
Qué son las chimeneas oceánicas
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En octubre de 1999, el capitán Alfred McLaren lideró una expedición a las chimeneas hidrotermales Rainbow Vents, a 400 kilómetros de las islas Azores, a bordo del submarino Mir.
McLaren fue invitado por el capítulo argentino del Explorers Club (entidad que agrupa a unos 3000 miembros en todo el mundo y de la cual el mismo McLaren es presidente emérito) para ofrecer una charla con fotos y material fílmico sobre la expedición. "La primera vez que se encontró una chimenea, en el Pacífico, fue en 1977 -explica el capitán-. Hubo unas 25 expediciones luego, principalmente en ese océano y también en el Atlántico."
Una chimenea hidrotermal (también llamada fumarola ) se forma a partir de una pequeña fractura en el lecho oceánico, que suele tener menos de un centímetro de diámetro y se comunica con el magma de la Tierra.
"Pero son tantas la presión y la temperatura de los gases, ácidos y metales que salen -afirma- que el agujero se va abriendo. La temperatura a esa profundidad oscila entre los tres y cuatro grados, pero en la chimenea llega a los 300 o más. La vida, en torno de ésta, sólo puede desarrollarse del lado frío. Los animales y microorganismos que viven allí son ciegos y poseen sensores para evitar ir del lado caliente. Hemos visto camarones que de golpe se pasan del otro lado y mueren automáticamente, incendiados."
Llegar al fondo del océano a bordo del pequeño submarino y acercarse a un metro de estas chimeneas es una empresa peligrosa. "Hay que bajar en círculo -explica McLaren-, cuidando no tener ninguna atrás o al costado."
Como en el lecho del océano no llega la luz las bacterias elaboran por quimiosíntesis alimento a partir del azufre de agua. Esa modalidad no cambia, pero según dónde esté la chimenea hay distintas especies y microorganismos, formas totalmente desconocidas de vida: gusanos de un metro de largo, enormes mejillones o corales rosa, que se hallan cerca de la superficie del mar, nunca a tanta profundidad.






