
El arte como terapia para las psicosis
Ayuda a disminuir las alucinaciones
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Grandes artistas como Vincent Van Gogh y James Joyce la padecieron, y hasta Alfred Hitchcock le dedicó una película en los años 60: la psicosis.
Ideas extrañas, voces que comentan lo que hacemos sin poder controlarlas o palabras inexistentes que se cuelan sin permiso en nuestro discurso son los síntomas de una convivencia en la mente que empuja al aislamiento social de quien padece la enfermedad. Y actividades tan cotidianas como pintar, dibujar, escribir, cocinar o coser están demostrando en la Argentina que disminuyen el delirio y las alucinaciones psicóticas.
"Lo importante es reducir los síntomas y sacar a los pacientes del delirio", señaló a LA NACION la licenciada Carmen Kenning, directora de la Residencia Anclaje.
Allí, todos los días se reúnen psicóticos de distintas edades para compartir talleres de cocina, costura, jardinería, computación, música, dibujo y expresión corporal. "Los ayudamos a crear un lazo social con la realidad que la enfermedad les hace abandonar", explicó Kenning.
Con la expresión corporal, aprenden a manejar su cuerpo y a sentirlo. "En ellos hay una vivencia despedazada del propio cuerpo como, por ejemplo, que los brazos vuelan", agregó. Otra función de la actividad física, según Kenning, es reducir la rigidez que a veces produce la medicación.
En el caso de los talleres artísticos, en cambio, el objetivo es "anclar a los alumnos a la realidad" mediante una actividad práctica que también les permite una salida laboral. Y es que los alumnos de Anclaje exponen y venden almohadones bordados, espejos decorados, cuadros, cerámicas, galletitas y plantas, entre muchas otras, en La Tiendita, un espacio a la entrada de la institución y que los alumnos aprendieron a administrar.
"No es labor-terapia sino que los alumnos trabajan para vender todo lo que hacen", explicó la directora.
Mientras tanto, en el taller de pintura y cerámica de la planta baja y que da a La Tiendita, la profesora de arte Beatriz Corvera alentaba a Paula, de 38 años, y a Viviana, de 42, a pintar respetando sus estilos.
Paula, que prefiere el puntillismo para terminar el fondo de su dibujo, comenta que concurre al taller de pintura desde hace tres años. Orgullosa, recita de memoria en latín nombres de las plantas que aprendió en las clases de jardinería.
"No sé qué va a salir de esto", dice Viviana mientras señala con el pincel su pintura en la que se mezcla el naranja y el violeta en figuras amorfas.
"Este taller de arte es como cualquier otro -aseguró Corvera-. La única diferencia es que busco que mis alumnos construyan su propia imagen para traerlos a la realidad."






