
Desciende el promedio de vida en las zonas más pobres del conurbano
Es lo que indica el análisis de los datos que ofrecen los registros de defunciones librados en hospitales
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Un axioma difundido entre los sanitaristas asegura que la pobreza es la madre de todas las enfermedades . Con sombría precisión, dos estudios realizados por la sociedad civil Estudios y Trabajos de Investigación Comunitarios Argentinos (Etica) lo ilustran ahora en los partidos que integran la zona más castigada del conurbano bonaerense: allí, de la mano de la pauperización, en la última década aumentaron las muertes por infecciones y -a contramano de la tendencia general- se registra un descenso del promedio de años vividos de un 2,52% en los hombres y un 7,30% en las mujeres.
Los trabajos se realizaron a partir de un minucioso análisis de la información contenida en los certificados de defunción librados por hospitales públicos (cuyo diagnóstico, al ser institucionalizado, tiene un valor más significativo) correspondientes a los partidos de la zona conocida como GBA4 (Florencio Varela, Esteban Echeverría, Merlo, Moreno, General Sarmiento, Matanza 2, San Fernando y Tigre), y ponen de manifiesto los estrechos lazos que unen a la economía y la salud de la población, cuyo deterioro es, sin duda, una de las consecuencias más dolorosas del actual mapa macroeconómico local.
El conurbano bonaerense es un conglomerado urbano en el que vive cerca del 70% de la población de la provincia y 40 de cada 100 argentinos. En la zona estudiada, acompañando elevadas tasas de desempleo o empleo precario, los indicadores de pobreza e indigencia registraron un aumento palpable seguido de cerca por el deterioro de la calidad de vida.
"Estas características sociales siempre se han relacionado con mortalidad por patologías infecciosas", afirma el doctor Jorge Annibaldi, miembro de la Sociedad Científica Argentina y presidente de Etica.
Partiendo de una base de datos con 22.492 registros (que incluyen 12 variables cada uno), en el trabajo sobre muertes por infecciones se analizan 6366 casos. Entre ellos, los decesos por esta causa crecieron desde alrededor de un 11% del total, en 1992, hasta un 17,5%, en 2000.
"La tendencia es marcadamente ascendente -dice Annibaldi-. Incluso, hay un máximo en 1998, cuando las muertes hospitalarias por patologías infecciosas llegaron a representar el 19,4% del total de ese año. Esto significa que las infecciones como causa de muerte hospitalaria crecen tanto en hombres como en mujeres, aunque algunas se relacionan con determinado sexo; por ejemplo, las asociadas con abortos o partos."
Indicadores preocupantes
Otro de los datos preocupantes que arrojan los estudios es el que surge del análisis de las estadísticas por grupos de edad. Allí se observa que el mayor aumento se registra entre los menores de 60; es decir, entre personas que en la actualidad pueden considerarse jóvenes.
"La división por grandes grupos de edad no sólo muestra quiénes son más o menos vulnerables o más o menos afectados -explica Annibaldi, que también es profesor de la Escuela de Salud Pública de la UBA-, sino que también permite relacionar aspectos sociales con los estrictamente médicos. Las defunciones en los hospitales públicos alcanzan, en los años estudiados, a un promedio del 30% de las defunciones totales. Esto revela que un importante sector de la sociedad no tiene adecuada asistencia, porque las patologías relacionadas con infecciones suelen indicar falta de prevención y déficit sanitario."
Según el investigador, entre los factores que pueden incidir en estos indicadores figuran la consulta tardía, la falta de recursos del sistema de salud, la existencia de bacterias resistentes a los antibióticos y la mala calidad del medicamento hospitalario.
"Los avances registrados en investigaciones ultrasofisticadas son importantísimos -reflexiona-. Por ejemplo, el conocimiento del genoma humano producirá múltiples beneficios en el tratamiento de numerosas enfermedades, pero los estudios epidemiológicos más sencillos son los que brindan un panorama general y claro del estado de salud y social de una población."
Un escenario complejo
La comparación de los promedios d edad al fallecer, agrupados según el lugar donde ocurre el deceso y por grupos etarios relativos, también enciende luces de alarma: entre las mujeres que fallecieron en clínicas, esta cifra descendió de 75,2 años, en 1992, a 71,3, una década más tarde; y entre las que murieron en su casa, de 74,1 a 68,8.
En los hombres, los fallecimientos en el domicilio registraron un descenso en el promedio de edad que va desde 66,5 a 62,7. En 2001, esta cifra era de 60 años para los que morían en hospitales y de 71,7 para los que lo hacían en clínicas. Casi doce años de vida de diferencia.
Para Annibaldi, el escenario social es complejo, e incide directamente en la salud de las personas. "Entre 1914 y 1947, el crecimiento del promedio de vida en la Argentina fue espectacular: 20 años. La vida media aquí era similar a la de Alemania. Podíamos considerarnos del Primer Mundo -afirma-. Ahora, mucha gente muere en el trabajo porque no quiere faltar, aunque esté enferma. En nuestra zona de estudio creció la mortalidad joven en la mujer, por la reaparición de los tumores de cuello de útero y de mama, atribuíbles a que no se cumple con la prevención. Y en el hombre crecieron la violencia y los accidentes."
Y agrega: "Los datos obtenidos confirman que pobreza, exclusión social y patologías infecciosas van de la mano aún en el siglo XXI, a pesar de los grandes adelantos científicos y tecnológicos".
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