
Se recupera del 70 al 90% de los pacientes en terapia intensiva
La mortalidad más baja se registra en las unidades destinadas a enfermos cardíacos
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-¿Viste qué linda enfermera me pusieron?, le susurra Adolfo a su sobrina, en ese momento su cómplice más próxima.
-Aproveche ahora, que cuando vuelva a su casa no lo mimarán tanto..., responde Lía sin evitar sonreír, junto a la cama de terapia intensiva, desde la que su tío permanece fiel a un genio imposible de corregir a cierta edad.
Como en el caso de Adolfo, y a diferencia de lo que en general se piensa, la mayoría de los pacientes que ingresan en terapia intensiva -actualmente, el 20% de las internaciones- se recuperan de su condición. Es más, 9 de cada 10 enfermos cardíacos -los más vulnerables-, logran retomar sus actividades y hasta con una mejor calidad de vida.
"La recuperación depende del tipo de terapia intensiva, ya que no es lo mismo un paciente neurológico que un cardíaco, y de la edad de los pacientes que trata: en las terapias intensivas generales, la mortalidad va de un 10 hasta un 30%, en los mayores de 80 años. En los pacientes coronarios, la mortalidad está casi por debajo del 10 por ciento", explicó a LA NACION el doctor Roberto Reussi, director de la carrera de Médico Especialista en Terapia Intensiva de la Universidad de Salvador y autor de una obra que desc ribe el ámbito que rodea al paciente crítico, "La vida en terapia intensiva" (Fundación Reussi, 2004).
Desde ambos puntos de vista, el académico y el artístico, el especialista y un grupo de colegas intentan cambiar la percepción local de lo que hoy es una unidad de terapia intensiva. Apuestan también a mejorar la práctica profesional y la interacción de médicos, pacientes y familiares. "En terapia hay vida y la persona llega para tratar de recuperar la salud perdida -insistió Reussi, desde sus 32 años como intensivista-. Claro que ese proceso lleva un sufrimiento y no es 100% exitoso en todos los casos."
Es por esto que la tendencia es humanizar la atención más que en cualquier otra área de la medicina. En los últimos años, el desarrollo de nuevas técnicas, tratamientos y equipos hizo que la terapia intensiva dejara de ser un lugar del que los pacientes se lleven malos recuerdos.
"Según las técnicas modernas, no tiene que haber horario para las visitas, siempre y cuando no se perturbe el trabajo médico, el paciente debe poder escuchar música y la cama debe ser cómoda -agregó-. Hay que erradicar la idea de que es un lugar para sufrir y la sala debe estar armada de manera tal que la estada sea lo menos cruenta; en definitiva, que el enfermo esté bien."
La familia, también enferma
El trato con los familiares es también una cuestión delicada según este enfoque. La premisa por tener en cuenta es que "el familiar está enfermo como el paciente".
Por lo tanto, el trato debe ser franco, abierto y hay que dejarlos preguntar y dar respuestas con palabras simples. "Las palabras técnicas terminan por no decir nada", recomendó Reussi.
En general, las opiniones del grupo familiar suelen estar a favor y en contra de la atención que recibe el paciente. Es también muy común pensar que el equipo médico no hace lo suficiente.
"En este proceso, la familia también es parte de la enfermedad y hay que darle lugar para que pregunte, porque cuando todos están de acuerdo con el equipo de salud, el paciente se beneficia", comentó Reussi.
Continuar o parar...
Uno de los desafíos que enfrentan los médicos intensivistas es el límite entre el hacer y el dejar de hacer; es la diferencia entre el paciente crítico y el terminal, para quien ya no hay una terapia razonable que lo cure.
"Es en esos pacientes en los que hay que pensar en dejar de hacer cosas para no prolongar innecesariamente la vida y el sufrimiento -reflexionó-. A veces, querer hacer significa sufrimiento para el paciente... Es mantenerlo vivo a pesar de que no tiene expectativas..."
¿Cómo saber, entonces, si la decisión es la correcta? "El sendero es muy angosto, pero la posibilidad de ver a los pacientes en conjunto y en equipo minimiza el temor a estar eligiendo mal", respondió antes de recordar que "antes, a los pacientes graves se los trataba como patologías, pero este nuevo enfoque intenta manejarlos como personas". Y esto incluye a los familiares, afirma.
Cuando la guardia termina y ya fuera del hospital, los testimonios que incluye el libro editado por la Fundación Reussi demuestran que el médico intensivista no deja de pensar en lo que pasó. "Allí se juega a diario con valores muy importantes: la vida está de por medio", concluyó el autor.





