
Dolly, la primera oveja clonada, sufre artritis y preocupa a los científicos
Esto aporta evidencias de que los animales clonados envejecen prematuramente
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Dolly, la primera oveja creada mediante técnicas de clonación, parece ser bastante coqueta, pues se quita años como lo hacen muchas mujeres a partir de los cuarenta. Aunque todos sus documentos dicen que nació hace poco más de cinco años en el Instituto Roslin de Edimburgo, Escocia, muchos afirman que en realidad Dolly tiene once años. Sucede que ésa es la edad de sus genes.
Esta oveja ha cobrado fama mundial por ser, a diferencia de la abrumadora mayoría de sus congéneres, el fruto de la fusión de un óvulo ovino con el núcleo de una célula de una oveja de seis años. Desde aquel entonces, algunos científicos sugieren que los animales clonados nacen con la edad del ejemplar que ha donado el núcleo celular; en otras palabras, los expertos sostienen que Dolly nació con seis años de edad.
Ayer, el profesor Ian Wilmut, del Instituto Roslin, reavivó este debate. El "padre" de la joven Dolly reveló que ésta padece de artritis en su pata trasera izquierda, una enfermedad muy poco frecuente en ovejas, pero que es menos frecuente aún en ejemplares de tan sólo cinco años de edad. Para algunos, ésta es la confirmación de que los animales clonados tienen la edad de sus genes; para otros, la temprana afección de Dolly plantea la posibilidad de que la clonación haya deslizado algún defecto genético en el ADN de la oveja.
"Este hecho es una pieza más en la evidencia de que, por desgracia, los procedimientos actuales de clonación son ineficientes -dijo ayer el profesor Wilmut en una conferencia de prensa-. Sabemos por investigaciones previas que sólo una pequeña proporción de los embriones que producimos por clonación se desarrollan para producir seres vivos; desafortundamente, parece que uno de los otros resultados de este procedimiento será que algunos de los animales clonados serán más vulnerables a algunos padecimientos."
A pesar de confesarse "muy desilusionado" por la condición de Dolly, Wilmut afirmó que es necesario continuar con las investigaciones en materia de clonación: "Es una tecnología que ofrece enormes promesas para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, pero necesitamos un poco de cautela".
En ese sentido, el investigador instó a las compañías biotecnológicas y a los laboratorios de investigación que trabajan en este floreciente campo de estudio a producir y compartir información sobre la salud de los animales obtenidos por clonación.
El curso natural de los años
"La artritis no es una afección frecuente en las ovejas -dijo a LA NACION el doctor Leonardo Sepiurka, profesor de la Universidad de Tandil que ha estudiado cómo afecta esta enfermedad a los animales-. En el caso de Dolly, no es ilógico pensar que ésta se haya producido por algún problema inmunológico probablemente relacionado con el empleo de las técnicas de clonación."
Por otro lado, comentó este veterinario, "la oveja que donó los genes (el núcleo celular) de Dolly era una oveja adulta, de seis años, y estos genes siguen el curso natural de los años: envejecen".
Y es este envejecer de los genes, ya no en el animal donante sino ahora en el animal clonado, el que favorece la aparición de enfermedades asociadas con la edad; en este caso la artritis, aunque también podría ser el cáncer en alguna de sus formas, por ejemplo.
Puesto en otros términos: la clonación favorecería el envejecimiento prematuro.
Y esto ha disgustado a miembros de asociaciones de activistas en favor de los derechos de los animales. Sarah Kite, de la Unión Británica para la Abolición de la Vivisección, dijo ayer que "al parecer los científicos piensan que pueden combinar y aparear genes en una forma controlada, pero en verdad este control es tan sólo una ilusión".






