
En todos lados se cuecen habas
¿Quién hubiera imaginado, hace algunas semanas -mientras se presentaban los logros de cinco mujeres científicas en los centenarios salones del Institut de France (que agrupa cinco academias, algunas de ellas creadas hace más de trescientos años)-, que ¡dos mil! directores de institutos de investigación franceses estaban renunciando a sus cargos en señal de protesta por los insuficientes recursos que el Estado destina a la investigación?
Este inesperado "marzo francés" no sólo tomó por sorpresa a quienes descontaban la tradicional atención que en Francia se dedica a la ciencia y la cultura, sino que iluminó la competencia sin descanso que domina la ciencia mundial.
Un grupo formado por dos premios Nobel (François Jacob y Jean-Marie Lehn), el director del Instituto Pasteur (Philippe Kourilsky) y el matemático y medalla Fields Pierre-Louis Lions dio a conocer un documento en el que se enumeran algunas soluciones para salir de la crisis: acercamiento de las universidades y los organismos de investigación, transformación del Ministerio de Ciencia en una instancia de función estratégica dentro de la órbita del primer ministro, mejoramiento de los dispositivos de evaluación y de promoción al mérito, entre otras.
Casi al mismo tiempo, la revista dominical del diario El País, de España, dedicaba un extenso artículo a la ciencia española en el que 18 de los más destacados investigadores de ese país analizaban cuáles son las materias pendientes.
"Más financiación, mucha más, pero planificada, con auditorías a cargo de científicos del máximo nivel internacional que indiquen qué áreas desarrollar y qué congelar", opinó Belén Gavela, física teórica de la Universidad Autónoma de Madrid.
Juan Carlos Izpisúa Belmonte, director del laboratorio de células madre del Instituto Salk, de La Jolla, California, estimó que a la ciencia española "le sobra burocracia, nepotismo y endogamia. Le falta, por supuesto, dinero, tanto público como privado".
"Debemos apostar por la juventud, porque en la cantera está el futuro -dijo Valentín Fuster, hoy director de los Institutos Cardiovasculares del Hospital Mount Sinai de Nueva York-. Y vincular muy estrechamente la investigación básica con la clínica y aplicada. No se trata de crear edificios, sino redes de investigadores."
En ambos países hay descontento, a pesar de que Francia invierte el 2,2% de su PBI en ciencia, y España, el 1,03% (claro que Suecia supera el 4% y Finlandia, el 3,4%).
Frente a los hechos -por un lado, nuestra modesta inversión inferior al 0,5% del PBI y, por el otro, el brillante capital intelectual de nuestros científicos de todas las edades, que trabajan tanto en el país como en el exterior- sólo nos quedan dos opciones: ser pesimistas u optimistas.
Demás está decir cuál es la opción que eligirían los que vendrán después de nosotros...







