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Ni el salario ni la cercanía: ¿qué valoran realmente los jóvenes de barrios vulnerables a la hora de elegir un trabajo?

Un informe reveló que la formalidad y las posibilidades de capacitación son los atributos más valorados; “piensan en su futuro”, explican los autores de la investigación

Cristopher vive en el barrio San Cayetano, en González Catán, y para llegar a su trabajo formal viaja cuatro horas por día
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Cristopher Cruz dice que tiene un trabajo muy poco frecuente para un barrio como el suyo, el San Cayetano, en González Catán, una localidad de La Matanza. Desde hace un año trabaja en la mesa de ayuda de una empresa de servicios de información legal y financiera. Asiste a abogados y contadores ante problemas administrativos.

Su trabajo, el primer empleo formal de su vida, tiene un esquema híbrido. Dos días a la semana, no tiene que salir de su casa para ir a la oficina. “Algunos vecinos no me creían que trabajo desde casa. Pensaban que boludeaba con la compu”, cuenta entre risas. “Un trabajo así no es común por acá. Común es ser ayudante de albañil y esas cosas”, dice a sus 23 años.

Los días que va a la oficina, ubicada en la zona porteña de Tribunales, Cristopher tiene dos horas de viaje de ida y otras dos de vuelta. Se le suman a su jornada habitual de 9 a 18. A veces más, si en el recorrido se topa con accesos cortados o manifestaciones.

Antes de este puesto, las changas informales que conseguía eran cerca de su casa. Ahora, cada vez que el despertador suena a las 5.40 y le toca empezar a prepararse, no le pesa el madrugón; se levanta agradecido, asegura.

“Cuando me surgió esta posibilidad, a pesar de la distancia, nunca lo dudé. Estaba contento porque era mi primer trabajo formal. Es una oportunidad. Hay días que es cansador, pero voy con compromiso, trato de llegar a horario, ser responsable”, describe.

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Su frase resume uno de los hallazgos de un informe del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) sobre las preferencias laborales de los jóvenes que crecen en contextos vulnerables. El estudio identifica que las condiciones de formalidad, el acompañamiento que reciben y las perspectivas de capacitación son los atributos que más valoran dentro de un universo de características que también incluye el salario, el tiempo de traslado y la flexibilidad horaria.

El informe fue realizado entre octubre y diciembre del año pasado e incluyó 636 entrevistas a jóvenes de entre 18 y 26 años vinculados a programas de formación y acompañamiento para el empleo de Empujar, una organización que se dedica a preparar para el empleo a chicos que viven en la pobreza.

El 60% de los jóvenes consultados prefirió un empleo formal con acompañamiento aunque tenga horarios rígidos y demande 90 minutos de viaje que uno informal, cercano a su casa, flexible en horarios y con un salario 15% superior.

Cuando un puesto combina formalidad, capacitación, cercanía y flexibilidad, la probabilidad de que sea elegido trepa al 99% frente a alternativas informales mejor pagas. La capacitación, señala el informe, funciona como una especie de “activador”: es lo que puede volver aceptable un trabajo con mucha carga horaria o mucha distancia.

Cristopher vive en el barrio San Cayetano, en González Catán, y para llegar a su trabajo formal viaja cuatro horas por día
Cristopher vive en el barrio San Cayetano, en González Catán, y para llegar a su trabajo formal viaja cuatro horas por díaNicolás Suárez

La autora del trabajo, Victoria Anauati, sostiene que los resultados invitan a revisar estereotipos sobre las aspiraciones de los jóvenes de contextos vulnerables. Lo dice en referencia a la idea de que principalmente los mueve el salario. “Las decisiones no se explican solo por esa variable”, explica la investigadora de la Universidad Católica Argentina y asociada al CIAS, quien explica que estos jóvenes valoran la posibilidad de acceder a un empleo formal, adquirir experiencia, desarrollar habilidades y construir una trayectoria laboral.

De la changa al descanso mental

La responsable de Desarrollo Institucional de Empujar, Florencia Segal, cuenta que, dentro de la organización, historias como la de Cristopher, que acepta viajar cuatro horas por día para tener un trabajo, tienen algo de excepcional pero son frecuentes. “Vemos a diario casos de chicos que reorganizan toda su rutina porque entienden que esa primera experiencia formal puede cambiar el rumbo de su vida laboral”, dice.

Segal encuentra muchas experiencias como las de Cristopher, pero reconoce algo que la estadística expone: solo tres de cada 100 jóvenes de hogares muy pobres logran acceder a un trabajo formal, según una investigación del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

De todos los beneficios que le trajo su trabajo, los que más valora Cristopher son los intangibles. “Me da la oportunidad de mejorar. Me ofrece cursos, crecimiento: si estás comprometido y cumplís, la empresa te ayuda a crecer”, cuenta Cristopher y agrega que su supervisora lo impulsa a seguir estudiando.

Solo tres de cada 100 jóvenes de hogares muy pobres logran acceder a un trabajo formal
Solo tres de cada 100 jóvenes de hogares muy pobres logran acceder a un trabajo formalNicolás Suárez

Antes de esta posibilidad, la palabra “trabajo” significaba otra cosa para él: changas de ayudante de albañil los fines de semana, unos meses como ayudante de herrero, temporadas en un taller textil, un emprendimiento de venta de remeras con su hermano. Eran opciones informales en un entorno cercano marcado por la informalidad. Sus dos hermanos mayores trabajan en negro y su mamá, ya jubilada, trabajó toda su vida en la industria textil, también de manera informal.

Pero Cristopher estaba decidido a cortar esa herencia. Cursó un secundario técnico aunque le quedan dos materias. “Mi plan era hacer el profesorado de Educación Física y trabajar. Pero sin el analítico, no pude”, dice. Tampoco se le hizo fácil, cuenta, conseguir un buen trabajo.

En paralelo a las changas que conseguía, Cristopher empezó a hacer cursos de tecnología. Primero, uno de programación en Junior Achievement Argentina y después uno de soporte técnico en Empujar, que terminó a fines de 2024.

Con esa formación, Cristopher empezó a postularse para puestos de una bolsa de trabajo que Empujar tiene para sus egresados. En abril del año pasado, un compañero con el que había cursado le avisó que en su empresa había una vacante. “Después de tener algunas entrevistas, quedé”, dice.

Como empleado de la empresa, hoy accede a beneficios que, cuenta, no sabía ni que existían. Por ejemplo, puede elegir trabajar full home office durante ocho de las semanas del año y además puede tomarse hasta dos días de descanso mental por año. “Tengo pensado rendir las dos materias que me faltan para seguir en la universidad. Sé que con eso se me abrirían más puertas”, dice confiado.

“Este trabajo me da la oportunidad de mejorar. Me ofrece cursos, crecimiento", dice Cristopher
“Este trabajo me da la oportunidad de mejorar. Me ofrece cursos, crecimiento", dice CristopherNicolás Suárez

“Piensan en su futuro”

El estudio del CIAS reafirma que para jóvenes como Cristopher, un puesto formal es mucho más que un ingreso estable. De hecho, el relevamiento calcula cuánto salario estarían dispuestos a resignar a cambio de mejores condiciones.

Para eso, se les presentó a los participantes un par de empleos hipotéticos que variaban en cinco atributos —tipo de contratación, salario, tiempo de traslado, flexibilidad horaria e instancias de capacitación— para que eligieran cuál preferían.

El resultado es muy ilustrativo. Para que alguien prefiera un empleo informal por sobre uno formal, el informal debe pagar un 29% más. Mientras que la falta de instancias de inducción y devolución sobre el desempeño hace que ese empleo solo sea elegido si paga un 20% más.

Por otra parte, un horario rígido requiere un 18% de paga extra y viajar 90 minutos en lugar de 30 exige una compensación de entre el 14% y el 15%.

“Lo más valioso que muestran estos resultados es que estos jóvenes no están pensando únicamente en resolver el presente”, dice Segal. Y concluye: “También están pensando en su futuro. Buscan experiencias que les permitan aprender, crecer y abrir nuevas puertas”.

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  • Si trabajás en recursos humanos, sos empresario o tenés un comercio o emprendimiento, podés emplear egresados de Empujar, una organización que capacita y ayuda a conectar a jóvenes vulnerables con el mundo del trabajo formal. Podés contactar a Empujar desde este link.

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables