Alemania: cuatro científicos argentinos, en un prestigioso encuentro con premios Nobel

De izquierda a derecha: Silvestre Bongiovani, Noelia Fernández, Rodrigo Cortiñas y José Vedelago
De izquierda a derecha: Silvestre Bongiovani, Noelia Fernández, Rodrigo Cortiñas y José Vedelago Fuente: LA NACION
Martín De Ambrosio
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3 de julio de 2019  • 13:38

LINDAU, Alemania.- En 1951, las esquirlas de la guerra todavía dañaban a Alemania. Fue entonces cuando dos físicos, Franz Karl Hein y Gustave Parade, con el apoyo financiero del conde Lennart Bernardotte, decidieron que había que hacer algo para terminar con el aislamiento científico del país.

Se les ocurrió una conferencia con premios Nobel y científicos más jóvenes. Sesenta y nueve años después, las conferencias de Lindau -localidad de Baviera al pie de los Alpes, sobre el lago Constanza-, en las que decenas de premios Nobel se encuentran y conversan con cientos de jóvenes científicos de todo el mundo, se han transformado en uno de los clásicos del ciclo de reuniones científicas del verano europeo.

Este año hay cuatro jóvenes investigadores argentinos (tres físicos, un químico; dos con trabajo en Argentina, dos en Europa; todos sub 30), seleccionados para participar del foro, que incluye, además de las tradicionales charlas-exposiciones, intercambios más directos y menos protocolares, como caminatas con los Nóbeles, bailes improvisados en las cenas, un paseo en barco y hasta clases de yoga a las siete de la mañana. Además de las miles de selfies de rigor.

Una de las jóvenes argentinas, Noelia Fernández, incluso, tuvo la oportunidad de presentar un póster con su trabajo en láseres. "Es muy emocionante estar acá, por muchos motivos; sobre todo conocer y estar cerca de gente que marcó la historia de la ciencia", dice la egresada de la UBA, que desde septiembre de 2017 hace su doctorado en la Universidad Técnica de Munich en el uso de láseres para irradiar circuitos electrónicos de dimensiones mínimas (micrómetros).

Entre lo que pudo ver al comienzo de la semana, Fernández quedó impresionada por la calidad de la exposición de Donna Strickland -que abrió la primera jornada, el lunes a la mañana-, quien es (apenas) la tercera mujer en la historia en obtener el Nobel de física, en 2018, por su trabajo precisamente con láseres.

"Lo que me entusiasma es la posibilidad de romper los límites. Recién escuché a Stefan Hell (Nobel de física de 2014) que contó que él creció escuchando que había un límite de la física que no se podía romper, pero no le importó y ya lo hizo cien veces", dice por su parte Rodrigo Cortiñas, que también hace su doctorado tras pasar por la UBA, pero en el Collège de France, en París, justamente en el grupo de uno de los Nobel que están aquí: Serge Haroche.

Cortiñas trabaja en mecánica cuántica, específicamente en simuladores cuánticos. La idea de romper con los límites de las contradicciones cuánticas ronda su cabeza, aunque le digan que eso no es precisamente científico. "Se nota que yo quería estudiar filosofía, pero acá estoy", se ríe.

José Vedelago trabaja en el grupo de física médica de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación de la Universidad de Córdoba (FAMAF-UNC), donde desarrolla sistemas para el control de calidad de tratamientos de radioterapia para el cáncer. "Ya hablé con los Nobeles Duncan Haldane, con Martin Hellman y Donna Strickland; el jueves tengo un almuerzo con Gerard Mourou, con él me gustaría hablar acerca de la generación de partículas para terapias", dice Vedelago, que eligió ser hospedado por una familia local y no en un hotel para intensificar el intercambio.

Silvestre Bongiovanni Abel, el químico del grupo de argentinos, también es originario de Córdoba, pero ahora trabaja en el Instituto de Investigación en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA-Conicet) de Mar del Plata, en polímeros biomédicos para regenerar -eventualmente- tejidos. "Me siento muy afortunado de haber sido seleccionado y estar entre esta gente tan importante, porque se pueden crear contactos para futuras colaboraciones internacionales", dice Bongiovanni Abel.

Agrega que lo que más le interesa es hablar con el premio Nobel ruso Konstantin Novoselov, que trabajó en el grafeno (un compuesto de carbón con múltiples funciones y posibilidades tecnológicas), y con quién compartirá un desayuno durante la semana de Lindau. "La parte técnica se puede encontrar en la bibliografía, pero me interesa saber cómo piensan, si son conscientes de que lo que hacen puede cambiar en algún sentido a la humanidad, lo que no se puede percibir de otro modo que interactuando así", dice Bongiovanni Abel.

Además de los argentinos, hay casi seiscientos jóvenes de otros 88 países que fueron llamados en el acto inaugural del domingo 30 a "tener un rol activo en el desarrollo de las sociedades". Algo que sin dudas harán, se lo propongan deliberadamente o no. "Hay una multitud de problemas ahí afuera que esperan por las nuevas generaciones", dijo asimismo el Nobel Brian Schmidt. "¿Dónde más pueden los jóvenes estar rodeados con tantos premios Nobel? Es algo que sólo Lindau puede ofrecer", se enorgullece la Ministra alemana de educación e investigación, Anja Karliczek. Afirmación por ahora de difícil refutación.

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