Argentina: Milei, incondicional de Trump, pero socio de China
Llegada de miles de automóviles chinos a Buenos Aires marca relación comercial.

La definición quedó reforzada esta semana tras el arribo al puerto de Zárate, 100 kilómetros al norte de Buenos Aires, de un buque procedente de China que descargó unos 7.000 vehículos eléctricos e híbridos, en una de las mayores operaciones de ese tipo registradas en el país.
El desembarco refleja el creciente peso de los productos chinos en el mercado argentino y el impacto de la apertura importadora impulsada por el Ejecutivo.
Pocos días atrás, Milei ratificó públicamente su alineación geopolítica con Estados Unidos, aunque aclaró que ello no implica cortar relaciones comerciales con China. En declaraciones citadas por Infobae, el mandatario buscó trazar una línea divisoria entre la afinidad política y la necesidad económica, una distinción que también es leída con atención por Pekín.
Según el analista político Patricio Giusto, director de Diagnóstico Político y magíster en Estudios Chinos, pese a la sintonía política entre Buenos Aires y Washington, China no tiene incentivos para romper ni reducir sus lazos comerciales con Argentina ni con el resto de América Latina.
Por el contrario, explica, Pekín tiende a proteger activamente sus vínculos económicos en la región debido al impacto estructural que estos intercambios tienen tanto en su economía como en sus cadenas de abastecimiento y en su proyección global.
"Si Argentina redujese su vínculo comercial con su principal socio, China, sería un suicidio, una cosa absurda que no tendría ningún tipo de explicación y que no se podría reemplazar de ninguna otra forma," comentó Giusto.
El analista subraya, además, que Estados Unidos históricamente no ha exigido a Argentina —ni a otros socios cercanos como Brasil— que reduzca su comercio o sus inversiones con China como gesto político.
Washington ha concentrado sus demandas en áreas sensibles vinculadas a la seguridad estratégica, como la energía nuclear, las telecomunicaciones y la infraestructura crítica, lo que ha permitido un margen de maniobra en el plano comercial.
"Eso por ahora no está sucediendo, pero es una pregunta que está abierta de cara al futuro. Por ahora, el tema de los vínculos comerciales con China no están comprometidos, Estados Unidos no se está metiendo en eso," dijo Giusto.
La postura del Gobierno argentino se apoya, además, en una relación bilateral de larga data. Argentina y China establecieron relaciones diplomáticas en 1972 y, en 2014, elevaron el vínculo al rango de Asociación Estratégica Integral, ampliando la cooperación en comercio, energía, infraestructura y tecnología, según datos oficiales de la Cancillería argentina.
Los números actuales del comercio exterior evidencian la dificultad para un giro abrupto. De acuerdo con la plataforma OEC (Observatory of Economic Complexity), China es uno de los principales socios comerciales de Argentina, aunque el país sudamericano es hoy el único de la región con una marcada asimetría comercial, debido a exportaciones relativamente bajas frente a un alto volumen de importaciones, señala Giusto.
En ese contexto, una eventual reducción del vínculo comercial con China tendría, según el analista, un impacto devastador sobre la economía argentina, difícil de compensar por otras vías a corto y mediano plazo.
La llegada masiva de autos chinos a Zárate funciona como una señal concreta de que, más allá de las afinidades ideológicas, la relación con Pekín sigue siendo un pilar económico difícil de eludir. (ANSA).



