
Los edificios menos conocidos de Buenos Aires que sorprenden por su historia y arquitectura
Vanessa Bell invita a descubrir una serie de edificios eclécticos, distintos y menos conocidos de la Ciudad
Con más de 16 años viviendo en la ciudad, Vanessa Bell, escritora y curadora, invita a descubrir los edificios menos conocidos de la Ciudad. A partir de su experiencia como periodista especializada en interiorismo y arquitectura, el recorrido propone mirar la ciudad desde otra escala: la de las fachadas, los materiales, las decisiones urbanas y las historias que se esconden detrás de cada construcción.
El episodio atraviesa distintos puntos de Buenos Aires y se detiene en obras como el edificio Los Eucaliptos, el edificio Mario Botta, el Mirador Massue y el edificio de Alsina y Entre Ríos. Cada uno, a su manera, permite leer una época, una corriente arquitectónica y una forma distinta de imaginar la vida urbana.
Una vivienda colectiva adelantada a su tiempo
El recorrido comienza con el edificio Los Eucaliptos, una obra construida en 1941 por los arquitectos argentinos Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy, ambos graduados de la UBA y formados en Europa junto a Le Corbusier.
“Vamos a ver ahora un edificio muy emblemático, pero poco conocido de la corriente del modernismo”, introduce Vanessa, antes de explicar por qué esta obra resultó tan singular para su época.
El edificio fue pensado como una propuesta innovadora de vivienda colectiva. En su momento incluyó espacios comunes como una cantina integrada, sala de lectura y sala de juegos para niños, elementos que hoy podrían pensarse como amenities, pero que para entonces representaban una mirada moderna y experimental sobre la vida en comunidad.
Los detalles que cambian la mirada
Más allá de su valor arquitectónico, Vanessa se detiene en los pequeños elementos que hacen único al edificio: los parasoles de madera móviles sobre la fachada, los azulejos de colores pastel y la decisión de ubicar la construcción hacia el fondo del terreno.
“Los parasoles de madera que cubren la fachada del edificio son movibles. Uno los puede mover para adaptar la dirección del sol y maximizar la exposición”, explica.
También destaca el uso del color en los azulejos, pensado según la relación de cada sector con la luz natural y la vegetación. En ese cruce entre diseño, clima y vida cotidiana aparece una de las claves del capítulo: mirar la arquitectura no sólo como forma, sino también como experiencia.
El edificio, además, rompió con la lógica urbana de su tiempo. En vez de construirse al frente del terreno, como indicaba la norma, se ubicó hacia atrás para preservar los eucaliptos existentes. Esa decisión permitió generar un espacio verde al frente, casi selvático, que todavía hoy ofrece privacidad y una relación particular con la calle.
El posmodernismo en pleno centro
La segunda parada es el edificio Mario Botta, construido en 1989 como sede del Banco Nazionale del Lavoro en Buenos Aires. Para Vanessa, se trata de uno de los ejemplos más emblemáticos del posmodernismo en la Ciudad.
El edificio llama la atención por su escala monumental, sus formas geométricas y el contraste entre materiales como el granito y el mármol. “Tiene elementos del posmodernismo: los elementos geométricos, esta cosa muy monumental y una representación de lo que ellos hablaban de las ruinas”, describe.
Ubicado en una zona históricamente asociada a estilos más franceses y parisinos, el edificio irrumpe con otro lenguaje. También funciona como testimonio del desarrollo del centro financiero porteño durante los años ochenta y noventa.
Un diálogo entre épocas
El recorrido continúa con el Mirador Massue, ubicado en pleno centro porteño. Allí, Vanessa pone el foco en una convivencia poco habitual: la preservación de una pieza arquitectónica de comienzos del siglo XX dentro de una intervención contemporánea de fines de los años ochenta.
El edificio original fue construido en 1903 y conocido como Palacio Costaguta. Décadas más tarde, cuando se proyectó su demolición para levantar una obra moderna, la reacción pública y el reclamo por su preservación llevaron a modificar el proyecto.
A partir de esa tensión, los arquitectos decidieron conservar el mirador original e integrarlo a la nueva construcción. “Para mí es un ejemplo muy interesante de un diálogo entre dos corrientes arquitectónicas bastante contrastantes”, señala Vanessa.
El resultado puede ser polémico, incluso desafiante, pero ahí está parte de su atractivo: una obra que obliga a mirar dos tiempos al mismo tiempo.
La ciudad como descubrimiento personal
El capítulo cierra en Alsina y Entre Ríos, a metros del Congreso, frente a uno de los edificios preferidos de Vanessa dentro de la selección. La elección no es sólo arquitectónica, sino también personal.
“Yo viví a unas cuadras de acá por casi diez años. Siempre pasé. Siempre soñé con subir en estos ascensores medio lúdicos y medio increíbles que quedan a la vista”, cuenta.
Durante este capítulo, Vanessa propuso volver sobre lugares conocidos, detenerse en lo que muchas veces queda de fondo y descubrir que Buenos Aires todavía guarda escenas capaces de sorprender incluso a quienes la caminan desde hace años.









