De una habitación en ruinas a un tres ambientes luminoso
1 minuto de lectura'

Desde hace tres días, la vida de Lorena Ortiz (39 años) y su familia cambió rotundamente. Pasaron de vivir hacinados en una habitación en ruinas de un inquilinato a habitar un departamento de tres ambientes, más espacioso, luminoso y sin humedad, en La Boca.
Gracias al sistema de alquileres tutelados de la ONG Hábitat para la Humanidad Argentina (HPHA), Lorena; su pareja, Maximiliano Lampugano (29), y sus tres hijos -uno que tienen común, Francesco (2), y dos, Nahuel (18) y Valentina (12), de un matrimonio anterior-, pudieron acceder a un alquiler formal y salir de la situación de hacinamiento en la que estaban.
De las distintas maneras de medir este problema, la más gráfica es la del relevamiento de la cantidad de personas por cuarto habitable: tres o más indican hacinamiento. Según el último documento estadístico del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia que elabora el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, el 23,4% de los niños, niñas y adolescentes de hasta 17 años viven en condiciones de hacinamiento en las regiones urbanas de la Argentina. En 2015 había sido de 18,9%. La cifra trepa al 30% en la provincia de Buenos Aires.
La habitación en la que vivían estaba dividida con muebles, tenía humedad crítica producto de múltiples filtraciones de agua, un agujero en el piso, paredes derruidas y un baño que prácticamente no funcionaba. Esas malas condiciones habían afectado su salud. "Lorena y los chicos tienen asma, y aunque están en tratamiento, ese ambiente no los ayudaba", cuenta Maximiliano, y agrega que otro de los principales problemas era "la falta de intimidad".

Lorena y Maximiliano tienen trabajos formales, ella como auxiliar de portería para el gobierno de la ciudad y él como administrativo desde hace un año. Sin embargo, al no tener avales, no habían podido mudarse. "Un alquiler urbano formal, aun pudiendo pagarlo, es para muchas de estas familias imposible sin un apoyo", explica Daiana Laguna, de HPHA.
Problemas para estudiar y desarrollarse, y una mayor exposición a situaciones de estrés y violencia son algunas de las graves consecuencias de crecer en un espacio inadecuadoAdemás, dada la estrecha relación entre hacinamiento y las condiciones edilicias deficitarias (escasa ventilación, humedad, filtraciones de agua, etc.), los chicos se ven expuestos a contraer más enfermedades, lo que redunda en un aumento del ausentismo escolar.
Además de las cuestiones de documentación requeridas, explica que hay un tema cultural. La trabajadora social señala que las condiciones de pobreza muchas veces son heredadas de generación en generación, "por lo que es importante romper ese ciclo y brindar oportunidades de superación". Por eso, detalla que el trabajo de esta organización es "promover el empoderamiento y el desarrollo de las propias capacidades para acceder a la vivienda adecuada".
El proyecto del edificio Estela de Esperanzas recuperó un espacio deshabitado para transformarlo en ocho departamentos. A uno de ellos se mudó la familia de Lorena y Maximiliano. "Es un modelo replicable que esperamos se extienda", asegura Laguna. La iniciativa comenzó en 2012, y ya pasaron 14 familias. Se quedan la duración del contrato de cuatro años o hasta que logran acomodarse y dar un paso más, y dejan el lugar a la siguiente. Ahora Lorena y Maximiliano tienen la oportunidad de darles un mejor lugar a sus hijos.
Más información y cómo ayudar
Hábitat para la Humanidad: www.hpha.org.ar




