Trastornos de la alimentación: qué los provoca y cuáles son las señales de alerta

María Ayuso
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12 de noviembre de 2019  • 15:45

"Ser delgado o no ser" es el mandato que busca imponernos muchas veces la sociedad moderna: vivimos inmersos en la cultura de lo estético, donde se ensalza constantemente el ideal del "cuerpo perfecto", asociado con la belleza y el éxito.

En ese contexto, los especialistas alertan sobre un incremento en los trastornos de la alimentación en los que intervienen una multiplicidad de factores que incluyen: la predisposición biológica, la vulnerabilidad emocional y las características de la personalidad (como la dificultad de poner en palabras las emociones) y del entorno familiar y social. "Son enfermedades graves con complicaciones físicas y psicológicas que ponen en riesgo la vida: no solo están apareciendo nuevos trastornos, como la ortorexia, sino también otros grupos de riesgo", subraya Juana Poulisis, psiquiatra y autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios.

Los profesionales señalan que el perfil de quienes eran considerados los grupos más vulnerables (adolescentes mujeres) se está ampliando: hoy aumentan cada vez más las consultas de niños y niñas, de varones de todas las edades y de mujeres de más de 40, quienes muchas veces abusan de los laxantes, los diuréticos, la hiperactividad física y las dietas excesivas.

En el caso de los niños, los trastornos de alimentación son especialmente riesgosos porque pueden escalar rápidamente deteniendo su crecimiento y desarrollo. "Vemos cada vez internaciones a edades más tempranas, por ejemplo pacientes de 10 años que comienzan siendo comedores selectivos. Cuando el trastorno se da en un chico hay que actuar muy rápido, porque puede ser fulminante en muy poco tiempo", enfatiza Poulisis. Y agrega: "Por otro lado, tenemos el otro polo que es el de las mujeres adultas y también hombres, que no aceptan el cambio corporal propio del envejecimiento".

¿Cuáles son las señales de alerta?

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Algunas señales de alerta

  • Aislamiento: acompañado de irritabilidad, depresión y malhumor. Enojos desmedidos cuando se les ofrece comida.
  • Notorio cambio de hábito alimentario: restricción de alimentos, rehusarse a comer o saltear comidas. En el caso de la anorexia, por ejemplo, cortar la comida en trozos muy pequeños.
  • Obsesión por el cuerpo: se miran constantemente en el espejo, se pesan. Tienen gran preocupación por la imagen corporal.
  • Sobreexigencia: un grupo vulnerable son las personas autoexigentes y perfeccionistas, dispuestas a cualquier cosa con tal de lograr aprobación.
  • Aparición de lanugo: se hacen visibles pelitos finos que crecen en la zona de la espalda, que salen en un esfuerzo del cuerpo por conservar el calor.
  • Esconder o acumular comida: falta de dinero en la casa (para comprar comida y laxantes). Falta comida, por los atracones. Se encuentran envoltorios de laxantes o de comidas escondidos en los dormitorios.
  • Cambios en el peso y la talla : detenimiento del crecimiento o excesiva pérdida de peso o falla en mantener un peso saludable.
  • Conductas post comidas: levantarse de la mesa inmediatamente después de comer e ir al baño. Ropa manchada por los vómitos.
  • Hiperactividad: exceso de actividad física, movimientos excesivos de piernas o moverse muchos en la casa.

Trastornos de la alimentación: algunas señales de alerta

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Cómo acompañar

¿Qué hacer si estamos preocupados? Depende de la edad. Paula Hernández, psicóloga y coordinadora general de La Casita, explica que si notamos algo que nos llama la atención, lo mejor es ampliar la red para ver si hay otras personas que están notando esas señales. Y da una serie de recomendaciones:

  • Intervenir. En caso de que se trate de menores, lo mejor es hablar con algún adulto, ya sea el papá, la mamá o algún profesor. Tiene que ser una persona significativa que pueda intervenir.
  • No dejarlos solos ya que muchas veces las personas con un desorden alimentario se aíslan, dejan de salir o de contestar llamados. Por eso, los amigos no lo deben tomar como algo personal sino que es bueno que entiendan que quien padece un trastorno de la alimentación está pasando por un mal momento. Y cuando se trata de planificar programas o salidas, el consejo es buscar aquellas actividades que no estén relacionadas con la comida,ya que eso es lo que más le cuesta.
  • No hacer comentarios relacionados al aspecto físico. Es aconsejable hacer mención al estado de animo, su actitud o al vínculo pero no a su apariencia. Por ejemplo: tenés la mirada más alegre o te noto más animado.
  • Toda la ayuda debe estar orientada a que la persona comience un tratamiento debido a que estos trastornos no se resuelven solos, necesitan un enfoque interdisciplinario. La recuperación se vuelve más fácil cuando las conductas no están tan instaladas y también sirve para evitar el desencadenamiento de otras patologías.

A dónde recurrir en busca de ayuda

La Casita: es un Centro de atención y prevención para adolescentes y jóvenes y su familia. Para el abordaje de la problemática que pueda surgir, trabaja enfatizando los recursos de la persona y su sistema familiar apoyándose principalmente en el grupo de pares. Tel.: (011) 4787-5432.

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