
El mensaje de las estrellas
A principios de 1609, Galileo Galilei -que por esos días tenía 45 años y tres hijos pequeños- recibe una carta que le confirma el insistente rumor de que un año antes se había fabricado en Holanda un instrumento que permitía mejorar notablemente la visión de objetos distantes.
Ese mismo año, y basándose apenas en descripciones imprecisas, el sabio renacentista, considerado el padre de la ciencia moderna, construye un telescopio de tres aumentos y más tarde, otros de hasta 32 aumentos.
Al contrario del telescopio holandés, el de Galileo no deforma los objetos. De modo que tras una demostración ante el Senado de Venecia (para, de paso, aprovechar sus aplicaciones comerciales y militares), en noviembre lo enfoca hacia el cielo.
Los descubrimientos que realizaría en los meses siguientes pondrían en tela de juicio muchas de las nociones aceptadas en la época; entre ellas, la de que la Tierra ocupa un lugar central en el universo.
Alcanza a divisar montañas y cráteres en la Luna; descubre cuatro cuerpos que orbitan en torno de Júpiter; se forja una nueva imagen de la naturaleza de la Vía Láctea; se sorprende ante las fases de Venus; observa confundido los anillos de Saturno, y estudia las manchas solares.
Ansioso por darlos a conocer, vuelca los resultados de esas observaciones en un breve texto que se publica en marzo de 1610 y no tarda en hacerlo célebre -el Sidereus Nuncius , "mensajero de las estrellas"-, aunque no por eso le ahorra ataques de sus adversarios.
Cuatrocientos años más tarde, más de cien países -entre ellos la Argentina ( www.astronomia2009.org.ar )- festejarán en 2009 el Año Internacional de la Astronomía, una celebración global que recordará el aniversario de esa ocasión en que Galileo volvió su telescopio hacia los cielos.
Se calcula que por cada astrónomo profesional hay 20 amateurs, pero la Unión Astronómica Internacional se puso en esta ocasión un objetivo aún más ambicioso: quiere que 10.000.000 de personas sientan en carne propia la fascinante experiencia del descubrimiento, tal como Galileo cuando comenzó a vislumbrar las maravillas del cosmos.
Las actividades que integran este enorme programa, que se desarrollará bajo el lema "El universo, para descubrirlo", intentan estimular en todo el mundo y especialmente entre la gente joven el interés en la ciencia y en la astronomía.
Una de ellas será "Las 100 horas de la astronomía", con transmisiones por Internet, observaciones de día y de noche e iniciativas como conectar todos los observatorios terrestres. Otra, "Cielos Oscuros", que propone reducir controladamente la iluminación de las ciudades para que una suerte de "ola de oscuridad" se desplace por el globo y ayude a crear conciencia sobre esa riqueza cultural majestuosa, aunque a veces olvidada, que son las noches estrelladas.
La propuesta no podría ser más fascinante: sencillamente, escuchar el mensaje de los astros...







