Cómo evitar que tu hijo se obsesione con la alimentación

La obsesión por estar delgados aparece a edades cada vez más tempranas
La obsesión por estar delgados aparece a edades cada vez más tempranas Crédito: Shutterstock
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13 de noviembre de 2019  • 15:40

"Empieza tan despacito que uno no se da cuenta", dice Mónica, la mamá de Mili, una nena que a los 11 años atravesó una anorexia muy severa. Llegó a pesar 26 kilos. No solo se negaba a comer, sino también a tomar agua.

Su caso no es aislado. Cada vez son más los niños que empiezan a desarrollar trastornos de la alimentación a edades tempranas. No existen estadísticas oficiales, pero los especialistas ya atienden a chicas a partir de los 9 años. "Recibí en mi consultorio a chicas de 10 que cumplían con todos los criterios de anorexia. Aunque la población adolescente sigue siendo la prevalente, me alarma el aumento de esta patología en niñas", señala Mariela Di Lorenzo, pediatra especialista en nutrición infantil.

Por eso, es importante que los padres cuenten con herramientas que les permitan prevenirlos ¿Cuáles son las claves para evitar que nuestros hijos caigan en un trastorno de la alimentación? A continuación, te compartimos diferentes consejos para que puedas llegar antes.

Las claves de la prevención

  • Reflexionar cómo transmitimos la aceptación de nuestro propio cuerpo. Los adultos tenemos que prestar atención a los comentarios que hacemos sobre nuestra imagen. "Si nosotros, frente al espejo, nos miramos y decimos: ´Uy que gorda que estoy´, el chico va a pensar que esto es muy importante", explica Juana Poulisis, psiquiatra y autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios. También sostiene que hay que evitar pesarnos en la balanza frente a ellos.
  • Hablarle a los chicos sobre los peligros de seguir una dieta restrictiva.
  • Fomentar hábitos alimenticios donde comer sea una respuesta al hambre y no un recurso para bajar la ansiedad, superar momentos de estrés o calmar la angustia. Comer cuando se tiene hambre y dejar de comer cuando se está satisfecho.

El momento de la mesa familiar

  • Compartir las comidas en familia. "Los estudios demuestran que con, al menos, una comida familiar diaria se disminuye la probabilidad de desarrollar un trastorno de la alimentación, porque modelás qué comen los chicos y, además, el foco deja de estar en la comida y pasa a estar en compartir emociones y charlar", detalla Poulisis.
  • Generar momentos de tranquilidad y un clima relajado mientras se come evita que los chicos se sientan nerviosos o tensionados. Asociar la comida con un momento de tensión puede impactar negativamente en la salud alimentaria, aseguran los expertos.
  • Que no haya televisión ni celulares que interfieran en la comunicación a la hora de sentarnos a la mesa. Las pantallas durante las comidas nos hacen perder la oportunidad de encontrarnos a través del diálogo y fortalecer los vínculos.
  • Comer lo mismo.No es conveniente que nos vean comer una ensalada, mientras ellos comen un plato de pastas. Lo mejor es compartir el mismo alimento.

Los estudios demuestran que con al menos una comida familiar diaria se disminuye la probabilidad de desarrollar un trastorno de la alimentación
Juana Poulisis, especialista en trastornos de la alimentación

El ejercicio físico

  • Como adultos, realizar actividad física de forma placentera. Evitar hacerlo de forma compulsiva, obsesionándonos con bajar de peso ya que los chicos recibirán ese ejemplo.
  • Que las actividades físicas que realizan los chicos sean sociales. "Es muy común que a los 15 años muchos jóvenes vayan al gimnasio, eso no es bueno. Mejor es que hagan deportes recreativos en equipo, una actividad en conexión con otros y al aire libre. Que entiendan que lo importante del deporte tiene que ver con mejorar la calidad de vida y liberar endorfinas", sostiene Paula Hernández, psicóloga y coordinadora general de La Casita.
  • Proponerles a los chicos hacer actividad física juntos como andar en bici o salir a caminar. No porque sea funcional para verse bien, sino porque es divertido hacerlo en familia.

Las claves de la prevención

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Un aliado: los valores

  • Enseñarle a los chicos a construir un juicio crítico sobre los valores estéticos, aceptando las diferencias. Mostrarles que todos somos diferentes y, las contexturas físicas, también. "Los adultos a veces se ríen de bromas de gordura, de esa forma invitan a los niños a hacer lo mismo. La intimidación por el peso es la primera temática en situaciones de bullying en los colegios. Hay que mostrarles a los chicos que la gente saludable y feliz no se ajusta a una sola talla, que aburrido sería que fuéramos todos iguales", asegura Poulisis.
  • Fortalecer su autoestima y la confianza en ellos mismos. No hacer comentarios sobre sus cuerpos o cuestiones de belleza física, poner el foco en sus valores, actitudes, capacidades, buenos gestos o virtudes. "Tampoco es bueno comparar sus cuerpos con los de sus amigos o referirnos a otras personas como gordos o flacos", señala Paula Hernández.

Los riesgos de las redes sociales

  • Estar atentos a qué mostramos los adultos en las redes sociales, si optamos por publicar fotos de momentos felices o compartimos solamente imágenes donde la atención está puesta en nuestra apariencia, "si salí bien o salí mal". Tampoco es bueno que nos vean retocar una foto para que aparezca la panza chata o las piernas más alargadas, siempre es mejor mostrarnos tal cual somos.
  • Prestar atención a qué consumen los chicos en las redes sociales. "Hay muchos influencers que hablan de su propio cuerpo y sobre su manera de comer. Es importante enseñarles a los niños que muchos de ellos no son especialistas y, en general, muestran un solo aspecto de su vida. Además, si la mayor parte del día nuestro hijo está siguiendo páginas de comida, su cerebro va a estar obsesionado con en eso. Entonces, si hay una persona que es influencia -de ahí el término influencer, tengo que saber quién es, al igual que cuando van a la casa de un amigo. Es muy importante involucrarse", apunta la especialista de La Casita.

Los errores más frecuentes de los padres

Ponerlos a dieta

Los especialistas advierten que no es bueno poner a nuestros hijos a dieta o hacerles comentarios como: ´Tenés que bajar de peso´. "Si tu chico es goloso o le gusta comer un montón, hay que ayudarlo de distintas maneras, por ejemplo: a comer más despacio, a registrar si realmente es hambre lo que tiene o le pasa otra cosa y hacer actividad física juntos como andar en bici", explica Poulisis y asegura que no es aconsejable imponer hábitos estrictos muy saludables.

Esto se debe a que "los estudios muestran que los chicos a los que se los somete a una dieta restrictiva tienen más riesgos de sufrir un trastorno de la alimentación y de generar el efecto contrario: que en vez de bajar, aumenten de peso", indica la autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios.

La idea no es ponerlos a dieta sino enseñarles a regular su alimentación y a tener una vida más activa. Y, si son más chicos y tienen exceso de peso, se pueden hacer algunos cambios más sutiles, de forma menos evidente. Por ejemplo, si ya terminamos de comer, podemos levantarnos de la mesa o cambiar de actividad. También, ser ordenados con las colaciones para que los niños no estén picoteando todo el día.

No hay que privarlos de consumir cosas ricas ni prohibirles alimentos que disfrutan.Tampoco es bueno referirse a los alimentos como algunos son buenos y otros malos.Los chicos deben comer alimentos variados y de forma moderada. Deben incluirse frutas, verduras y, en forma moderada, también cosas ricas como chocolates, alfajores o caramelos, señalan los expertos.

La comida como premio o castigo

Otro de los errores más frecuentes es utilizar alimentos como premio o castigo de algunas conductas. "Está bien agasajar a un niño con una torta pero no es bueno poner la torta en el lugar de la medalla que obtendría si hiciera suficientes méritos", indica Poulisis ya que en los trastornos por atracón es habitual encontrar que el alimento con el que se desencadena la ingesta compulsiva está relacionado a alguna prohibición o a aquello que se reservaba solo cuando existía motivo de merecerlo. " Lo prohibido siempre invita a la trasgresión", enfatiza Poulisis".

A dónde recurrir en busca de ayuda

La Casita: es un Centro de atención y prevención para adolescentes y jóvenes y su familia. Para el abordaje de la problemática que pueda surgir, trabaja enfatizando los recursos de la persona y su sistema familiar apoyándose principalmente en el grupo de pares.

Hospital Durand: Teléfono: 4982-5555 / 5655.

Hospital Piñero. Teléfono: 4631-8100 / 0526

Hospital Borda Teléfono: 4305-6666 / 6485

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