
Evaluación psicológica, un factor clave para el éxito del trasplante
Permite despejar los miedos y las dudas que suscita esta compleja intervención
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Cuando pensamos en la donación de órganos, casi instantáneamente damos por supuesto que el órgano por trasplantar se obtendrá de una persona fallecida. Pero no en todos los casos es así.
En la Argentina, los trasplantes hepáticos y renales pueden realizarse a partir de un donante vivo relacionado con el receptor: un familiar de hasta segunda línea de vínculo -madre, padre, hijo y hermano; aunque con autorización judicial de por medio, también pueden donar los abuelos y personas no relacionadas-, siempre y cuando haya cumplido los 18 años de edad.
En estos casos, el equipo médico involucrado en el trasplante lleva adelante una evaluación clínica exhaustiva que abarca tanto al donante como al receptor; dicha evaluación contempla también los aspectos psicológicos, para asegurar que las dos partes involucradas en el trasplante reciban la ayuda que sea necesaria.
Susana Bayardo, psicóloga y miembro del Servicio de Psiquiatría y de los equipos que integran los Programas de Trasplante del Hospital Italiano de Buenos Aires, es quien nos refiere dicha tarea en esa Institución.
"Primero entrevistamos a los pacientes y luego a los donantes -cuenta Bayardo-. Buscamos indagar cómo fue que el donante tomó la decisión, cuáles son sus motivaciones y cuánto ha comprendido la información recibida de boca del equipo médico acerca de los procedimientos de la operación. Nos cercioramos y lo ayudamos en su comprensión, de modo que pueda cumplir con las indicaciones y cuidados médicos que requiere este delicado proceso.
"También nos ocupamos de que el donante organice con antelación los cambios que tendrá su rutina en pos de la cirugía; como organizar la licencia en su trabajo, por ejemplo. Además, entrevistamos al resto de la familia, ya que también es importante conocer sus opiniones", aclara la especialista.
Cuando se da el caso de un donante vivo relacionado, toda la familia está comprometida, por eso es importante conocer el contexto familiar tendiendo a que todos compartan y se comprometan con la decisión.
Un acto voluntario
"Lo primordial -asegura Bayardo-, es que en todos los casos sea un acto voluntario y totalmente libre. Lo habitual es esto e incluso muchas veces se ofrece más de un familiar. Es lógico que ante la operación surjan miedos o dudas, pero los ayudamos a esclarecerlos y superarlos antes de la intervención."
En general, el mayor temor que experimentan los donantes se relaciona con su familiar enfermo: "les preocupa que pueda agravarse y temen a veces no poder ser aptos para ayudarlo. Es un acto fundado en la corriente de afecto que los une."
"Nuestro trabajo es, en parte, controlar que esto no entorpezca el conocer su propia situación, voluntad y posibilidades. Para esto es clave la evaluación psicológica. El objetivo es que las dos personas estén adecuadamente preparadas, tanto donante como receptor."
"En los raros casos en que los donantes dudan de su decisión, es sumamente importante continuar con las entrevistas psicológicas. Ante la menor duda que manifiesten en relación con la donación, se les propone una mayor reflexión sobre el tema, colaborando con todos los elementos de información que puedan ser de utilidad para tomar una decisión consciente y adecuada. Sin la total certeza, no se realiza el trasplante", afirma la profesional.
La evaluación psicológica del paciente que espera el órgano es igualmente importante. "Tiene que aceptar que el familiar le done, por lo que la decisión debe ser compartida entre ambos. Además, el receptor debe comprender cuáles son los beneficios del trasplante, así como el hecho de que deberá encarar cambios de hábitos, tomar rigurosamente la medicación, cumplir con los controles médicos y asumir con responsabilidad las implicancias de este acto."
Acompañamiento
Lo más común es que, luego de la operación, la situación del donante y del receptor cambie. Con el trasplante consumado, disminuyen notoriamente las preocupaciones y las ansiedades experimentadas durante el preoperatorio.
"El donante se siente complacido por la posibilidad de que su ser querido se pueda recuperar, mientras que el trasplantado comienza una nueva etapa: su vida cambió, aunque deberá cuidarse para conservar el órgano. En ocasiones, se realizan entrevistas con los dos, en las que suelen explicitarse corrientes de afecto genuinas y situaciones muy emotivas", concluye Bayardo.






