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Siempre se vuelve a San Antonio de Areco, debería decir el dicho. Porque es de esos sitios magnéticos que atraen tanto por su historia y arquitectura como por su amplísima y siempre renovada buena mesa y originales hospedajes. También cautiva al visitante el amplio abanico de talleres de orfebres, que con trabajo y muchísimo talento han sabido continuar esta tradición haciendo de Areco un pueblo de plateros, y otro tanto ha sucedido con la soguería; detrás de las talabarterías o en sus casas, los viejos sogueros aún trabajan el cuero con técnicas ancestrales. Por todo ello, a pesar de su crecimiento, Areco sigue conservando el encanto de los antiguos pueblos de la pampa.
En este sentido, quizás la perlita del lugar sea su almacén Los Principios, de 1922, donde todavía se reúnen los paisanos a tomarse una copa y conversar a cualquier hora del día. Allí, ningún objeto está puesto para "hacer de cuenta" sino por gusto de sus dueños o por pura practicidad. Imágenes como estas son las que supo reproducir tan fielmente Florencio Molina Campos, cuya obra hoy se puede ver en el museo Las Lilas de Areco. Vale la pena redescubrir a este vasto artista en su propia época, no sólo como el famoso pintor de los almanaques de Alpargatas, sino como ese hombre que, al decir de un letrero en la sala permanente del museo, fue capaz de terminar una sociedad con Walt Disney, porque decía que desvirtuaba en sus películas la imagen del hombre de campo argentino.
A Areco hay recorrerlo a pie o en bicicleta. Se alquilan bicis a muy bajo costo en la oficina de turismo, camino al Parque Criollo, y aunque uno puede ir por el día, es siempre recomendable pasar una o dos noches.
Muy cerca de Areco está Vagues, un pequeño poblado rural frente a una vieja estación, donde funciona un centro de interpretación ferroviaria tipo museo muy particular, con juegos de luces y sonidos y mucho para ver sobre la historia del ferrocarril hasta su cierre en el año 1992.
En Vagues también se organizan cabalgatas guiadas, se puede visitar el taller de arte y joyería de la artista plástica Cecilia Ferguero o almorzar en su única parrilla, La Posta de Vagues, donde tienen también un hospedaje de campo (ver DU aparte). Está a 5 km de Areco y mucha gente suele ir en bicicleta ya que el camino es muy tranquilo. Casi no pasan autos.
Nuevo Museo Guiraldes: unos años después...
Cuando a fines de 2009, el río Areco se desbordó produciendo una gran catástrofe en el pueblo, nadie imaginó que saldría de pie. Quizás la pérdida más importante fue la del museo Güiraldes cuyas piezas y obras de arte eran de un valor incalculable para el patrimonio argentino. Pero gracias al intenso trabajo de los mismos empleados del museo, hoy sólo falta un 10% por ser rescatado.
Reabrió hace cuatro meses reabrió, y siguiendo las tendencias de las nuevas modalidades en museología, el espacio se ha modificado completamente. Está dividido en cuatro salas pintadas de distintos colores, con pocos objetos y temáticas diversas, la iluminación y las tonalidades acordes así como la disposición de las piezas hacen a la armonía del lugar y ayudan a la comprensión de lo que está expuesto. "Era un museo muerto", comenta Andrea Vigil, la actual directora y antigua guía del lugar que asegura que desde su reciente apertura ha venido gente de Areco que nunca antes había pisado el lugar. Y aunque se ha salvado el mobiliario y objetos personales de Güiraldes, su emblemático Don Segundo Sombra y los cuadros de Figari, Sívori y Alberto Güiraldes, todavía falta terminar de recuperar los objetos vinculados al mundo gaucho, que eran el corazón del lugar. Se estima que para noviembre próximo se abrirán las dos últimas salas con las piezas gauchescas.
Con Alma de Proa
Si uno planea quedarse a dormir en el pueblo, es útil elegir un hospedaje medianamente céntrico, en alguna vieja casona reciclada para vivir la experiencia de cerca y percibirse como un "arequero" más y no un simple turista. Así se siente uno en Alma de Proa, bed & breakfast atendido por Emilia y Franco en la vieja casa familiar de ella. Hace uno años allí funcionaba un restó muy particular llamado Filomena que congregaba gente a oír música, bailar y hasta cantar. Después estuvo cerrado un tiempo hasta que sus dueños decidieron remar con alma de proa, reciclando todo el espacio y restaurando las partes dañadas. Ambos son muy atentos y tienen delicadezas como encender velitas de colores al anochecer para recibir al huésped que viene cansado de patear el pueblo, y por qué no, un buen mate caliente cebado por Franco en la acogedora cocina que comparten todos los pasajeros. Hay un pequeño y tranquilo jardín al fondo con una pileta. Entre otras cosas se ofrecen masajes ayurvédicos o descontracturantes a pedido y clases de yoga. Y remata la estadía un riquísimo desayuno con tortas de jengibre y miel, nuez y banana, y galletas de avena, todas hechas por Emilia.
¿Qué hay de nuevo, viejo?
Nunca más apropiada esta frase célebre de los dibujitos animados. Porque en Areco todo lo nuevo tiene algo de viejo. Como el almacén Batará, que antes era una fiambrería típica. Hoy sus mismos dueños la mudaron de lugar y la convirtieron en un pequeño bar-almacén, con mesitas adentro y en la vereda venden pastelitos, salames, quesos caseros, escabeches, productos regionales y tentadoras picadas, sándwiches calientes y empanadas.
Otra novedad es Tumba´o, un bar de vinos que es además restaurante, y sirven unas caipirinhas tan ricas como exóticas. La abrieron los hijos del "Tumba" Uriarte, original dueño de la vinoteca del pueblo que hoy conserva la familia. Pruebe la Caipi Amada, o la Caipirísima de Higos, las especialidades de la casa. Ocasionalmente hay música en vivo y lo más llamativo del lugar, además de la buena onda de "Cachi" y de los barman, es una gran vitrina con casilleros tipo lockers individuales vidriados donde el cliente puede guardar su botella de whisky comprada en el local a precio promocional y venir a beberla cuando quiera y sin costo adicional.
En lo que a restaurantes gourmets se refiere (más allá de lo que hace Paula Méndez Carrera en Corazonada, ver Zoco), lo nuevo y más recomendable que hay hoy en Areco es Rossita. Sus creadores, Esperanza Rossi y Javier Tarducchi unieron sus apellidos para ponerle nombre al lugar. Él es el chef, y ella atiende las mesas. Las llamativas rosas pintadas en el piso de la entrada, en las paredes e incluso en las lámparas de techo lo hacen un sitio muy particular.
Y para cerrar la noche, el trago "del estribo" tiene que ser en el restó bar 4 de copas, abierto hace poco más de un año. Los dueños son una pareja de porteños muy jóvenes que ocasionalmente exponen pinturas y fotografías de diversos artistas. En el patio hay una gran pantalla donde proyectan clásicos como La Fiesta Inolvidable. Es el mejor chan chan para un día intenso, a tiro de piedra de Buenos Aires.
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Datos útiles: Toda la info sobre dónde comer, dormir y qué hacer en Areco
Por María Casiraghi. Nota publicada en junio de 2015.

