
La corona solar revela sus secretos
Localizaron dónde se originan las infernales temperaturas de nuestra estrella doméstica
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Debe haber pocos espectáculos tan deslumbrantes como la corona solar vista durante un eclipse. Pero ese halo infernalmente caliente que sobresale por sobre la esfera oscura del sol (cuando está totalmente cubierta por la luna), con arcos de gas supercaliente alzándose a velocidades meteóricas muy alto por sobre la superficie de la estrella, fue siempre una incógnita para la ciencia. Entre otras cosas, por una extraña propiedad: el sol es más frío en la superficie, más cercana al núcleo, que en la corona, que se extiende hacia el exterior a 300.000 kilómetros de distancia.
Ahora, imágenes de una nitidez sin precedentes -más los datos que el satélite Transition Region and Coronal Explorer (Trace, Explorador de la región de transición y de la corona) de la NASA, viene transmitiendo desde hace aproximadamente dos años- podrían aportar nuevas claves a este antiguo misterio astronómico y están ayudando a corregir las hipótesis vigentes.
Ayer, la agencia espacial norteamericana dio a conocer una serie de esas imágenes de luz ultravioleta y anticipó los resultados de un trabajo de investigación que se publicará en el Astrophysical Journal el próximo 10 de octubre: el calor provendría de la base de los arcos.
Según informan sus investigadores, los datos recogidos demuestran que -al contrario de lo que se creía-, los arcos magnéticos que conforman la corona solar no tienen una temperatura ni una estructura uniforme, ya que están formados, a su vez, por arcos más finos, unos más calientes que otros.
"En la corona, los campos magnéticos dominan sobre la materia -explica la doctora Marta Rovira, presidenta de la Asociación Argentina de Astronomía-. Esta está confinada dentro de arcos magnéticos, que podrían imaginarse como una especie de tubos ."
El primer paso
El satélite Trace fue lanzado en 1998 a bordo de un vehículo Pegasus, desde la Base Aérea Vandenberg. Su misión: permitir observaciones conjuntas con el satélite SOHO durante la fase de mayor actividad del ciclo solar.
De acuerdo con informaciones de la NASA, la nave explora las estructuras magnéticas tridimensionales que emergen a través de la superficie visible del sol, y define tanto la geometría, como la dinámica de la atmósfera solar superior. También registra la relación que existe entre los campos magnéticos solares y el calor de la corona.
Las fotos tomadas por el satélite (como la que se observa en esta página) permiten apreciar los arcos magnéticos que retornan a la superficie solar, con gas ardiendo a entre uno y dos millones de grados de temperatura. Sobre la base se aprecia la misteriosa fuente de energía que mantiene a la corona solar increíblemente caliente.
"En los años setenta -contó el astrofísico Marcus Aschwanden, principal autor del estudio, durante un diálogo telefónico con La Nación -, se pensaba que los arcos magnéticos de la corona solar eran estructuras estáticas mantenidas por la presión interior del gas. Las antiguas teorías también consideraban que tenían una temperatura uniforme. Pero nosotros descubrimos que la fuente de ese calor se encuentra sólo en los 10.000 kilómetros inferiores. ¿Por qué? Aún no podemos contestarlo."
Para llegar a esa conclusión, los científicos midieron la densidad y la temperatura de los arcos en toda su extensión. "Son larguísimos -exclamó Aschwanden-, de varios cientos de miles de kilómetros. Así pudimos determinar en qué lugares estaban más calientes y dónde más fríos. Lo hicimos calculando dónde debían estar más calientes para irradiar de la manera en que lo hacen."
Las fotos tomadas por Trace muestran que los arcos no son uniformes, sino que están compuestos de cúmulos de estructuras filamentosas, del mismo modo en que los músculos están formados por fibras individuales que se llenan y se vacían tan rápidamente que el gas que se encuentra dentro de ellas debe moverse a velocidades que alcanzan los 100 kilómetros por segundo.
"Estamos empezando a descubrir un enigma que nos preocupa desde hace más de 70 años -dijo Aschwanden-. Porque antes de poder explicar por qué se produce el calor, teníamos que descubrir dónde se producía."
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