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“Está buenísimo hablar de ansiedad.” En la emisión de anoche de La Voz Argentina, Lali Espósito tomó la palabra después de que una participante contara que había padecido, previamente, un ataque de pánico. En una intervención breve, pero muy celebrada en redes sociales, la cantante y jurado del certamen rescató la importancia de hablar de este desorden “muy habitual en los chicos”, según dijo.
En menos de dos minutos, Lali resaltó cuatro de los aspectos más relevantes de la ansiedad. ¿Por que las definiciones de la cantante fueron tan acertadas? Lo explica el psicólogo, profesor titular y secretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA, Martín Etchevers.
Etchevers considera que es necesario no perder de vista que la ansiedad es una emoción normal, una respuesta adaptativa frente al peligro.
“Nos prepara ante un examen, nos avisa que tenemos que preparar las valijas para un viaje. Desencadena reacciones químicas que preparan a nuestro cuerpo frente a algún estímulo que estresa. El problema se genera cuando la ansiedad es excesiva. Cuando nos adelantamos a los hechos y tenemos una reacción ansiosa fuera de tiempo, adelantada, como por ejemplo preocuparnos con mucha anticipación por las próximas vacaciones o por el futuro de nuestros hijos, todas esas reacciones físicas no se resuelven y nuestra funcionalidad se ve afectada”, considera.
A su entender, actualmente hay mayor psicoeducación en nuestra sociedad: “No es que antes no se exhibiera o se tapara, sino que contamos con mayor conocimiento científico y eso deriva en mayor difusión en la población en general sobre cómo nos puede afectar la ansiedad y cómo regularla. Pero antes también existía y por lo general lo llamábamos ‘nervios’.”
“Los desórdenes emocionales como la ansiedad o la depresión arrojan mayores puntajes en edades más jóvenes, medidas hasta los 18, y disminuyen a medida que aumenta la edad -explica Etchevers-. En los jóvenes hay más desafíos por delante y temas por resolver. Son más sensibles. A mayor edad, uno ya tiene resueltas, para bien o para mal, cuestiones como la orientación vocacional, la orientación sexual o el éxito. Ya no es una incógnita”.
“La sobreestimulación de pantallas sin ejercicio físico es un factor de riesgo que puede incrementar la ansiedad en niveles no saludables”, agrega el experto.
El psicólogo y profesor de la UBA explica que cuando la ansiedad se transforma en algo constante y no disminuye, altera los ciclos del sueño, aumenta la irritabilidad, en las personas de mediana edad aumenta problemas digestivos y gastrointestinales y puede llevar a buscar formas no saludables de regular, como el consumo excesivo de alcohol o de ansiolíticos no prescriptos, o de sustancias psicoactivas.
“Es importante poder detectar esas señales en uno mismo y en quienes están cerca de uno. Pero lo fundamental es, en esos casos, realizar una consulta con un psicólogo, psiquiatra o médico matriculado. Digo médico porque los desórdenes de ansiedad afectan nuestro organismo y nuestra funcionalidad. Por ejemplo, genera problemas de atención y de memoria. En cualquier caso, podemos aprender a regular la ansiedad”, concluye Etchevers.



