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“No querían separarse”: la decisión de cinco hermanitos que le cambió la vida a tres parejas que esperaban adoptar

Jorgelina cuenta cómo se formó el “familión” que nació cuando ella y su marido adoptaron a Lucas; “los seis papás somos nuestra propia red de contención en momentos de alegrías y crisis”, dice

Jorgelina y Agustín, y su hijo adoptivo que hoy tiene 15 años, Lucas.
Para nota sobre adopción y cómo se forma una gran familia a partir de la adopción de hermanitos y niños más grandes. 
23/07/2026.
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“Debería inventarse una palabra para definir a esta familia”, comenta Jorgelina Florestano cuando habla de cómo se formó el grupo familiar que nació en 2020, cuando ella y su marido Agustín Ciampagna y otras dos parejas adoptaron por separado a cinco hermanitos.

Es que la más pequeña, que hoy tiene 7 años, comenzó a preguntarles cosas que no saben bien cómo responder. En los encuentros familiares, que suelen reunir en una misma mesa a más de 20 personas, dice: “Si vos sos la mamá de mi hermano, ¿qué sos mía? ¿También mi mamá? Pero mi mamá es otra. ¿Sos mi tía?”.

Para Jorgelina, lo importante es que los niños sienten que todos son familia, aunque saben que no hay lazos de sangre. “Somos un familión de familias. A todos nos cambió la vida. Los chicos unieron a tres familias que no se conocían entre sí”, dice y enumera: “Nos vemos para los cumpleaños, en la previa de las Fiestas, organizamos comidas, nos juntamos a escuchar música, vamos juntos a los actos escolares”.

El recorrido que hicieron Jorgelina y Agustín para formar este familión les dio una perspectiva sobre qué es lo que vive un chico antes de encontrar una familia y qué miedos e idealizaciones tiene quien quiere adoptar. Es cuando cuenta que antes de conocer a Lucas, el niño que adoptaron y el mayor del grupo de hermanos, ellos pasaron por una desgracia y años de paciencia.

Lucas toca el bajo que su madre Jorgelina, que es luthier, le hizo para él
Lucas toca el bajo que su madre Jorgelina, que es luthier, le hizo para élHernan Zenteno - La Nacion

El deseo

Cuando Jorgelina y Agustín supieron que esperaban un bebé se ilusionaron mucho. Si bien disfrutaban de la familia que formaban con sus padres, amigos y tíos, soñaban con tener un hijo. El embarazo, logrado tras un tratamiento de fertilización asistida, transcurrió con normalidad. Pero luego del parto, su bebé vivió solo media hora. Nunca supieron la causa. La tristeza la enfrentaron con terapia y el apoyo familiar.

Pasó el tiempo y Jorgelina no quería volver a someterse a un tratamiento. Con Agustín decidieron adoptar. Se anotaron en la Dirección Nacional del Registro Único de Postulantes a Guarda Adoptiva (DNRUA) con una nueva ilusión: postularse para adoptar un niño o niña o hasta dos hermanitos de hasta 7 años.

Después de varias entrevistas con asistentes sociales y psicólogos, su legajo fue aprobado. Era 2012. Solo debían esperar, ser pacientes. Y lo fueron: esperaron siete años. En 2019, unos meses antes de que recibieran el llamado en el que les hablaron de Lucas, bromeaban con que ya no serían padres, sino más bien abuelos. Jorgelina tenía 52 y Agustín, 38.

Ella, luthier y escultora en madera. Él, analista de sistemas. Sus mundos, tan diferentes, se habían conectado en una reunión de fans de Charly García. Compartían el amor por la música, los viajes, la comida y el humor, algo que siempre les sirvió para seguir adelante.

Lucas y sus hermanos esperaron tres años para tener una familia
Lucas y sus hermanos esperaron tres años para tener una familiaHernan Zenteno - La Nacion

Las esperas

Lucas ingresó en un hogar con 6 años. Sus dos hermanitos, con 1 y 2 años; y su hermanita, con 3 años. Para ellos, Lucas era su referente y cuidador en medio de cuidadores adultos, padrinos y familias de abrigo que los llevaban los fines de semana a su casa o a pasear.

En 2019 se dio la oportunidad de que una pareja los adoptara a los cuatro y a una quinta hermanita de un año y medio que se había sumado al hogar. Pero no prosperó porque la pareja se arrepintió.

Por entonces, Lucas ya tenía 9 años y decidió hablar por sus hermanos y por él. Sabía que era difícil que los adoptaran a los cinco y le dijo a la directora del hogar que aceptarían separarse con la condición de estar en contacto permanente una vez que fueran adoptados por separado. Además, pidió: “Yo quiero un papá y una mamá para mí solo”.

El juzgado que llevaba adelante su adoptabilidad respetó su deseo. Los cinco podrían ser adoptados por tres familias: una que quisiera adoptar a las niñas, otra a los niños y una tercera a Lucas. La condición que la Justicia les impondría a las familias era singular: deberían encontrarse entre ellas cada dos semanas.

Como solo faltaba una familia que se postulara para adoptar a Lucas, la jueza a cargo decidió hacer una reunión informativa con varias familias dispuestas a adoptar a un niño grande.

Para entonces, Jorgelina y Agustín habían ampliado la brecha de edad y se habían postulado para adoptar un niño más grande. Fue cuando recibieron el llamado que habían esperado durante siete años.

Jorgelina, Lucas y Agustín comparten el amor por la música, el humor y la cocina
Jorgelina, Lucas y Agustín comparten el amor por la música, el humor y la cocinaHernan Zenteno - La Nacion

“Va a ser nuestro hijo”

“En la reunión, éramos muchas familias. Yo estaba entusiasmada y loca como cuatro cabras juntas. Si Lucas nos elegía, se iba a formar un familión de familias”, cuenta a LA NACION Jorgelina. A ella y a su pareja les gustaba la idea de vincularse con otras personas para cuidar a los hermanitos.

A los pocos días fueron llamados por una asistente social. Les preguntó si lo querían pensar. “Ya tengo 52 años y él tiene 38. Si no hacemos esto ahora, no lo hacemos nunca”, le dijo ella. Y Agustín sumó: “No tenemos nada que pensar”.

Esa respuesta contundente fue la que determinó que fueran ellos a quienes finalmente llamaron. Fueron los únicos que se abrieron a adoptar a un chico más grande. Que la mayoría de las personas no se postule para adoptar niños grandes o grupos de hermanos es una de las principales causas que complejiza y demora los procesos de adopción.

Jorgelina dice que esto se da porque hay mucho desconocimiento sobre lo que atraviesan los chicos. “Cuando nos postulamos, en un primer momento yo pensaba que si el nene o la nena tenía 5 o 7 años, podía hacer la primaria en una misma escuela, como yo lo hice. Pero eso es vivir en una fantasía. Sus vidas son muy distintas a las nuestras”.

Explica que muchos niños grandes esperan años para ser adoptados. Todos pasaron por alguna vulneración de sus derechos y la mayoría no son bebés porque esa vulneración se detecta muchas veces en el colegio. Primero hay una medida judicial que los aparta de la familia de origen y pasa un tiempo hasta que se declara su adoptabilidad.

Según las estadísticas oficiales, el 81% de las personas inscriptas para adoptar buscan niños menores de tres años. Solo un 2% acepta a chicos mayores de 10. A partir de esa edad, sus oportunidades de ser adoptados disminuyen drásticamente. Además, el 75% de los postulantes no acepta hermanos, lo que dificulta que encuentren una familia.

Fue en enero de 2020 cuando la jueza los llamó. Les dio un documento con información de Lucas para que firmaran y cuando Jorgelina empezó a leerlo se sorprendió. “Lo primero que vi fue la fecha de nacimiento, enseguida supe que iba a ser nuestro hijo. Había nacido un día, un mes y un año después que nuestro bebé”.

Si bien muchos quieren adoptar bebés, quienes adoptaron a los cinco hermanos desearon una gran familia
Si bien muchos quieren adoptar bebés, quienes adoptaron a los cinco hermanos desearon una gran familiaHernan Zenteno - La Nacion

Desromantizar la adopción

El 3 de enero de 2020 las tres familias comenzaron la vinculación con los niños, cada una por su parte.

Jorgelina y Agustín fueron al hogar y en una sala esperaron a que llegara Lucas, ya de 9 años. Jorgelina recuerda que al verlo entrar con las asistentes sociales se preocupó. Caminaba tan lento que parecía que quería irse.

Ella dice que le pasó algo extraño. Vio a un niño desconfiado, temeroso, con algo de adulto en la mirada. Supo que le costaría ser un niño nuevamente. Una parte de ella quería quedarse, pero otra quería salir corriendo.

“La sensación que tuve fue pensar: ‘Cuántas cosas hay que reparar en él y lo voy a tener que hacer desde ahora y hasta que me muera’. Sentí que no iba a poder. Pero ganó la otra parte, la que se quiso quedar”, dice.

Ese día hablaron de lo que pudieron. Lucas estaba serio. Días después comenzaron a vincularse en la casa de la directora del hogar. Se las prestó porque se iba de vacaciones. Él era distante. “Yo no iba a renunciar a no ser que él mismo nos sacara a patadas. Los chicos más grandes que pasan por estas situaciones les cuesta más confiar y es lo normal”, cuenta Jorgelina.

Con el tiempo ella aprendió que las “primeras veces” más importantes con un hijo adoptivo no son cuando dicen “mamá” o su primer cumpleaños en familia. Las primeras veces importantes son otras.

“A él le gustaba mucho el agua. Le pedimos a la directora, que seguía de vacaciones, si nos dejaba usar su pileta. De ahí en más, todo mejoró. Íbamos los fines de semana como si fuéramos al club”, explica. Después de esa primera conexión, conectaron con la comida y la música. Lucas ya estaba viviendo en la casa de la pareja y un día les dijo que quería aprender bajo. “Yo soy luthier, así que le hice un bajo. Él estaba feliz y yo orgullosa”, cuenta Jorgelina.

El día que él los terminó por “adoptar a ellos” fue cuando le preguntó: “Ma, para el cole tengo que averiguar si tengo raíces europeas. Mis bisabuelos vinieron de Italia, ¿no?”. Yo me quedé muda de la emoción", dice. “Él había entendido todo”.

Lucas y sus hermanos hoy tienen un gran familión de familias que los ama y cuida
Lucas y sus hermanos hoy tienen un gran familión de familias que los ama y cuidaHernan Zenteno - La Nacion

El familión de familias

Hoy Lucas tiene 15 años y sus hermanos, 12, 11, 10 y 7. Se encuentran cada dos o tres semanas y lo primero que hacen los chicos cuando se ven es abrazarse y besarse. En medio de esas reuniones multitudinarias, los chicos les dicen tía, tío, abuelo, abuela a todos los abuelos y tíos.

Jorgelina dice que se llevan muy bien entre los seis padres. Tienen en común vivencias porque muchos son del interior; les gusta juntarse a comer y escuchar música, como la de Charly García. Cuenta que una vez fueron parte de una campaña fotográfica de En Red, que organiza muestras sobre niñas, niños y adolescentes que están o estuvieron en hogares convivenciales.

“La mamá de las nenas, las nenas, Lucas y yo nos vestimos de negro y nos pusimos el brazalete que usa Charly, el que dice No Say More. La fotógrafa era la de Charly, Nora Lezano, y se volvió loca cuando le contamos nuestra historia. Nos sacó unas fotos hermosas”, recuerda y se ríe.

“Los seis papás somos nuestra propia red de contención en momentos de alegrías y crisis”, suma Jorgelina, que junto a su pareja fundaron Adopten Niñes Grandes, una organización que se dedica a promover la adopción de chicos de más de 5 años. Además, trabajan para derribar prejuicios y fantasías, como las que ella tuvo sobre la adopción.

“Lucas sigue siendo el referente de los hermanos. Es muy cariñoso y familiero. Y de a poco le vamos remendando lo que no pudo disfrutar de chico, el dejarse cuidar”, dice. Inmediatamente, aclara: “Porque eso es lo que los padres adoptivos hacemos, somos cuidadores y los adoptamos para amarlos y devolverles los derechos que otros vulneraron”.

Cuando los hermanos de Lucas tienen una duda sobre su vida de antes, le preguntan a él. Él a veces les explica algo. Otras, con la autoridad de los mayores, les dice: “Eso te lo voy a contar cuando seas más grande porque es muy triste”. Y la conversación queda ahí.

Prefieren disfrutar de su familia de lazos gigantes y hablar de cómo es su vida hoy.

Más información

Adopten Niñes Grandes es una organización formada por padres y madres que trabajan por el derecho de los niños y adolescentes a vivir en familia. Además, dan talleres para acompañar a personas que desean adoptar o están en el proceso de vinculación.

Quiero una Familia

Esta nota forma parte de Quiero una familia, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca garantizar el derecho de cada niño a vivir y crecer en familia.