Trasplantes: altruismo vs recursos y comunicación

Gabriel Gondolesi
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25 de abril de 2019  • 10:02

Hace unos días, varios medios periodísticos dieron a conocer la noticia de que la familia de un receptor renal colaboró en el traslado del órgano asignado, llevándolo en su propio auto, ante la solicitud del médico y con la finalidad de no retrasar el proceso de implante.

Inicialmente, sentí como muchos colegas, malestar por lo ocurrido y creí que como médicos debíamos pedir disculpas.

Pero luego, volví a reflexionar, no pudiendo dejar de mencionar que trabajo en la actividad del trasplante desde el año 1992 y que quizá sea uno de los temas médicos en los que puedo expedirme con rigor científico y técnico. Y eso me llevó a escribir las siguientes líneas.

Sí, señores periodistas y jueces de una sociedad que tiene la capacidad de valerse de la crítica en lugar del pensamiento reflexivo para mejorar; quien envió el riñón en el auto del receptor debió haberlo hecho de otra manera. Pero el resultado final fue un trasplante concretado bajo un "sistema legal" y una vida pudo ser salvada.

Yo mismo, en muchas oportunidades, debí decidir traer en los aviones privados con los que vamos a buscar el órgano, al receptor, pidiendo autorización para que se suba y venga a trasplantarse, por no haber otra forma posible de traslado.

Cuántas veces pilotos de línea traen en sus vuelos órganos en la cabina o bajo el cuidado de una azafata. Esto se hace en países desarrollados como España, cuya tasa de donación se aproxima a 50 donantes por millón de habitantes al año (nosotros estamos en 15); en países como Irán, donde la religión debió aceptar la donación y, por contar con escasísimos recursos, los traslados de órganos en forma aérea solo los hacen con azafatas o pilotos y en vuelos de cabotaje.

Su responsabilidad es recibir y entregar un paquete, con un contenido cuidado y preparado bajo rigor médico y protocolos internacionales.

Es decir, exactamente lo mismo que debió hacer el familiar, de quien quisiera saber cómo se sintió, ya que al transportar ese órgano; además de la responsabilidad y el orgullo por cooperar, lo llevó seguramente a sentirse y ser partícipe de todo el proceso.

Causas múltiples, optimización de tiempo y costos, o falta de aviones para poder coordinar los vuelos, hacen necesario el recurrir a un recurso de este tipo, tan altruista como la propia donación.

Sí: falta de disponibilidad de aviones. Esto ocurre más frecuentemente de lo que se menciona y puedo dar ejemplos. Ante cumbres económicas en países vecinos, no quedaban aviones disponibles. En 2014, cuando nuestra querida selección de fútbol jugó en Brasil, sus integrantes, familiares y autoridades que volaban a ver los partidos, nos dejaron sin aviones; y los trasplantes se hicieron igual, coordinando ablaciones regionales, ambulancias y comenzando las cirugías en el receptor horas antes.

Creo que muchos de ustedes recordarán las últimas inundaciones de la ciudad de La Plata, en las que hubo un número aún indeterminado de muertos, pero cuya causa ya fue cerrada. Bueno, esa misma noche, mientras la ciudad se inundaba, quien escribe tomó la decisión, junto al equipo de Cucaiba, de aceptar un órgano pediátrico cuya ablación se realizó con alternadores eléctricos en el Hospital de Niños de esa ciudad, y para la cual se prepararon además de ambulancias, una lancha para desplazar al equipo médico que logró no solo concretar el operativo, sino el trasplante de una niña de 3 años, que recientemente cumplió 9.

Pregunto: ¿alguien se motiva con noticias positivas y constructivas de aquellos héroes anónimos, que van desde la familia donante al que espera un órgano? ¿Hay mala praxis por estos hechos? No recuerdo una comunicación de mala praxis a profesiones del derecho, la política o el periodismo. ¿O ellos no cometen errores producto de su práctica profesional?

Lo ocurrido es responsabilidad de un profesional, que trató de resolver un problema, o de alguien que debió pedir la ayuda ante la "falta de algún recurso", luego de operativos que duran más de 24 horas.

¿Alguien se preguntó si en el trabajo cotidiano los profesionales de la salud cuentan con recursos y medios como los hay en los países desarrollados? ¿Alguien se planteó que, mientras los diputados y senadores aprueban una "ley verde", que ha empezado a impactar en la donación, el gobierno nos dejó, como solo a pocos países del mundo, sin un Ministerio Nacional de Salud centralizado en políticas sanitarias, para unificarlo con el de Bienestar Social?

Exigimos tener un auto de alta gama, pero invertimos en un carro tirado por caballos. Como médico, me gustaría que nos ocupemos de estos temas con mucha mayor seriedad y profundidad que una simple nota, como la que me llevó a escribir esta columna.

Ya que la corrupción mata, la inoperancia mata, pero la información inadecuada en sociedades afectadas por la falta de educación, lleva a crear preconceptos de los más difíciles de revertir y que han hecho, por ejemplo, que por dos décadas nuestra donación solo llegue a un 25% de la de otros países. Y esto también mata.

Todos podemos llegar a necesitar un trasplante, pero cada día que se nos repara un diente, hay un donante de tejidos implicado en ese procedimiento.

La donación y el trasplante de órganos fueron, son y serán el mayor acto de altruismo humano, y así será recordado el día que no lo necesitemos más. No dejemos que esta tarea se vea empañada.

Prof. Dr. Gabriel E. Gondolesi, MAAC, FACS*

Médico cirujano de trasplantes

Profesor

Investigador del Conicet

Vocal por LA de la Sociedad Mundial de Trasplante (TTS)

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