Contrajo dengue estando en cuarentena: "Ahora sé por qué lo llaman fiebre rompehuesos"
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Hace algunos días, Aníbal Vecchio comprendió, en carne propia, que el nombre vulgar con que se lo conoce al dengue no es azaroso. "Ahora sé por qué le dicen fiebre rompehuesos", asegura. A principios de abril, tanto él como su novia Renata contrajeron el virus en su propio departamento, ubicado en el barrio de Villa Crespo. Como si fuera una ironía del destino, ambos se infectaron mientras hacían la cuarentena establecida en todo el país para prevenir el avance del nuevo coronavirus.
"Pasé la primera semana con fiebre muy alta, una debilidad extrema y dolores muy fuertes: en los huesos, en los músculos, en la cabeza y detrás de los ojos. Durante los primeros tres días, no le sentía el gusto a la comida o, mejor dicho, le sentía gusto a plástico a todo lo que intentaba comer", recuerda Vecchio, de 33 años.
El virus del dengue es una de las tantas enfermedades endémicas que siguen azotando nuestro país mientras el sistema sanitario redobla todos sus esfuerzos para que el COVID-19 no haga estragos a su paso. Con un número relativamente estable de casos –en los dos primeros meses de este año se confirmaron 2134, según un informe epidemiológico porteño– cada dos o tres años se registran picos. Estamos transitando uno de esos años.
A falta de una vacuna contra el virus, el jefe de Infectología del Hospital Santojanni, Pablo Scapellato, sostiene que, también en este caso, la mejor arma para enfrentar al dengue no es la fumigación sino la prevención. "Si el mosquito no tiene donde poner los huevos, no hay mosquito. La responsabilidad de no contraer dengue es social. Las hembras ponen huevos en aguas tranquilas, oscuras y limpias. Un florero, un juguete que queda tirado y acumula agua, una canaleta tapada, una chapa que junta agua o una lata pueden ser reservorios", explica el especialista, quien agrega que no alcanza con vaciar los recipientes si se los deja en el mismo lugar.
"Si el agua se seca, los huevos pueden permanecer pegados en las paredes de ese recipiente durante semanas o meses. Si vuelve a llenarse, por ejemplo, porque vuelve a llover, el huevo pegado completa el ciclo", alerta Scapellato.
Hace algunos días, Vecchio ingresó a la página del Gobierno de la Ciudad para dejar registrado su caso y el de su novia. Se llevó una gran sorpresa. "Me encontré con que, solo en mi manzana, había cinco casos más", dice entre indignado y asombrado. Aunque vive a tres cuadras del Parque Centenario, sus sospechas están dirigidas hacia una obra en construcción ubicada en diagonal a su departamento, y paralizada con la cuarentena.

En este sentido, Scapellato es tan gráfico como categórico: "No se contrae dengue por andar paseando por los lagos de Palermo. El dengue que contraigo es de mi cuadra, a lo sumo, de la vereda de enfrente. La responsabilidad es mía. Es, más bien, una obligación. Yo puedo usar repelentes o poner espirales, pero son paliativos ante un mosquito que en algún momento va a encontrar a quien picar porque necesita alimentarse. Por más que el Estado fumigue, no puede entrar a mi casa. Y, en definitiva, las fumigaciones atacan al mosquito que está volando en ese momento, pero no hace nada contra los huevos", agrega.
Aníbal tuvo los primeros síntomas el pasado 3 de abril, y Renata, un día después. Luego de que una médica los visitara en el domicilio, descartara coronavirus, les hablara de la posibilidad de que fuera dengue y les recomendara acercarse a algún sanatorio, la pareja se dirigió a la clínica San Camilo. Tenían 38,5 de fiebre así que, una vez allí, se activó primero el protocolo para descartar COVID-19. No tenían problemas respiratorios o molestias en la garganta, una de las principales diferencias de síntomas entre estas dos enfermedades. Luego, los resultados de una batería de análisis que incluyeron placa, ecografía y estudios de sangre, llevaron a la médica a coincidir con su colega.
"La médica nos explicó que el análisis que podía confirmar la presencia del virus demoraba varios días, pero que por los síntomas no había dudas. A mí me habían empezado a salir unas manchitas rojas en el cuerpo, que pueden presentarse algunas veces. Nos mandaron a casa con la indicación de tomar paracetamol para la fiebre, cosa que ya estábamos haciendo por consejo de mi mamá, que es médica del hospital Gutiérrez, y de volver a las 48 horas para nuevos controles", agrega Aníbal, quien es realizador visual free lance.
Para entonces, la fiebre en ambos era alta y persistente a pesar de la medicación. "No podíamos cuidarnos entre nosotros, así que nos fuimos para la casa de mi mamá, en Once, y seguimos acá", afirma.

Lo que también siguen, desde entonces, son los controles de sangre. Desde aquella primera visita a la guardia, le siguieron otras, cada 24 o 48 horas, según como iban dando los estudios de sangre. "En poco más de diez días, nos pincharon como ocho veces. Las primeras veces, los estudios siempre daban peor que los anteriores. Ahora estamos mejor, aunque a mí me apareció algo que se llama ‘hepatitis por dengue’, que son síntomas similares a los de una hepatitis y los valores hepáticos por las nubes. Así que estoy haciendo también un seguimiento por ese tema", explica el joven, quien reconoce sentir algo de miedo de volver a su casa.
"Me considero un tipo responsable y cauto. Pero sé que en estas cosas alcanza con que mi vecino tenga descuidado el tacho del agua de su perro o que haya una obra en construcción paralizada cerca de mi casa. Mi viejo tuvo dengue hace dos años. Así que sé que voy a tener que cuidarme mucho, para que no me vuelva a picar un tipo diferente de dengue, porque eso puede complicar las cosas", reconoce Aníbal.
Scapellato explica que hay cuatro serotipos del virus y que cada uno tiene características inmunológicas específicas. "Si me infecto con una variedad, quedo inmunizado de por vida en el caso de que me vuelva a picar esa misma variedad. Pero si me pica otra, esa misma inmunidad, en lugar de protegerme, puede aumentar la gravedad de la enfermedad", asegura.
De todas formas, el médico, también miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, sostiene que el dengue es una enfermedad que usualmente no es grave. "En el caso de la reinfección, los síntomas son los mismos, pero además se pueden agregar otros que pueden derivar en un caso grave. Por ejemplo, dificultades para mantener la presión arterial, vómitos o aletargamiento. Lo crucial es actuar a tiempo y realizar un seguimiento del paciente. Cuidar que no se deshidrate y que no sufra alteraciones su presión arterial", concluye.
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