Su hijo tiene TGD: "El colegio hizo todo para que nos vayamos"

Valentino tiene trastorno generalizado del desarrollo y, desde el principio, el colegio al que asistía se negó a hacer las adecuaciones que él requería. En cambio, se centró en marcar todo lo negativo, aquello que no lograba.
Valentino tiene trastorno generalizado del desarrollo y, desde el principio, el colegio al que asistía se negó a hacer las adecuaciones que él requería. En cambio, se centró en marcar todo lo negativo, aquello que no lograba.
Cecilia Zolezzi
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24 de junio de 2019  • 14:19

"Mucho se habla de la educación inclusiva pero poco se practica", afirma Alicia (38), madre de Valentino, niño de cinco años con trastorno generalizado del desarrollo. "Muchos colegios hacen todo lo posible para que los papás nos cansemos y nos vayamos", opina basándose en la experiencia que vive con su hijo desde el año pasado.

Si bien son cada vez más los chicos incluidos en escuelas comunes -esa matrícula creció un 400% en 15 años-, especialistas y ONG coinciden en que todavía es grande la deuda en relación a las estrategias y abordajes que implementan.

Hasta los cuatro años Valen, como lo llaman sus padres, fue a una salita maternal sin maestra de apoyo. Al llegar a sala de cuatro, comenzó una nueva etapa en una escuela privada, a la que asistía su hermano mayor, en el barrio porteño de Villa Lugano. Sus padres junto a su equipo terapéutico decidieron que tuviera una maestra de apoyo que pudiera ayudarlo frente a los nuevos desafíos, sobre todo los vinculados a lo social y conductual.

Una nueva escuela significaba un enorme cambio en su rutina, elemento clave en su vida y en la de la mayoría de los niños. Por ello, durante los primeros días de clase, ni a sus padres ni a sus terapeutas les sorprendió el cambio en su conducta que se hizo visible en una mayor cantidad de berrinches.

"Muchos colegios hacen todo lo posible para que los papás nos cansemos y nos vayamos", señala Alicia, mamá de Valentino.
"Muchos colegios hacen todo lo posible para que los papás nos cansemos y nos vayamos", señala Alicia, mamá de Valentino.

Era evidente que Valentino necesitaba un tiempo para adaptarse a su nueva vida, como así también, la implementación de apoyos que facilitaran este proceso. Sin embargo, según cuenta su madre, desde el principio el colegio se negó a hacer las adecuaciones que su hijo requería y, muy por el contrario, se centró en marcar todo lo negativo, aquello que no lograba.

Todos los ajustes propuestos por su integradora y su equipo terapéutico fueron rechazados por la escuela. Desde no dejarlo durante la merienda comer las únicas galletitas que le gustaban (debido a un problema que tiene de alimentación), o no permitirle tener en la mano un elemento que lo ayudara a concentrarse, hasta obligar a la maestra integradora a retirarse con Valen frente a algún berrinche y luego impedirle el regreso a clase. Pese a la intervención y explicaciones del equipo terapéutico, la respuesta del colegio siempre fue que eran caprichos y que el niño debía acostumbrarse.

Sumado a esto, los directivos decidieron que el pequeño debía entrar y salir por una puerta diferente al resto de los alumnos. "Al principio acepté pero luego pedí que revisaran su decisión ya que noté que esto afectaba mucho a Valen porque quería salir junto a sus compañeritos y lloraba por esa razón. No hubo caso, no dieron marcha atrás", explica Alicia.

Esta rigidez por parte de la escuela, no solo no ayudó a Valentino, sino que incrementó su malestar. Otra de las consecuencias fue la incomodidad y posterior renuncia de la primera maestra integradora, luego de la segunda y, finalmente, de la tercera. La mala predisposición del colegio hacía imposible su trabajo.

"Este abordaje responde a una mirada centrada en el déficit, en aquello que al niño le falta para ser 'normal'. Es un modelo normalizador o integrador en el que subyace la idea de que es el niño el que tiene que esforzarse para adaptarse a la escuela y no viceversa como marca la ley", explica Gabriela Santuccione, coordinadora de Grupo Artículo 24, coalición de 170 ONG para quienes la educación inclusiva supone un cambio de mirada, modificar el foco de atención, poniendo el énfasis en el contexto, no en el individuo. Es decir, en cómo eliminar las barreras del aprendizaje, la participación y la presencia.

Enfrentar prejuicios

Aunque la resolución 311/16 del Consejo Federal de Educación establece que todas las escuelas tienen el deber de adoptar las medidas necesarias para garantizar que el alumnado con discapacidad aprenda y participe en igualdad de condiciones, la historia de Valen se repite por miles en nuestro país.

Es por ello que la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y Grupo Artículo 24 decidieron elaborar un sitio web con una guía práctica, que brinde información sobre los obstáculos que niños, niñas y jóvenes con discapacidad enfrentan en la escuela y sobre las herramientas que pueden utilizarse para reclamar el efectivo cumplimiento del derecho a la educación inclusiva.

"Buscamos informar para la acción y para el cambio. El sitio busca empoderar, desarticular prejuicios y hacer de las escuelas espacios en los que todos los niños y niñas sean bienvenidos y se sientan valorados", detalla Celeste Fernández, coordinadora del área de Discapacidad y Derechos Humanos de ACIJ.

Otra de las decisiones que tomó la escuela de Valen y que es una de las barreras más frecuentes que atraviesan las familias de niños con discapacidad, fue la de reducirle la jornada escolar a dos horas. "Esta situación cuando no encuentra otro fundamento más que la discapacidad, es discriminatoria", explican desde ACIJ y Grupo Artículo 24. Y aclaran que todas las personas con discapacidad tienen derecho a cursar todas las materias y a participar en todas aquellas actividades que se desarrollen dentro y fuera de la escuela, como actos escolares y salidas educativas o recreativas.

"Estas decisiones tienen un impacto negativo en la subjetividad de los niños. Los docentes deben comprender que el niño con discapacidad es un estudiante más y responsabilizarse por su aprendizaje", señala Fernández.

Si bien tanto los padres de Valen como su equipo terapéutico coincidían en que la reducción horaria no era positiva para el niño, no fueron escuchados. El colegio se escudó en los informes elaborados por la psicopedagoga de la institución, donde se maximizaban todas sus dificultades contradiciendo la opinión y diagnóstico de los profesionales que atendían al chico, incluido su neurólogo. "Por ejemplo, hablaban de agresividad cuando esa jamás fue una característica de Valen", explica su mamá.

Frente a esto decidieron hacer la denuncia por discriminación en la Dirección General de Educación de Gestión Privada (DEGEP) y en la fiscalía 22. En este sentido, Fernández afirma: "Es muy importante que las familias reclamen por los derechos de sus hijos e hijas. Cuando denunciamos estamos cambiando las prácticas y las culturas escolares, que hoy excluyen a muchísimos estudiantes".

También muchos padres terminan denunciando estos hechos discriminatorios sufridos en las escuelas, en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi). El año pasado, el organismo recibió 2631 denuncias, de las cuales el 20% tuvo como principal motivo la discapacidad.

Cansados de una escuela que lejos de centrarse en sus fortalezas, solo veía sus dificultades y que, sin respetar sus tiempos e individualidad, optaba siempre por excluirlo, los papás de Valen decidieron cambiarlo de colegio. Así fue como recorrieron varias escuelas y se toparon con otra de las barreras más comunes: la negativa de vacante por discapacidad.

"Me decían que me iban a llamar o que el cupo era limitado. Incluso una de las escuelas nos dijo que no integraban, cosa que es ilegal", cuenta Alicia.

Tal como lo establece la resolución 311/16, las escuelas no pueden rechazar a un chico con discapacidad. En consecuencia, no pueden utilizar el pretexto de no estar preparadas o ya tener cubierto el cupo por discapacidad, condicionar la inscripción a los resultados de diagnósticos médicos ni imponer o sugerir la derivación a escuela especial.

"Obligar a ir a entornos separados para educarse es segregar", explica Santuccione y agrega: "Estamos formando una sociedad que excluye. Una escuela que separa es una escuela que enseña a separar. La escuela actual reproduce y genera exclusión".

Para la coordinadora de Grupo Artículo 24, es una cuestión de decisión política. "Es necesario que las escuelas que rechazan a un alumno por motivos de discapacidad reciban una sanción. Hoy discriminar para estas escuelas no tiene costo", argumenta.

Actualmente, dado que no consiguieron vacante en ninguna otra escuela, Valen cursa sala de cinco en la misma institución. Su familia logró que a partir de este año asista al turno tarde completo y que le permitan entrar y salir por la misma puerta que sus compañeros.

Sin embargo, sus padres, cansados de tanta lucha, anhelan encontrar una escuela que pueda mirarlo de otra forma y que busque con creatividad y profesionalismo la mejor manera de acompañarlo en su crecimiento.

Según los especialistas que participaron del tercer simposio sobre educación inclusiva que tuvo lugar hace 15 días en Buenos Aires, la mirada centrada en el déficit es una de las principales barreras a la hora de incluir. Por otro lado, otro gran obstáculo es la soberbia de aquellas escuelas que se niegan a capacitarse porque creen ya saberlo todo.

Al respecto José María Tomé, pedagogo y experto en educación inclusiva, opina que no existe una escuela inclusiva sino que la misma es una construcción permanente. Y enfatiza que la clave es generar espacios de reflexión y capacitación docente.

Las barreras más comunes

Las ocho barreas más importantes según ACIJ y Grupo Artículo 24 consignadas en el nuevo sitio

  1. Excluir de la escuela a alumnos con discapacidad Las escuelas no pueden argumentar que no están preparadas o que el cupo para alumnos con discapacidad ya está cubierto, condicionar la inscripción a valoraciones psicopedagógicas, resultados diagnósticos o a la disponibilidad de apoyo ni imponer la doble matriculación o escolaridad mixta, entre otros.
  2. Derivarlos a escuela especial Toda escuela o funcionario que impone o sugiere la inscripción de estudiantes con discapacidad en una escuela especial incurre en un acto ilegal. Los padres tienen derecho a elegir la escuela de sus hijos. La educación inclusiva implica que todas las personas se eduquen juntas y las escuelas deben adoptar las modificaciones necesarias para ello.
  3. Personal de apoyo a la inclusión El sistema educativo debe asegurar la disponibilidad de personal de apoyo a la inclusión que requiera el alumnado con discapacidad durante su trayectoria escolar. No pueden negar el ingreso del niño por la falta de personal de apoyo o exigir el apoyo si el alumno no lo requiere. El apoyo debe trabajar colaborativamente con los docentes de la escuela.
  4. Negarse a implementar medidas de accesibilidad, apoyos o ajustes Las escuelas deben adoptar las medidas necesarias para que los estudiantes con discapacidad aprendan y participen en igualdad de condiciones: modificar las estrategias de enseñanza, ofrecer diferentes formas de comunicación en clase (lenguaje de señas, braille, etc.), modificar la infraestructura, reducir niveles de ruido en aula, entre otros.
  5. Proyecto Pedagógico Individual para la Inclusión (PPI) Los estudiantes tienen derecho a contar con un Proyecto Pedagógico Individual para garantizar su inclusión en todos los niveles de la escuela común. No todas las personas con discapacidad necesitan PPI, pero si lo necesita debe tener la oportunidad de que lo apliquen en todos los espacios curriculares, tales como idiomas, educación física, áreas de lógica, matemática, entre otros. El PPI no significa eximición de materias ni tener bajas expectativas de logro.
  6. Reducción de jornada Las escuelas deben permitir la asistencia de los alumnos con discapacidad durante toda la jornada educativa. La reducción de jornada es una medida propia del enfoque integrador: cuando la escuela siente que no puede enseñarle a una persona, decide excluirla en lugar de preguntarse a sí misma qué debe hacer para garantizar su plena participación.
  7. Imponer una permanencia Los equipos escolares no pueden imponer o recomendar que una persona repita el año escolar con fundamento en su discapacidad.
  8. Evaluaciones y títulos Los alumnos con discapacidad serán evaluados de acuerdo a su plan pedagógico individual (PPI) y recibirán un título primario y secundario al igual que el resto de los alumnos.

Dónde denunciar

Toda persona que se enfrente a alguna de estas u otras trabas puede presentar un reclamo frente a la escuela o ante el Ministerio de Educación de su provincia. Además, puede presentar una denuncia en el Instituto Nacional contra la discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) 0800-999-2345 o en la línea nacional de Convivencia: 0800-222-1197.

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