Tiene 19 años, creció sin un baño y vendió sus cuadros para poder tener uno: “Darme una ducha caliente era mi sueño”
Milagros Checchis Biscaro vive en un barrio vulnerable de Florencio Varela; habla de las dificultades que pasa una adolescente que no cuenta con ese espacio en su casa
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En el almanaque de Milagros Checchis Biscaro, una joven de 19 años, que vive un barrio de calles de tierra de Florencio Varela, hay un fin de semana que está marcado con un corazón. No es la fecha de un cumpleaños ni de una salida con amigos. Arriba del corazón está escrita la palabra “baño”.
El viernes, antes de esa fecha, Milagros no durmió bien. Un poco por la ansiedad y otro poco porque la noche no fue muy buena. Llovió mucho y tuvo que entrar un balde a su casa, una casilla de madera y techo de chapas en la periferia del barrio Ingeniero Allan. El balde no era para las goteras, era por las dudas, porque Milagros, hasta ese viernes, no tenía baño.
Cuando llueve realmente se le complicaba hacer lo usual: salir y caminar unos metros hasta la casa de material a medio construir donde vive su mamá y sus dos hermanas. Golpear la puerta, que está cerrada con llave por seguridad, y en medio de la oscuridad, mirar atenta hacia la calle a su derecha, hacia el bosquecito del fondo a su izquierda mientras espera a que le abran. Después, entrar al “baño”: un inodoro empotrado sobre un pozo y apenas resguardado del comedor de la casa por una sábana y un biombo de madera.
Pero ese viernes a la mañana ya no llueve, se levanta a las 6, se asea en lo de su madre, con agua que calentó en una cacerola. Se peina hacia atrás con una bandana, toma su mochila y con una sonrisa camina cinco cuadras hasta el asfalto, se toma un colectivo y después otro que la lleva hasta La Plata. Para evitar un tercer transporte, camina 10 cuadras hasta la Facultad de Bellas Artes, donde estudia el profesorado en Artes Plásticas con orientación en Pintura.
A su casa volverá pasado el mediodía y comenzará a contar hasta los minutos para que llegue el sábado. “Es difícil no tener un baño en el que me pueda lavar la cara en una bacha, en el que me pueda dar una ducha caliente cuando llego cansada de la facu o simplemente cuando quiera. También es complicado salir de noche, con frío, para usar el baño de mi mamá”, dice a LA NACION ese viernes por la tarde.
La realidad que vive Milagros es la que viven 900 mil niños, niñas y adolescentes que en la Argentina crecen sin baño o tienen uno muy precario dentro o afuera de su casa, con un inodoro sin descarga mecánica de agua, sin conexión cloacal, ni lavatorio, ni ducha, ni agua caliente, ni luz, como lo expone un informe elaborado en exclusiva para LA NACION por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.
Según una investigación publicada por LA NACION, esos adolescentes y niños sufren diferentes dificultades al no tener un baño. Sufren la falta de privacidad; se enferman seguido porque hasta lavarse las manos les es difícil; llegan a sufrir depresión y aislamiento porque sufren bullying de compañeros de colegio, o porque evitan ir a lugares porque se sienten sucios o porque se avergüenzan y no invitan amistades a sus casas.
Esta problemática ocurre cerca de grandes ciudades, en barrios donde no hay red de agua ni cloacas, y tampoco servicio de luz. El barrio donde vive Milagros no cuenta ni siquiera con el servicio de recolección de basura y está ubicado apenas a una hora en auto de la ciudad de Buenos Aires y a 40 minutos de La Plata.
Los responsables de que haya, o no, servicios en esos sectores del AMBA son los municipios en conjunto con Aysa, la empresa pública, dependiente del Estado Nacional, de servicios de agua potable y tratamiento de desagües cloacales. Desde allí explicaron a LA NACION que la zona de Ingeniero Allan les fue transferida en 2017 “sin presupuesto ni proyectos previos”, puntos en los que aún trabajan. En cuanto al resto del AMBA, “solo se están haciendo trabajos e intervenciones de mejora y mantenimiento”. En cambio, desde la Municipalidad de Florencio Varela no dieron ninguna respuesta.
“Tener un baño es un privilegio. La vida es más hostil para quienes no tienen una canilla a pasos de la cama porque todo se complica. Más para un adolescente que está construyendo su personalidad y necesita su privacidad y quiere verse bien”, explica a este medio Tomás Sicouly, un ingeniero industrial de 34 años que junto a un grupo de amigos fundó Módulo Sanitario, una organización desde 2015 construye baños en barrios vulnerables como el de Milagros.
—¿Invitás amigas?
—No mucho, por un tema de comodidad, porque tengo que llevarlas al baño de mi mamá. Si es alguien que recién conozco, claramente no quiero hacer eso.
—¿Te da vergüenza?
—Sí, un poco sí y también me da como impotencia. Pero ya no va a ser así. Voy a tener mi baño.
La felicidad del primer baño
Ese viernes, Milagros le muestra a Tomás el pozo que ella cavó a pala e ilusión, con ayuda de su hermana mayor, a un metro de la casita donde vive. En ese pozo colocarán dos tachos industriales que funcionarán como cámara séptica.
La joven luego se emociona cuando Tomás le explica cómo será su baño: una casilla de madera que se anexará a su casa y que tendrá un receptáculo para la ducha con agua caliente y fría, con un calefón eléctrico conectado a una entrada de agua, una bacha, un inodoro y luz eléctrica.

Milagros pagó el 10% de ese baño y está orgullosa. Ese porcentaje es el que la organización le cobra a los beneficiarios. Son unos 160 mil pesos de un total de 2 millones de pesos que sale en total. Los baños que construye Módulo Sanitario son económicos. Un baño estándar, con mano de obra y todos los artefactos, puede salir unos 11 millones de pesos, que equivalen a 43 salarios mínimos. Algo que sería imposible para Milagros y para la mayoría de las familias de bajos recursos.
Tomás la felicita por el esfuerzo. La joven sonríe y cuenta que logró juntar el dinero gracias a que pudo vender varios de los cuadros que pinta. Su cuenta de Instagram es una herramienta donde promociona su arte y un espacio donde refleja sus logros.
Milagros vive en Ingeniero Allan desde los 10 años, después de que sus padres se separaran y vendieran su casa en Berazategui, donde estaban cerca de todo, de los comercios, de los colectivos, de la escuela. Con ese dinero su mamá compró un lote barato, sin servicios, y comenzaron a construir la casa.
“Al principio estaba feliz, pero en la adolescencia empecé a estar triste porque no tenía una habitación propia, no tenía privacidad ni en el baño. Me empecé a deprimir, sentía que no había un lugar para mí, a pesar del esfuerzo de mi mamá”, cuenta.
Siempre tuvo facilidad para el dibujo, así que a los 17 decidió vender retratos de mascotas para construir una casilla en el mismo terreno familiar. “Fue muy duro, en vez de irme de joda con mis amigos yo me la pasaba dibujando para comprar machimbre, pero lo logré”, dice.
Milagros muestra con orgullo su casa: a un costado de la puerta hay unos almohadones en el piso donde duermen su gato y su perro; a un costado, está su cama, y al lado, su escritorio, donde estudia y trabaja, y donde están sus dibujos, sus lápices, sus temperas y sus pinceles.
En las paredes de machimbre, forradas con una tela aislante negra, hay carteles con frases como: “Vos podés, sos una mujer fuerte”. Ella explica: “Una amiga me dijo que sirven de inspiración, los leo cuando todo se pone difícil”. Así lo hizo el año pasado, cuando dejó a mitad de año la carrera porque no llegaba a pagar el costo del viaje a la facultad. A fuerza de pintar y pintar, este año retomó.
En otra de las paredes se puede ver lo que es una suerte de collage de fotos con deseos. En las ilustraciones hay una casa en construcción, un baño con cremas para el pelo y champús, y una heladera llena de comida.
No habla de la heladera, pero sí dice que tenía el pelo horrible cuando estaba deprimida, pero que comenzó a cuidarlo más cuando se mudó, cuando entró en la facultad, cuando comenzó a ganar sus grandes batallas.
“Voy a poder invitar amigas”
“Dentro de poco voy a cumplir mi sueño de tener un baño. Siento que es como un premio por todo mi esfuerzo”, suspira Milagros y no quiere llorar, pero un poco llora.
Ese fin de semana, junto con los voluntarios de la organización y unas amigas, serruchará maderas para hacer una escalerita para el baño. Y el domingo, a la hora de la inauguración, se emocionará. Hablará de la importancia de los que dan oportunidades, cuando todo es cuesta arriba.
Una semana después, Milagros recibe a LA NACION y se la ve feliz y relajada después de una jornada de facultad y estudio. Dice que ahora enfrenta el día de otra manera, que duerme mejor, que no se preocupa porque no tiene que salir de su casa de noche, que se puede dar una ducha cuando quiere, que puede invitar a sus amigas porque tiene el baño dentro de su casa.
Tiene las uñas pintadas, el pelo suelto, brillante, más brillante que antes porque se puso una crema especial para el pelo, como la que se veía en el collage de deseos. Ahora puede pensar tranquila en la próxima imagen que pondrá allí, mientras estudia para vivir de lo que ama. “Mi sueño ahora es comprarme un colchón, y el más grande es tener una casa de material, pero voy paso a paso”.
Cómo colaborar:
Módulo Sanitario lleva construidos más de 1600 baños en 10 provincias. La ONG sostiene su obra gracias al trabajo de voluntarios y donantes particulares y empresas. Para apoyar su obra, podés:
● Participar como voluntario en Buenos Aires, Córdoba y San Luis
● Hacer posible su trabajo con una donación mensual
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