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“Teníamos 14 años”: sus compañeros de colegio les sacaban fotos debajo de la pollera y las viralizaban

Sofía tiene 19 años y cuenta cómo la marcó la difusión no consentida de imágenes de ella y sus amigas durante la secundaria; hoy, los deepfakes sexuales creados con IA plantean un nuevo desafío para familias y escuelas

La joven en su época de estudiante secundaria.
7'
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Durante un tiempo, subir las escaleras del colegio dejó de ser, para Sofía Forlenza, un gesto automático. Tenía 14 años y llevaba la pollera del uniforme de todos los días. Pero ya no podía hacerlo tranquila: sabía que alguno de sus compañeros podía estar detrás de ella con un celular y sacarle una foto por debajo de la pollera. Después, esa imagen podía terminar circulando entre decenas de varones.

No había empezado así. Al principio eran fotos que algunos compañeros les sacaban desde lejos durante los recreos. Después empezaron a compartirlas en grupos de WhatsApp y a puntuar a las chicas: “Esta es un 7”.

Con el tiempo, la situación escaló. Llegaron las imágenes tomadas por debajo de las polleras y las adolescentes descubrieron que aquello que creían que ocurría solamente en su colegio se repetía en otras instituciones de su ciudad, Posadas, en Misiones. “No podíamos creer que nuestros compañeros de curso hacían eso con nosotras, siendo que hacía años compartíamos el aula con ellos”, cuenta Sofía.

Hoy tiene 19 años, estudia segundo año de Abogacía en la Universidad Nacional del Nordeste y forma parte de la agencia de periodismo joven Buena Data. Todavía recuerda con claridad lo que significaba entrar todos los días a un lugar en el que ya no se sentía segura.

Sofía tiene hoy 19 años y está estudiando Abogacía.
Sofía tiene hoy 19 años y está estudiando Abogacía.

“No contábamos con las herramientas ni mentales ni para saber cómo reaccionar”, describe. Había algo especialmente difícil: quienes las vulneraban no eran desconocidos, sino los compañeros con los que compartían el aula. “Ya no queríamos sentirnos abusadas por nuestros propios compañeros de colegio, a quienes veíamos todos los días”, subraya.

Un encuentro gratuito para cuidar la salud mental

Organizado por Fundación LA NACION con el apoyo de Unicef, el evento reunirá a especialistas y jóvenes que hablarán de las emociones de los niños y adolescentes. El objetivo es brindar herramientas para familias y docentes. Será el 10 de septiembre y podrá verse en vivo por lanacion.com.ar, YouTube y Facebook Live.

“Nos sentimos muy solas”

Al principio, cuando buscaron ayuda, Sofía y sus compañeras sintieron que algunos adultos no alcanzaban a dimensionar lo que estaba ocurriendo: “Nos sentimos muy poco acompañadas, muy solas”.

Las chicas empezaron a hablar entre ellas y organizarse para visibilizar una problemática que habían detectado en varios colegios de la ciudad: “Nos dimos cuenta de que lo que estaba pasando era sistemático”.

Con el tiempo, y después de que las chicas se movilizaran, incluso con sentadas frente a varias escuelas, la situación comenzó a ser abordada institucionalmente. Hubo acompañamiento, se trabajó con los estudiantes y, según cuenta Sofía, aquellas prácticas dejaron de repetirse.

La experiencia le dejó una certeza: lo que ocurre detrás de una pantalla tiene consecuencias muy concretas. “Hay chicas que sufrieron ataques de pánico y dejaron de asistir a la escuela. Es gravísimo y no queda en el celular, en la pantallita”, reflexiona.

Lo que atravesaron Sofía y sus compañeras ocurrió hace apenas unos años y no involucró inteligencia artificial. Sin embargo, la lógica que había detrás —tomar o utilizar la imagen de una adolescente sin su consentimiento, sexualizarla y hacerla circular entre pares— adquiere hoy una dimensión nueva. Ya ni siquiera hace falta que esa imagen íntima exista. La inteligencia artificial permite crearla.

Los llamados deepfakes sexuales —imágenes o videos falsos de contenido sexual generados o manipulados con inteligencia artificial a partir de fotografías reales— irrumpieron con fuerza en las escuelas. Los casos recientes en los colegios Nacional Buenos Aires y Pellegrini volvieron a poner una pregunta urgente sobre la mesa: ¿cómo prevenir estas violencias y de qué forma actuar cuando una imagen ya empezó a circular?

“Es clave que los adultos se involucren”, asegura Sofía, quien participó del encuentro virtual “Deepfakes sexuales en la escuela: cómo prevenir y acompañar frente a la violencia digital”.

Organizado por Chicos.net y Fundación LA NACION, reunió a especialistas y testimonios en primera persona. Además de Sofía, participaron Marcela Czarny, fundadora y directora de Chicos.net; la periodista y docente Solana Camaño; la pediatra y psiquiatra infantojuvenil Silvia Ongini; el psicólogo y especialista en culturas juveniles Sergio Balardini; y la especialista en ciudadanía digital y ESI, Gisela Grunin.

Junto a sus compañeras y chicas de otros colegios, Sofía se movilizó para pedir respuestas por parte de las instituciones escolares.
Junto a sus compañeras y chicas de otros colegios, Sofía se movilizó para pedir respuestas por parte de las instituciones escolares.

Un fenómeno que crece

Algunos datos permiten dimensionar hasta qué punto las imágenes manipuladas con inteligencia artificial ya forman parte de la experiencia digital de los adolescentes.

Un reciente informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, realizado entre más de 900 estudiantes de 12 a 19 años, encontró que el 43% había recibido imágenes o videos manipulados con inteligencia artificial. Al mismo tiempo, apenas el 26% dijo haber recurrido a un adulto o a las autoridades escolares frente a situaciones de violencia digital.

Para Silvia Ongini, minimizar estas situaciones porque ocurren en el mundo digital o porque la imagen fue creada artificialmente puede profundizar todavía más el sufrimiento de quien las atraviesa. Que la violencia ocurra en el ámbito digital, subrayó, no significa que sea menos grave ni que tenga un impacto menor en la víctima.

Entre las consecuencias que puede desencadenar una situación de estas características mencionó depresión, ideación suicida e intentos de suicidio. Para la especialista, la vulneración de algo que la víctima nunca consintió puede resultar profundamente intrusiva y traumática.

Por eso, la primera respuesta adulta resulta determinante. Frases como “pero la imagen no es real”, “no te puede afectar tanto” o incluso “¿por esto le va a arruinar la vida a ese chico?” no son inocuas. “Es no dimensionar el impacto traumático”, señaló Ongini. Frente a una víctima que llega atravesada por el dolor, ese tipo de respuestas puede hacerla sentir todavía más aislada. La primera regla, sostuvo, es no minimizar.

Qué pueden hacer las escuelas

¿Qué hacer, entonces, cuando una situación de estas características irrumpe en una escuela? Para Solana Camaño, periodista, docente e investigadora de estas problemáticas, una de las primeras claves está en cómo recibe un adulto el relato de una víctima.

Recomendó que si una adolescente se acerca a contar lo que está viviendo, hay que escuchar y registrar la información necesaria para evitar que tenga que repetir una y otra vez los detalles frente a distintos actores de la institución. “Ese primer relato es muy relevante”, explicó. El objetivo es evitar la revictimización y correr del centro dos sentimientos que aparecen con frecuencia: la culpa y la vergüenza.

La intervención tampoco puede limitarse a quien creó la imagen y quien la sufrió. En una viralización hay una cadena más amplia: quienes reciben el contenido, quienes callan, quienes se ríen y quienes lo reenvían.

Para Gisela Grunin, especialista en Educación Sexual Integral (ESI) y ciudadanía digital, trabajar con ese grupo también es parte de la prevención. “El consentimiento es el concepto clave en todo este tema”, sostuvo. Una imagen publicada en una red social no queda por eso disponible para cualquier utilización.

Grunin destacó además una herramienta que las escuelas ya tienen: la ESI. Hablar de consentimiento, intimidad, vínculos respetuosos y mandatos de género permite intervenir antes de que aparezca un caso.

Y justamente en ese “antes” puso el foco Sergio Balardini. Para el psicólogo, especialista en culturas juveniles, la prevención exige trabajar también con los varones y hacerlo mucho antes de que aparezca una situación de violencia. “Hay que trabajar en la prevención, no solo responder frente a la situación cuando sucede”, planteó.

Y agregó: “La formación, la capacitación y el diálogo y la conversación con varones deben comenzar muy, muy tempranamente”.

Porque cuando una imagen ya fue creada y empezó a circular, el daño puede ser difícil de detener. El desafío, coincidieron los especialistas, es llegar antes.

Hablemos de Todo

Esta nota forma parte de Hablemos de Todo, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca cuidar y acompañar la salud mental de los niños y adolescentes. El proyecto ofrece herramientas, visibiliza historias en primera persona y acerca recomendaciones de especialistas.