo de Menorca está dedicado a darles de comer a las vacas: con ellas se hace el queso MahónMenorca, que tiene denominación de origen y sale exportado precisamente desde el puerto de Mahón, la capital de la isla. Como había poco tiempo, recorreríamos la isla en un viaje exprés por los cuatro puntos cardinales.

Así que desde el puerto de Mahón, partimos primero hacia el centro histórico de Menorca. Y eso estaba precisamente hacia el?

Oeste: Ciudadela

A la ciudad más poblada de Menorca (lo que no es mucho decir: tiene solo 30.000 habitantes, mientras que en todo Menorca hay 90.000) le dicen "la Florencia del Mediterráneo" por su cuidada arquitectura y el color de sus calles: casi todo aquí está construido con piedra calcárea, que le da un tono blanquecino-amarillento muy particular. En el centro se ven palacios y bellos edificios de estilo catalán gótico, como la Catedral de Santa María. También hay un pequeño puerto con botes y yates anclados que conforman una postal emblemática. No se trata de una ciudad-museo: la gente todavía vive en el centro, claro que en los segundos o terceros pisos, ya que las plantas bajas hoy están ocupadas por restaurantes, cafés y heladerías. Cada 23 y 24 de junio se realiza en Ciudadela uno de los eventos más tradicionales de esta isla: el llamado Jaleo de Menorca, una fiesta popular que data del siglo XIV en la que se reúnen al menos 200 caballos que avanzan en romería hacia una pequeña ermita en honor a San Juan y hacen gala de todas sus habilidades ecuestres.

La Catedral de Santa María, en Ciudadela
La Catedral de Santa María, en Ciudadela Crédito: Sebastián Montalva/El mercurio

Cerca de Ciudadela también está uno de los hitos arqueológicos más famosos de Menorca: la Naveta des Tudons, una construcción funeraria de forma piramidal levantada entre los años 1200 y 750 a.C. por la cultura talayótica. En Menorca hay alrededor de 1500 monumentos arqueológicos, 32 de los cuales están en un expediente que el gobierno envió a la Unesco para que la isla sea declarada Patrimonio de la Humanidad.

Sur: Cala Galdana

Tras la visita de Ciudadela, no fue difícil alcanzar el siguiente punto cardinal de Menorca. La isla solo tiene 50 kilómetros de largo. "Para quienes vivimos todo el año aquí a la larga puede ser un pelín claustrofóbica: coges el carro en Mahón, te plantas en Ciudadela y ya se te ha acabado el mundo", decía Serrano.

Pasamos primero a la Hort San Patrici, una granja, bodega de vinos, quesería, jardín de esculturas y además hotel boutique en el interior de Menorca donde llevan varios años elaborando algunos de los productos más famosos de Menorca, el queso Mahón-Menorca (que se presenta con varios sabores y ahumados) y la sobrasada, un embutido artesanal hecho con carne de cerdo insular, el cual se cura durante mínimo uno a tres meses, dependiendo de la variedad.

Pero en rigor, el objetivo primordial era admirar la playa más famosa de Menorca: Cala Galdana, una hipnótica bahía de aguas transparentes. Hay un mirador que permite ver toda esta escena, al que se llega caminando entre hermosas casas blancas de estilo Mediterráneo, con cuidadísimos jardines.

Crédito: Sebastián Montalva/El MERCURIO

Este quizás sea el atractivo imbatible de Menorca: sus playas. El dato dice que la isla tiene 45 playas y 145 calas (o bahías), las cuales se diferencian según cuán urbanizadas están. Hay algunas que tienen hoteles, como Cala Galdana, pero otras, como Cala Tortuga, Macarella o Turqueta, que son prácticamente vírgenes, y para llegar a ellas muchas veces hay que caminar varios kilómetros. Su belleza, sin duda, lo justifica.

Norte: Fornells

Antes de seguir hacia el norte, hicimos una escala técnica en el monte Toro, el punto más alto de Menorca, con solo 357 metros de altura. El ícono de este lugar es una estatua del Sagrado Corazón de Jesús, una especie de Cristo Redentor menorquín con los brazos abiertos que parece vigilarlo todo.

"Desde el Monte Toro se ve el 98 por ciento de la isla de golpe, y cuando está despejado, incluso se ve hasta las costas de Mallorca", dijo Serrano. El día estaba despejado, pero no lo suficiente como para llegar a divisar Mallorca, aunque sí nuestra siguiente escala: Fornells, un pueblo de casas blancas que, pese al crecimiento de la isla, sigue manteniendo el espíritu de una aldea de pescadores. Ubicado junto a una bahía de aguas transparentes donde flotan algunas lanchas y pequeños veleros, Fornells es conocido por su plato típico: caldereta de langosta, un cocimiento de este crustáceo con un sofrito de tomate, cebolla y pimienta verde y que se sirve en una fuente de greda. El lugar más famoso para probarlo es el restaurante Es Cranc, donde una caldereta individual sale 70 euros.

Este: Mahón

Dejamos la última parte del día para conocer la ciudad de Mahón y su puerto natural, considerado uno de los más grandes del mundo: gracias a sus 25 metros de profundidad permite que atraquen naves de gran calado. Fotogénica por donde se le mire, Mahón es una ciudad de construcciones blancas y amarillo pastel que se levantan sobre una colina y que son atravesadas por pequeñas callejuelas empedradas que suben y bajan.

Hay que tener más tiempo para ir a conocer la playa de postal que es Sa Mesquida, o para caminar por los senderos del Parque Natural S'Albufera des Grau, donde cada año llegan miles de aves migratorias. No por nada celebridades como Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Víctor Manuel tienen casa de veraneo en Mahón.

La mayonesa se inventó en Mahón y la historia es esta: en 1756, el duque de Richelieu estuvo en Menorca junto con una comitiva de generales, en la época en que los franceses peleaban contra los ingleses por el domino de esta isla. Un día decidieron entrar a comer en una sencilla taberna. El dueño del lugar, asombrado por la visita de tan ilustres personajes, los atendió con extrema dedicación, pero se dio cuenta de que no tenía nada muy bueno que ofrecerles: lo único que había eran unos pescados a punto de echarse a perder. Entonces, para arreglarle el sabor, los cocinó junto con unas papas y preparó una salsa a base de huevo, aceite, ajo picado y limón. Había que disimular el olor del pescado como fuera.

Crédito: Sebastián Montalva/El MERCURIO

Quizás por el apetito voraz que tenía o las abundantes copas de vino que había tomado, el duque de Richelieu encontró que esa había sido la mejor cena de su vida, y de inmediato preguntó por la receta de esa maravillosa salsa, que se llevó muy bien anotada a Francia. Unos días después, hubo un banquete en el Palacio de Versalles y el duque de Richelieu insistió que fuese servido pescado a la menorquina, es decir, con esa misma salsa. El rey Luis XV preguntó cómo se llamaba esa emulsionada delicia y entonces el duque dijo que mahonesa, porque la habían encontrado en el puerto de Mahón.

"Pero el duque lo pronunció con acento afrancesado, entonces sonó mayonesa, dijo Fernando Serrano, con la convicción de quien maneja una verdad definitiva.

"Entonces se hizo famosa en toda Francia y de allí salió al resto del mundo", contó Serrano. (El Mercurio / GDA).

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