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Identidad de género

Adolescencia trans: "Ser Martín fue una conquista personal y una lucha colectiva"

María Ayuso
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19 de septiembre de 2019  • 20:46

Una estrella fugaz. Un deseo. Martín tiene cinco años. Aprieta los ojos y repite en voz baja lo mismo que cada vez que sopla las velitas:

-Ser varón.

En ese entonces, a Martín no lo llamaban (ni trataban) como Martín. Tampoco era el nombre que aparecía en su DNI. Estaba por empezar la primaria, donde lo obligaban a usar una pollera que lo hacía sentir disfrazado. Su tía recordaría después que ya a los dos años lloraba cuando le querían poner un vestido. No jugaba con muñecas: le sacaba los autitos a sus dos hermanos mayores. Las nenas lo miraban raro. Siempre prefería estar con los varones.

"Mucha gente me pregunta: '¿Desde cuándo sos trans?'. La verdad es que desde siempre. Desde que tengo memoria me sentí incómodo con lo que se consideraba femenino. Después me fui informando y me di cuenta qué era lo que me pasaba", cuenta el adolescente, que hoy tiene 16 años y vive en San Miguel de Tucumán.

"Al principio comencé a usar ropa de varón a escondidas de mis padres. Me interpelaba constantemente respecto a la normalidad de mi identidad. Pero al mismo tiempo me preguntaba: '¿Qué es ser normal?, ¿encajar?'. Empecé un proceso de aceptación muy largo donde aprendí mucho".

La historia de Martín Caponio

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En octubre del año pasado, a los 15, le contó primero a uno de sus hermanos, después a su mamá y a su papá, que era un chico trans. Su familia entró en shock. El tren de lo desconocido acaba de pasarles por encima. "Les hablé de la distancia entre el género que me habían asignado al nacer y mi autopercepción. Al principio, no entendían nada: fue un largo peregrinar. Pero me acompañaron desde el primer momento", recuerda Martín. Y agrega: "Fue una liberación: no quería mentir ni esconderme más. Sentía mucha angustia, que no era sincero con mi familia, que no les estaba contando las cosas que me pasaban: siempre tuvimos una muy buena relación y me ponía mal fingir que estaba bien cuando no lo estaba".

Las primeras noches que le siguieron a la noticia, su mamá se las pasó sin dormir, buscando información en internet, llorando, llena de culpas. Por qué no se había dado cuenta antes. Cómo había podido dejar a su hijo sufrir. Qué tenía que hacer para acompañarlo. "Fue una experiencia muy distinta la que viví con ella y con mi papá. Con mi mamá, nos sentábamos a hablar más seriamente. Con mi papá, se daba más natural: los dos somos fanáticos de Atlético de Tucumán y cada vez que íbamos a la cancha hablábamos de eso. Algunas veces llorisqueábamos o nos abrazábamos, me preguntaba cómo estaba, cómo me sentía. Con los dos se dio de la mejor forma posible, pero el luto está", dice Martín.

El luto de la hija que pensaban que tenían. El nacimiento de Martín. "Yo tengo la idea de que el cambio no es solo tuyo sino de tu entorno. A pesar de que vos digas: 'Soy Martín', que te traten así lleva tiempo, y cuando lo logras es relindo. En mi casa, de a poco, fue desapareciendo el Lulú y el Sofi. De forma natural, lo fueron cambiando por el Tincho", cuenta. "Mi familia más lejana se lo tomó con normalidad. Muchos estaban felices porque se preguntaban por qué era así: era la pregunta del millón y ahora tenían la respuesta".

La doctora Fabiana Reina, lo orientó para hacer el cambio de DNI y comenzó un tratamiento hormonal. En la escuela -la de Bellas Artes y Artes Decorativas e Industriales Atilio Terragni, que depende de la Universidad Nacional de Tucumán- fue el primer caso. El que abrió la puerta para que otras identidades pudieran salir a la luz, expresarse. Primero un compañero del mismo año, pero otro curso. Después, más chicos y chicas trans que se acercaron a Martín para pedirle consejos: cómo contarles a sus familias, cómo hacer el cambio de DNI, qué decir en la escuela.

Las autoridades de la institución -que se convertirían en un apoyo clave para Martín- al principio desconocían los detalles de la ley de identidad género. Pero decidieron capacitarse.

"Muchas compañeras no estaban informadas y me preguntaban muchas cosas. Pero siempre me apoyaron, también como institución: me invitaron a dar charlas, me pidieron que los ayude con casos de otros chicos y dio paso a que se genere otro ambiente en la escuela que está buenísimo, porque hay chicos y chicas que sentían que no encajaban y ahora así", explica Martín, que está en 5° año.

La búsqueda de una escuela más inclusiva

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Como secretario general del centro de estudiantes, decidió impulsar con sus compañeros la creación de una comisión de género que trabaje junto al gabinete psicopedagógico. "A los directivos les gustó la idea y estamos trabajando en conjunto. La propuesta está muy buena y esperamos empezar a desarrollarla a partir del año que viene", sostiene Martín. El objetivo, será brindar un acompañamiento interdisciplinario no solo a los chicos y chicas trans, sino también a otras identidades que lo requieran. "Mi escuela es de doble turno, paso más tiempo acá que en mi casa. Creo que es clave que otros estudiantes sientan que en este lugar van a estar bien, acompañados", subraya el joven. Su día arranca a las 6.30 y termina a la 1 de la madrugada. No para.

La nueva identidad, en los papeles

El cambio de DNI fue clave. Oficialmente y por primera vez en los papeles, era Martín Stefano Caponio. Sexo: masculino. "Sentí que nací de nuevo, con un nombre y trato que siempre soñé. Tenía una vida nueva, aunque con muchos inconvenientes, palos en la rueda y contratiempos. Pero a pesar de todo, había logrado una gran conquista personal y colectiva: ser Martín", dice el chico. "Antes me pasaba -continúa- que iba al dentista y me llamaban por mi nombre anterior y era incómodo. Ahora siento un alivio".

¿Cómo fue la elección de su nombre autopercibido? "Al principio también me gustaba Gonzalo y Alex. Un día, conversando con mis amigos me dijeron que tenía cara de Martín, y era verdad. El segundo nombre lo eligieron mis papás. Una de las ventajas de ser trans es que uno puede elegir el nombre que le gusta, pero yo quería que ellos también se sintieran parte del cambio", describe.

Se considera un pibe con suerte. Sabe que su realidad es muy distinta a la de muchos chicos y chicas trans. "Tuve la suerte de crecer en un ambiente muy abierto y nunca tuve problemas, pero conozco historias que los corrieron de sus casas, de los colegios, que no les querían cambiar los papeles. Ni hablar de las generaciones más grandes, que vivieron una realidad completamente distinta", advierte el adolescente.

Cuenta que le gustaría estudiar ciencias políticas para representar a su colectivo, atravesado por una vulneración histórica de derechos: desde la dificultad de acceder a un trabajo digno, a otros fundamentales como la salud y la educación. Hace dos semanas, Martín participó de la quinta edición del Parlamento Federal Juvenil, organizado por el Inadi: el desafío fue que 72 jóvenes de todo el país se convirtiesen en "diputados y diputadas" por un día y tratasen un proyecto sobre discriminación.

"Sueño con que algún día esto sea mucho más normalizado, con no tener que ir a las reuniones con otras personas trans y que me cuenten que la pasan mal, que tienen problemas en su escuela, que no les quieren cambiar el documento, que no los dejan ir con su uniforme. Espero que esas cosas dejen de pasar", asegura Martín.

"Los y las jóvenes trans entendemos que sin la ayuda del Estado tenemos muchas posibilidades de terminar en la calle, de no poder finalizar nuestros estudios, de no ser reconocidos e incluidos en la sociedad de manera igualitaria".

Cuerpos distintos

Prejuicios y desconocimiento. Eso es lo que para Martín predomina aún en varios sectores de la sociedad. "Hay gente que piensa, por ejemplo, que un chico trans es así porque cuando era chiquito lo dejaban jugar con los varones. Una vez, alguien me dijo: 'Ah, ¿sos trans? No se nota'. Yo no supe cómo responder. ¿Por qué el no parecer trans es bueno o malo? Hay personas trans que por ahí no se hacen modificaciones o tratamientos hormonales: hay cuerpos de todo tipo y ser varón no implica que necesariamente tengas el pecho plano o genitales masculinos. Puede haber variaciones", explica Martín. "Es necesario evitar comentarios de ese tipo, que muchas veces son desde la ignorancia, pero lastiman. ¿Por qué tengo que parecer cis cuando no lo soy? Te hacen sentir como si el que se notara que seas trans implica que estás haciendo mal tu trabajo", agrega.

Para él, uno de los desafíos que tenemos es aprender a normalizar que hay cuerpos distintos. "Es una cuestión de inclusión", resume el adolescente con la sonrisa fácil, de dientes blanquísimos, que lo caracteriza.

Más información

Alberto y Marta Caponio, el papá y la mamá de Martín, integran el grupo Trans-formando Familias Tucumán, una iniciativa que se propone contener a familias, amigos, parejas de personas transgenero, informar sobre la temática trans y acompañar en los procesos de aceptación. Para contactarse, escribir a: transformandofamiliastuc@gmail.com

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