Con 69 años y dos trasplantes de hígado, entrena 40 km por semana

A través de charlas, el atleta Alberto Domínguez busca que más personas se anoten como donantes
Cecilia Zolezzi
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28 de mayo de 2019  

Alberto Domínguez dice que nació tres veces. La primera, el día en que llegó al mundo, un 5 de agosto de 1949. Las otras fueron en 1995 y en 2015, cuando fue trasplantado del hígado por primera y segunda vez. Hoy, a los 69, este atleta entrena 40 kilómetros semanales y es una leyenda en el ámbito de los deportistas trasplantados de la Argentina.

"Siento que debo luchar por los que están en lista de espera", asegura Alberto, quien con su historia busca generar conciencia sobre la donación de órganos, dando charlas en escuelas, polideportivos, hospitales y otras instituciones. Aunque ganó decenas de trofeos y medallas, sostiene: "La mejor dorada es cuando hay una persona trasplantada".

En su casa de Don Torcuato, recuerda que tenía 40 años cuando una hepatitis B golpeó súbitamente su vida. Seis años después, la misma enfermedad tocó nuevamente a su puerta. "La única solución es un trasplante de hígado", sentenciaron los médicos. A lo que Alberto respondió con convicción: "Me voy a trasplantar y voy a vivir".

Estaba acostumbrado a los golpes de la vida. Se crio junto a sus 12 hermanos en un ranchito del campo cordobés y desde los ocho años ayudaba a su padre a paliar la arcilla que debían cargar en los vagones del tren. En 6º grado dejó la escuela.

Un arduo recorrido

El camino al primer trasplante no fue fácil. En aquel entonces pesaba 150 kilos y era un paciente de alto riesgo. Como no tenía obra social, el Centro Único Coordinador de Ablación e Implante Provincia de Buenos Aires (Cucaiba) se ocupó de su caso y se internó en el Hospital Favaloro a la espera del órgano, acompañado por Concepción, su esposa. Sus tres hijos quedaron a cargo de la gomería familiar.

Cuando se cumplió el año y medio de internación, llegó el tan ansiado hígado. La generosidad de una familia de Córdoba que había decidido donar los órganos de su hijo fallecido, le daba a Alberto, a sus 47 años, la posibilidad de seguir viviendo. Después de 18 horas de cirugía y dos semanas más en el hospital, estaba en su casa.

Poco a poco comenzó a hacer actividad física. En su juventud había sido un gran deportista. Bajó más de 60 kilos en seis meses y un día escuchó que había competencias de trasplantados en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard). No dudó en anotarse: ese fue el comienzo de una gran pasión que cambió su vida y lo llevó a competir a nivel nacional e internacional.

En 2013, al poco tiempo de participar en los juegos mundiales para trasplantados de Sudáfrica (donde se consagró campeón de los 400 metros), sufrió una recaída. Luego de una segunda larga espera, en 2015 y con 66 años, se produjo el segundo milagro.

Hoy su sueño es poder representar a nuestro país en las competencias para trasplantados que tendrán lugar en 2019 en Newcastle, Inglaterra. Sabe que será su último mundial y debe costear los 2500 dólares que cuesta todo el viaje. Por eso está vendiendo rifas a 50 pesos. Los interesados en colaborar pueden comunicarse al (011) 15-62317-453.

"Voy a seguir así hasta que cierre los ojos. La gente me pregunta: ?¿Cómo hacés para entrenar cuatro veces por semana? ¿No te cansás?' Ellos no saben por qué lo hago, que es para sumar mi granito de arena para ayudar a los que están sufriendo y pasando por lo que yo pasé", confiesa conmovido.

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