
¡Qué vergüenza!
—Elvira no quiere dar lástima.
Eso me avisaba Paula Soler hace unos días, después de que un productor de un canal de televisión le preguntara si podía ponerlo en contacto con Elvira, para entrevistarla, para que contara su historia, para que saliera en la tele.
Pero Elvira, según lo que le dijo ella misma a Paula, no quiere que le regalen nada.
Elvira Anaya cumplió 90 años, no tiene hijos y cobra una jubilación que no le alcanza para vivir. Por eso teje las batitas de bebé que vende en una plaza de Almagro. Si no lo hiciera, si no trabaja a su edad y a pesar de la artritis que le ataca las manos, no podría pagar las expensas, sus remedios, su comida.
—Elvira no quiere dar lástima ni que le regalen nada. Lo único que necesita es que le compren las batitas que teje.
Paula, que la conoció esta semana y contó su historia en LA NACION, me explica eso. Me dice que Elvira no está segura de hablar en la tele.
En parte, Elvira tiene razón: su presente da lástima. Da pena, disgusto, compasión, dolor, piedad… Todos son sinónimos.
Paula cuenta que Elvira lleva más de medio siglo de trabajo: empezó a los 18 y casi nunca paró. Fue empleada en la Marina, en el Instituto de Pensiones Militares, en una agencia de turismo…
Se jubiló con un poco más que la mínima, pero como no le corresponde el bono que el Gobierno anunció días atrás, es como si cobrara la mínima, que en abril será de 241 mil pesos. Todo esto mientras la canasta básica para un adulto mayor supera los 685 mil pesos, según datos de la Defensoría de la Tercera Edad.
—¿Qué harías si no tuvieses que salir a vender estas batitas? —le preguntó Paula a Elvira.
—Me quedaría en mi casa más tiempo. Me cansa salir. Aunque… quizás me iría al Palacio de la Papa Frita y me pediría una porción de esas que son infladas y un bife de chorizo.
La situación de Elvira se viralizó en redes sociales. De todos los comentarios, muchos de indignación, enojo con las sucesivas políticas previsionales y desesperación por ayudarla, me quedo con una afirmación:
—En cada barrio se ven jubilados en la misma situación —escribió Valeria.
Tiene razón: el 36% de los adultos mayores tiene lo que se llama un “subempleo inestable”, es decir un trabajo temporal mal pago o changas. Lo expone un informe del Observatorio de la Deuda Social de UCA. Es el registro más alto de los últimos 20 años.
En ese universo está Elvira y también Julia Imoberdoff, que es viuda, no tiene hijos y de jueves a sábados, hace un show en la esquina de Cerrito y Corrientes. Lo hace porque no le alcanza la jubilación: trabajó 40 años en el rubro gastronómico, pero si no sale a cantar, el dinero no le alcanza para una dieta especial y algunos remedios que necesita para tratar un cáncer.
A María Inés la conocimos por las redes sociales: tiene 87 años y vende muebles de madera para casas de muñecas en la vereda de la sucursal de un banco del centro porteño.
“Lo hago porque no me alcanza la jubilación para comer. Esa plata la uso para los remedios de mi hijo, que tiene depresión mayor resistente al tratamiento, dice el psiquiatra”, se lamentaba en un video que subió a Instagram Pablo Esposito, conocido por haber participado de Gran Hermano y hoy convertido en influencer solidario.

Gracias a una colecta que armó Pablo, María Inés consiguió el dinero para pagar los medicamentos de su hijo por lo menos por un mes.
Pero quiero terminar este mail con una anécdota que le contó Elvira a Paula y que grafica muy bien lo que añoran estos jubilados: algo de seguridad económica y nada de obsequios o regalos:
—El fin de semana pasado un chico me dio 1000 pesos. Qué vergüenza —le dijo Elvira mientras conversaban en la plaza de Almagro, en Bulnes y Sarmiento—. Yo vengo acá a vender lo que hago, no a pedir plata.
Como Elvira, todos deberíamos avergonzarnos por lo que están viviendo hoy, y desde hace varios años, miles de jubilados.
Eso es todo por hoy. Nos volvemos a ver la semana que viene. Que tengas un gran fin de semana XXL.
Te dejo un abrazo,
Javier
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