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Por sus cuadros, descubren que Goya sufría de depresión

Hallazgo de un investigador español
Fabiola Czubaj
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15 de noviembre de 2003  

Una investigación realizada por un psiquiatra español revela el motivo de los cambios en la obra de Goya: la depresión. A este diagnóstico llega el profesor Francisco Alonso-Fernández luego de haber ahondado entre 1990 y 1995 en la vida del genial artista a través de sus cartas y sus trazos.

"Es la mutación hecha arte", deduce el especialista, convencido de su hallazgo, frente a las láminas que utilizó para presentar los resultados de su investigación en nuestro país.

La curiosidad distingue a este catedrático emérito de psiquiatría y psicología médica de la Universidad Complutense de Madrid, además de director del Instituto de Psiquiatras de Lengua Española, entre otros títulos.

"La pintura de Goya es atormentada y, por eso, depresiva, ya que se caracteriza por el tema de catástrofes, los colores negros, ocres y rojos que simbolizan violencia, la desorganización sin perspectiva y las figuras humanas desfiguradas", describe.

Orgulloso del diagnóstico logrado, explica: "Hoy, los médicos tratamos de que el enfermo depresivo se recupere antes de que su tormento llegue al máximo, como llegó en Goya... Su timón era la propia enfermedad depresiva".

La transformación en las obras de Francisco Goya y Lucientes (1746-1828) lo sorprendió desde chico. Alonso-Fernández denominó ese proceso el enigma Goya. "Cuando empiezo a investigar, descubro que ha tenido factores de personalidad y trastornos psíquicos que explican por qué no tuvo jamás un estilo definido", señala.

La investigación, detallada en "El enigma Goya" (Fondo de Cultura Económica, 1999), describe a un artista que "se deja dominar por los demás porque tiene malos maestros y pinta a gusto de los otros -dice Alonso-Fernández-. Aunque también cede para construir una imagen y lograr un lugar en la vida..." Eso, para el psiquiatra, es una señal de inseguridad.

Episodios cíclicos

En la primera etapa, Goya pinta como en Quitasol (1777). "Son pinturas muy barrocas, con luz, muy complicadas, en las que pone a los personajes en un mundo feliz -dice-. En Goya, la depresión tiene su reloj propio."

A partir de los 30 años, Goya tiene episodios depresivos ligeros cada tres años, según un análisis psiquiátrico de las cartas que le escribe a su amigo Martín Zapater. "Se ve que la depresión era endógena o hereditaria, cíclica y relativamente independiente de las circunstancias -explica-. La prueba es en que cuando a los 42 años tiene la quinta crisis depresiva, que es la más fuerte de todas, Goya ya había triunfado."

Pero es la cuarta crisis la que desata el proceso de transformaciones que se suceden en el arte de Goya. De las pinturas coloridas, iluminadas e "infantiles" que pintaba hasta ese momento pasa a la oscuridad de San Francisco de Borja asiste a un moribundo impenitente (1788). "Es una imagen tétrica, con gotas de sangre que caen del crucifijo de San Francisco y monstruos que quieren llevarse al moribundo... Es un anticipo de su pintura negra", explica Alonso-Fernández.

A los 45 años, Goya sufre la quinta depresión y viaja a Sevilla sin la autorización de Carlos IV, que lo había designado pintor de cámara del rey. El motivo de la crisis, para el psiquiatra, es esa nueva responsabilidad: "La fortuna puede inducir a estados depresivos porque impone nuevas obligaciones que llevan a una persona a un cuadro depresivo".

Un año y medio más tarde, Goya retoma su trabajo con pinturas que Alonso-Fernández denomina "de las catástrofes" y define como "pintura tenebrosa temática". Es el caso de El naufragio (1793-1794), una de siete pinturas que reflejan "todo lo peor que le puede pasar a una persona".

¿Por qué? "Porque cuando una enfermedad grave origina grandes sufrimientos la persona se transforma porque el sufrimiento pasa... lo que queda es haber tenido el sufrimiento."

Entre 1795 y 1800, Goya hace la primera serie de grabados propia y original, que son los Caprichos. En esa etapa, tiene un episodio hipertímico, en el que alterna depresión con excitación psicomotriz. En 1819, Goya repite un ciclo bipolar y comienza con la pintura negra, como Dos viejos comiendo sopa (1821), que representa la muerte, con rostros zoomorfos.

Los últimos seis años de su vida, en los que logra salir de su pintura negra, Goya los pasa en Burdeos. "Lo describen inquieto como nunca y más prolífico", dice. Ejemplo de ello es La lechera de Burdeos (1825-1827). "El depresivo tiene un mundo tan negro que lo transporta a sus vivencias y se siente aliviado, porque una persona que se expresa hace catarsis", concluye.

Creatividad a pesar del tormento

"La depresión no anula de por sí la creatividad, sino que puede transformarla según en quién incida", asegura Francisco Alonso-Fernández, que también atribuye a la literatura inglesa especializada la mención de una correlación entre la genialidad y la depresión-manía, que coincide con la personalidad ciclotímica.

"Esos rasgos facilitan la eclosión de la genialidad porque hacen que la persona sintonice con el exterior, sea observadora y luchadora -agrega-. La depresión es más fuerte que la personalidad y las circunstancias; hay una rotura parcial con la biografía."

Por eso, se recomienda que las personas deprimidas no tomen decisiones. "El terapeuta debe evitar que se tomen decisiones importantes relacionadas con los bienes, el trabajo, la pareja e incluso la muerte."

Para demostrar que la depresión no anula la creatividad, Alonso-Fernández creó en 1985 un modelo de estudio de cuatro dimensiones: el estado de ánimo, que es el sufrimiento; la anergia, o falta de impulsos; la discomunicación, la incapacidad de sintonizar con el ambiente, y la ritmopatía, que es la desregulación de los ritmos. "Si una persona tiene anergia y discomunicación, no puede pintar porque queda bloqueada; pero si tiene ánimo depresivo, sin anergia o discomunicación, puede seguir pintando."

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