Adopciones exprés: son las de chicos más grandes y grupos de hermanos
Quienes resignan aceptar sólo un bebe pueden llegar a ser padres en menos de un año; el nuevo Código Civil acortó los tiempos y amplió las posibilidades
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"En la Argentina es imposible adoptar", o "con tantos chicos en la calle, ¿cómo puede ser que la gente no pueda adoptarlos?". Éstas son frases que escuchamos en cualquier esquina o mesa de café. Forman parte de esa conciencia colectiva que genera mitos infundados.
Porque la realidad muestra a gritos otra cosa. Que el nuevo Código Civil amplió los tipos de adopción y acortó los tiempos. Que el problema real es de oferta y demanda: personas que sólo quieren adoptar bebes (el 92% están anotadas para chicos de menos de un año) y niños con más edad que no encuentran padres. Que los que se animan a recibir a grupos de hermanos o chicos más grandes consiguen hacerlo, en muchos casos, en menos de un año.
"A la adopción simple y la plena se sumó la de integración, que permite adoptar al hijo del cónyuge o del conviviente. También se han agilizado los plazos. Igualmente, en el caso de grupos de hermanos y chicos más grandes, los tiempos siempre fueron más cortos. Antes y ahora", explica Adriana Abeles, presidenta de la Fundación Campos del Psicoanálisis.
Graciela Rodríguez, fundadora del Hogar Ligüen -que en los últimos dos años tuvo alrededor de 85 chicos que salieron en adopción-, afirma que "el secreto está en que las personas pongan su deseo de madre y padre no solo en los bebes".
¿Por qué casi no hay bebes para adoptar? Porque intervienen muchas variables antes de que un juez decida quitarles la patria potestad a los padres biológicos; porque son contados los casos de madres que abandonan a sus hijos cuando son recién nacidos; porque las situaciones de negligencia, violencia o abusos que son motivo de separación de los chicos de sus familias de origen tardan en ser detectadas; porque una vez que interviene la Justicia se agotan todas las instancias posibles de revinculación con la familia de origen, la extendida (abuelos, tíos) o los referentes familiares.
"La adopción de bebes es muy difícil en todo el mundo. Acá son muy pocos los recién nacidos abandonados en un hospital o un hogar", dice Leonor Wainer, psicóloga y presidenta de Anidar.
Si bien no se conoce el número exacto de chicos en situación de adoptabilidad, sí se sabe que son 9200 los que están institucionalizados. En el otro extremo, se encuentran los 5704 legajos de personas o matrimonios inscriptos en el Registro Único de Adoptantes.
Abrir las cabezas
Ése es el desafío. Poner el foco en los chicos que pasan sus infancias y adolescencias en hogares.
"Que los miedos no paralicen. Eso le diría yo a otras personas que están pensando en adoptar. Que vale la pena vencerlos porque estos chicos más grandes necesitan una familia y tienen mucho amor para dar", dice Karina (41).
Hace siete meses, su vida y la de su marido, Pablo (53), cambió para siempre. Fernando, de 10 años, se sumó a la familia. Estuvieron sólo unos meses anotados en el registro de San Martín, provincia de Buenos Aires.
Primero la vía natural, después los tratamientos y por último llegó la idea de la adopción, que siempre había estado presente. Y ahí aparecieron también los miedos lógicos: encontrarte con un ser que no conocés, no ser compatibles, la historia que cargan.
Pero cuando vieron la foto de su futuro hijo y empezaron a transitar la vinculación con él, todo fue perfecto. "El juzgado trabajó muy bien y siempre puso el foco en la necesidad del chico. Fuimos al hogar a conocerlo y tuvimos un período de adaptación de dos meses", cuenta Pablo.
Armar el cuarto, buscar un colegio, cambiar sus horarios laborales para poder adaptarse a una nueva rutina. "Si uno va a adoptar tiene que prepararse porque es el adulto responsable y tiene que saber manejar la situación. Estás incorporando una vida a tu vida", explica Karina.
¿Cuáles son los chicos que esperan? "Buena parte de la población con la que trabajamos los juzgados de familia tardan mucho tiempo en ser adoptados, aun con sentencia firme de adopción. Son chicos más grandes con problemas de salud y grupos de hermanos con edades cercanas a la adolescencia", dice el juez de familia Lucas Aón.
Cynthia (48) y Rosario (44) están juntas desde hace 10 años. Y siempre tuvieron en claro que querían ampliar la familia. "Hicimos todo paso por paso. Nos conocimos, convivimos y después nos casamos porque queríamos darles esa seguridad y marco a los chicos", dice Cynthia.
En su caso, como en muchos otros, lo que más demoró fue su decisión de ampliar el rango de edades y cantidades de los chicos que estaban dispuestas a adoptar. Estuvieron dos años anotadas para un bebe hasta un chico de 4 años, y cuando pudieron pegar el salto a más de uno y de más edad enseguida las llamaron por dos hermanos de 8 y 11 años.
"En menos de un mes empezamos con la vinculación con los chicos, una vez por semana. Y lo demás se fue dando. Nos cuidamos mucho siempre desde el juzgado y todo el equipo. Es complicado, pero es lindo. Es algo nuevo para nosotras porque en cinco meses nos cambió la vida", dice Cynthia.
Contra el prejuicio de que si se opta por chicos más grandes se van a perder momentos importantes de su infancia, Abeles señala que "siempre hay momentos para estrenar juntos. Es una sorpresa el nivel de satisfacción que tienen todas las familias que han elegido este camino".
Animarse a cinco
"Ni loca, ¿cinco?", fue la primera reacción que tuvo Viviana (39) al enterarse de que una jueza del norte del país estaba buscando padres para un grupo de hermanos. Ella había estado anotada para adoptar junto a su pareja en el exterior, y por el boca a boca llegaron hasta ella.
"Cuando me enteré de que los iban a separar porque la más grande, de 11, tenía que pasar a un hogar de adolescentes, me partió al medio", dice Viviana, que no está legalmente casada con su marido, Antonio.
Lo hablaron con Antonio, se entrevistaron por teléfono con la jueza, se anotaron en el registro correspondiente a su domicilio, los fue a ver una asistente social y se compraron una camioneta para ir a conocer a los chicos.
Sus hijos hoy tienen 2, 5, 9, 12 y 14 años, y ya hace un año y medio que son familia. Funcionan como un equipo en el que cada uno hace su parte. "Es muy difícil por momentos, pero estamos felices. Lo bueno es que tenemos mucha tela para cortar juntos. Cuando era chiquita y tenía cinco años, yo decía que iba a adoptar a un negrito. Y ahora tengo cinco negritos hermosos. Se dio todo lo que yo quería. Mis negritos y la familia numerosa", concluye.
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