Científicos liberan en Panamá ranas en peligro de extinción tras años de aislamiento
Decenas de ranas doradas fueron devueltas a su hábitat en Panamá tras haber estado aisladas, algunas en Estados Unidos durante más de una década, para protegerlas de un superhongo que amenaza con...

Decenas de ranas doradas fueron devueltas a su hábitat en Panamá tras haber estado aisladas, algunas en Estados Unidos durante más de una década, para protegerlas de un superhongo que amenaza con extinguirlas, informó este miércoles el Instituto Smithsonian.
La rana dorada es una especie endémica de Panamá que no se veía en su entorno natural desde 2009, por la acción de un hongo devastador que le provoca una enfermedad infecciosa.
Para evitar su extinción, cientos de estos ejemplares amarillos de motas negras y que miden menos de ocho centímetros fueron enviados a centros especializados en Estados Unidos para su cuidado y reproducción, y ahora fueron liberados en Panamá.
El Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por sus siglas en inglés) dijo en un comunicado que "ha comenzado a liberar ranas" en "su hábitat natural".
Según el STRI, en 2025 un centenar de ranas doradas fueron trasladadas desde Estados Unidos y ubicadas durante 12 semanas en unas instalaciones que recrean sus condiciones naturales.
De ellas, un 70% murieron por el hongo, mientras que el resto "fueron liberadas por completo tras el ensayo", agregó el pronunciamiento, que no especificó por motivos de seguridad el lugar donde fueron ubicados los ejemplares.
"Aunque esa cifra puede parecer elevada, los datos recopilados de las ranas fallecidas se utilizarán para comprender la dinámica de la enfermedad y cómo los animales recuperan la toxicidad de su piel después de consumir una dieta silvestre", señala el STRI.
Hace cuatro décadas había una enorme población de ranas doradas en las quebradas y ríos de la provincia central de Coclé, a unos 150 kilómetros al suroeste de Ciudad de Panamá.
Sin embargo, la aparición del superhongo redujo la especie a menos de 3.000 individuos, lo que llevó a los científicos a recluir una pequeña parte en Panamá y enviar el resto a centros especializados en Estados Unidos.
Los científicos explican que el hongo se incrusta en la piel del animal, lo que provoca que no pueda intercambiar sales y agua con su entorno. La infección daña sus funciones vitales y, finalmente, muere de un paro cardíaco por asfixia.
Los expertos aseguran que este microorganismo llegó a Panamá a principios de los años 1990 y amenaza gravemente a otros anfibios, como sapos y salamandras.



