
Agorafobia: algo más que un temor a los espacios abiertos
Afecta más a las mujeres que a los varones y suele comenzar con un ataque de pánico
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Los trastornos relacionados con la ansiedad están a la orden del día. Las crisis crónicas y recurrentes que afectan a nuestro país, tanto en el orden económico como en el social, han creado un extraordinario caldo de cultivo para las afecciones que alteran la salud mental.
Pero no por conocidos, estos trastornos dejan de estar deficientemente diagnosticados, y en no pocas oportunidades son subestimados, dejando al paciente a la deriva y con su angustia a cuestas. Las fobias son algunas de estas entidades. Y existe una en particular que condiciona por completo la vida del paciente: la agorafobia, o temor a los espacios abiertos, como se la conoce vulgarmente.
Pero, en realidad, el trastorno excede esta definición, tal como lo explica el profesor doctor Roger Montenegro, secretario de educación de la Asociación Mundial de Psiquiatría, miembro del panel de expertos en salud mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y presidente de la Fundación Contener, agrupación que lucha contra la discriminación y la estigmatización de los pacientes neuropsiquiátricos.
Epidemiológicamente, los trastornos de ansiedad afectan a entre el 5 y el 8% de la población, de los cuales se calcula que un 3% corresponde a casos de agorafobia. El inicio se presenta generalmente en adultos jóvenes, y afecta más a las mujeres que a los hombres. Las personas que presentan este trastorno se pueden confinar en sus hogares por años, con el consecuente deterioro de la interrelación personal y social.
Dos miradas en una
El ágora era la plaza pública de las ciudades griegas y, por ende, el espacio donde se realizaban las grandes discusiones públicas que dieron lugar a la democracia. "De ahí el término agorafobia, que se aplica a la sensación de angustia o miedo ante los espacios despejados y extensos, como las plazas o las calles anchas. Por extensión, hace referencia a la ansiedad que aparece en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil, o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia o síntomas similares, puede no disponerse de ayuda", explica el profesor Montenegro.
Existen dos posturas relacionadas con la agorafobia: la escuela americana y la europea. Los americanos afirman que la agorafobia es secundaria a los trastornos de pánico, en tanto que la europea sostiene que es una entidad en sí misma, que puede, en cambio, derivar en ataques de pánico.
"En nuestro país -explica el especialista-, existe una postura que vincula a ambas corrientes. Se intenta tener una visión integral del paciente, que incluye su historia clínica, antecedentes familiares y socioculturales para, de esa forma, realizar el diagnóstico. Se aborda el trastorno desde una perspectiva individual, es decir, a cada paciente como un caso particular, sin preconceptos."
La agorafobia es un trastorno que se puede presentar sólo o acompañado de otros tipos de trastornos psiquiátricos. Esta fobia hace que las personas limiten sus actividades a áreas cada vez más pequeñas, lo que las lleva finalmente a la incapacidad de dejar sus hogares sin compañía.
La fase inicial se puede asociar con un ataque de pánico en un espacio público o en eventos que hacen que la persona se sienta incómoda en escenarios públicos y posteriormente decida evitar situaciones similares.
Como fácilmente se comprende, la agorafobia genera un círculo vicioso en el cual el sujeto se ve discapacitado y retraído socialmente, a la vez que puede llegar a recurrir al alcohol o a drogas legales e ilegales para sobrellevar su angustia.
Tampoco es extraña la recurrencia de pensamientos suicidas, pues para los pacientes, "la vida puede tornarse insoportable y es posible que caigan en el pensamiento reiterado de que morir es mejor que vivir así, en tanto que este cuadro es perfectamente tratable y suele solucionarse en el mediano plazo con la terapia y el apoyo del entorno".
Por otra parte, en ocasiones la agorafobia no es un episodio que se desencadena en algún momento de la vida, sino que tiene que ver con la construcción de una personalidad determinada. Un ejemplo claro es el de las personas que ya desde pequeñas manifiestan una actitud evitativa que va cronificándose con el tiempo, construyéndose de esta forma una personalidad llamativamente retraída.
En otros casos, en cambio, la agorafobia suele estar relacionada con situaciones de estrés intenso, que actúa como disparador del cuadro.
Terapia y fármacos
El tratamiento de este trastorno se compone, como en la mayoría de las afecciones relacionadas a la ansiedad y la depresión, de una combinación de fármacos y terapia psicológica.
"El sólo hecho de que el médico de cabecera reconozca la existencia del problema, sin subestimarlo ni sobredimensionarlo, le aporta al sujeto una contención que hace que descienda el nivel de angustia y ansiedad. Por eso es fundamental que los profesionales, sin importar su especialidad, estén capacitados para realizar un buen diagnóstico y la derivación oportuna", dice el profesor Montenegro.
Como en otros trastornos caracterizados por el pánico, la prevención específica no es posible, pero la intervención temprana puede reducir la severidad del problema.
Sintomas típicos
- Temor a perder el control en un lugar público.
- Miedo a permanecer en lugares de donde pueda ser difícil salir.
- Sentimiento de indiferencia o alejamiento de los otros.
- Ansiedad o ataque de pánico
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- Temperamento inusual o agitación con temblor o crispamiento espasmódico.
- Mareo próximo al desmayo; desvanecimiento.
- Permanecer en el hogar por períodos prolongados.
- Dificultad para respirar, dolor en el tórax, palpitaciones, náuseas y vómitos.
- Entumecimiento, hormigueo, y asfixia cuando la persona está exaltada.
- Confusión o trastornos del pensamiento.
- Sentimiento de abandono o temor a estar solo.






