
Carlos Waisman: “Para Argentina, la apertura plena es la única alternativa, pero debe ser socialmente viable”
El conflicto entre el Gobierno y el Grupo Techint encendió un debate fundamental. ¿Es posible una Argentina de economía abierta y sostenible socialmente? El sociólogo hizo su análisis

“La apertura económica es inevitable para que Argentina vuelva a ser un país rico, con mejores niveles de vida y movilidad social”, afirma. “Preferir la empresa argentina porque es argentina y porque hay puestos de trabajo en juego son típicos argumentos proteccionistas”, dice. “Si una empresa es no competitiva, debe cerrar. La destrucción creativa es esencial para que haya un capitalismo eficiente”, subraya, pero agrega: “Para los trabajadores desplazados y para los empresarios que quiebran, deben existir mecanismos de amortiguación que reduzcan el costo social de la transformación económica”, sostiene. “La posición que debería tener el Gobierno es decir: hay que proteger a los trabajadores, pero no los puestos de trabajo”, matiza. “A la larga, la mayoría se va a beneficiar, pero en el corto plazo los sectores que se perjudican van a ser más que los que se benefician”, desarrolla. “La Argentina se estancó y pasó a ser un país subdesarrollado típico por una economía basada en sustitución de importaciones”, señala y sigue: “Generó un sector manufacturero muy grande sin capacidad o con limitadísima capacidad de exportación”.
“En la Argentina, la apertura se da en condiciones desfavorables comparadas con la que tuvieron otros países cuando emprendieron la apertura, pero si queremos volver a ser un país con alto nivel de vida, no tenemos alternativa a abrir la economía”
“Hasta la década del 30, la Argentina no solamente era un gran exportador de productos agrícolas sino que desde el principio del siglo XX vivió un proceso muy dinámico de industrialización en una economía muchísimo más abierta que la que vino después”, describe y desarrolla: “Eran industrias que no solamente proveían al mercado interno sino que podían resistir la competencia de importaciones”. “Para un gobierno, el problema es cómo administrar la apertura y reducir los costos sociales”, plantea. “La apertura plena debe suceder cuando se hayan establecido mecanismos de amortiguación de los costos sociales. Hay que hacer la economía de mercado abierta socialmente viable”, afirma. “La solución al problema del empleo va a estar en los servicios, no en la industria manufacturera. El gran problema es cómo reconvertir un trabajador manual de la industria manufacturera en un trabajador de servicios”, advierte. “A diferencia de la Unión Europea, la Argentina no puede recibir del exterior fondos como los de cohesión o los de infraestructura que amortiguaron el costo social de la transición en otros países”, distingue. “El secuenciamiento de las políticas es importante: hay que abrir la economía plenamente, pero una vez que tengamos crédito más fácil que el que existe, una reforma laboral que facilite la reestructuración de las empresas y políticas activas de empleo”, aclara. “El apoyo financiero de Trump-Bessent no es equivalente: fue un apoyo para impedir un default; no es el tipo de apoyo que recibieron países como España”, precisa. “La agenda de apertura no puede ser únicamente la bandera del Gobierno y sus aliados inmediatos”, alerta. “En Chile ha habido una ventaja para la apertura económica: ha sido el hecho de que el partido de centro izquierda y el centro derecha compartían continuar y mejorar el proceso de apertura económica”, compara. “En la Argentina, la apertura se da en condiciones desfavorables comparadas con la que tuvieron otros países cuando emprendieron la apertura, pero si queremos volver a ser un país con alto nivel de vida, no tenemos alternativa a abrir la economía”, asegura. “Si queremos que los bancos den préstamos de largo plazo, con tasas bajas, para que las empresas se reconviertan, tiene que haber confianza en la continuidad de estas políticas cuando cambie el signo político del Gobierno”, concluye.

El respetado sociólogo Carlos Waisman estuvo en La Repregunta. Waisman es doctor en Sociología por la Universidad de Harvard. Es profesor emérito de Sociología y de Estudios Internacionales por la Universidad de California, San Diego. Desde hace años, su trabajo se enfoca en la sociología política comparada, y especialmente en las consecuencias del proteccionismo y el libre mercado y el caso de la Argentina y su viraje hacia una economía subdesarrollada.
Apertura vs proteccionismo. El conflicto entre el Gobierno y el Grupo Techint encendió un debate fundamental. ¿Es posible una Argentina de economía abierta y sostenible socialmente? Para crecer y crear empleo, ¿la apertura económica es la salida? ¿Por qué Chile pudo crecer, reducir la pobreza y la desigualdad y mejorar los salarios con apertura económica y Argentina, no? ¿Por qué no alcanza el apoyo financiero Trump-Bessent para consolidar la apertura plena? Waisman hizo su análisis. Aquí, la entrevista completa.
Argentina, ¿de la apertura y el desarrollo a la sustitución de importaciones y el subdesarrollo?
-Durante muchas décadas, en la Argentina, el proteccionismo tuvo muy buena prensa. Eso está cambiando notoriamente, con mayor peso de la apertura económica y sus posibilidades. Ahora, también hay preocupación en torno a la apertura económica o al libre mercado. Surge una pregunta: ¿la apertura económica de la Argentina y su ingreso a una etapa de libre mercado, lo más amplia posible, conduce a una Argentina sostenible en cualquier condición que se realice, o hay que hacer algunas distinciones?
-La cosa es complicada. En mi análisis, y ahora muchísima gente dice cosas parecidas, el cierre de la economía desde la posguerra es la causa central de lo que yo llamo la “reversión del desarrollo” en la Argentina. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la Argentina no era considerado un país subdesarrollado, un país latinoamericano típico. Se lo concebía, en cambio, como lo que en la terminología de la época de la literatura económica de los años 20 y 30 se llamaba “tierras de asentamiento reciente”. Se agrupaba a la Argentina con países como Canadá, Australia, Nueva Zelandia, entre otros, más que con países como México o Brasil. Y eso porque los niveles de vida, y cuando hablo de niveles de vida no hablo solamente en términos de promedio sino indicadores tales como salarios de los trabajadores, eran más comparables a los de Europa que a otros países de América Latina. Si uno mira la Argentina de la década del 30, los salarios de los trabajadores eran más altos que en la mayoría de los países del sur de Europa más que de Europa occidental en general. Y eso es lo que explica la inmigración masiva de europeos a la Argentina. En la gran emigración europea entre mediados del siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial, o mejor dicho, y la crisis del 30, la Argentina fue el segundo país receptor de inmigrantes europeos en el continente americano detrás de Estados Unidos. El estatus argentino hasta la Segunda Guerra Mundial era el de un país rico.
“La Argentina se estancó y pasó a ser un país subdesarrollado típico por una economía basada en sustitución de importaciones”
-Y a eso usted lo conecta directamente con la capacidad exportadora y la apertura económica también para recibir importaciones.
-Sí. La Argentina no solamente era un gran exportador de productos agrícolas sino que desde el principio del siglo XX vivió un proceso muy dinámico de industrialización en una economía muchísimo más abierta que la que vino después. Eran industrias que no solamente proveían al mercado interno sino que podían resistir la competencia de importaciones. Ahora, lo que se genera después de la Segunda Guerra Mundial es lo que se llamó una economía basada en la sustitución de importaciones: junto con el sector agrícola internacionalmente competitivo, se generó un sector industrial que requería divisas para sus insumos, pero sin una capacidad muy pero muy limitada de producir divisas exportando. Así se generó una economía dual en la cual el sector manufacturero llegó a tener una proporción de la fuerza de trabajo comparable a la de muchos países industriales, con la diferencia, naturalmente, de que se trataba de un sector industrial con muy escasa capacidad de exportación.

-Para entender bien: ¿escasa capacidad de exportación y escasa capacidad de resistir a la competencia de importaciones?
-Estaba protegido por altísimos aranceles de importación y distintas barreras no tarifarias que le proporcionaban lo que se podría llamar un mercado cautivo. A esa dualidad económica, poco a poco se fue generando un dualismo social. La Argentina no era una sociedad dual a mediados del siglo XX, no era una sociedad en la cual existía un sector ligado de manera estable a la estructura ocupacional y otro sector marginado o excluido de una inserción estable pero ocupacional. Existía este sector, pero era relativamente pequeño. Fue creciendo a lo largo de las décadas a medida que la Argentina se estancaba. De modo que mi análisis, debido a este tipo de economía basada en sustitución de importaciones que generó un sector manufacturero muy grande sin capacidad o con limitadísima capacidad de exportación. La Argentina se estancó y pasó a ser un país subdesarrollado típico.
Debate Milei vs. Techint. ¿Cómo pensar el libre mercado argentino?
-Quiero conectar ese cuadro histórico y evolutivo con la coyuntura y la discusión actual en la Argentina, y el futuro: la posibilidad de que la Argentina asuma una matriz de apertura económica. Este debate recrudece por estos días por el resultado de la licitación de los tubos para el gasoducto de Vaca Muerta que va desde Neuquén a Río Negro, que el consorcio privado que llamó a esta licitiación adjudicó a la firma india Welspun. ¿Cuánto de la historia de ese debate explica algunas de las posiciones actuales? El Grupo Techint plantea que hay una apertura indiscriminada y predatoria y el Gobierno, en una línea conceptual parecida a la suya, sostiene que ese proteccionismo impide el desarrollo de un sector industrial competitivo que beneficia a todos. ¿Cuántos del marco conceptual que usted describe echa luz sobre este debate presente?
-Este caso ilustra muy bien la complejidad del proceso de apertura de la economía y los desafíos que enfrenta la industria argentina por lo siguiente: la apertura económica es inevitable para que la Argentina vuelva a ser un país rico, con mejores niveles de vida para la población y mejores oportunidades de movilidad social. El problema es que toda apertura es dolorosa porque toda apertura perjudica a algunos sectores y beneficia a otros sectores. A la larga, la mayoría se va a beneficiar, pero en el corto plazo los sectores que se perjudican van a ser más grandes que los sectores que se benefician. Simplificando de manera extrema las cosas, habría tres segmentos de la industria manufacturera argentina en la situación de apertura. Por un lado, las empresas que ya son internacionalmente competitivas o que muy fácilmente podrían serlo, y aquí yo incluyo a Tenaris. Tenaris esun caso obvio de éxito de la industria manufacturera argentina.

-Es interesante eso: usted lo plantea como un caso ejemplar o emblemático del éxito de la apertura. Ahora el conflicto aquí se da porque el precio que presenta Tenaris supera, de acuerdo con la primera presentación que hace, en un 40 por ciento al precio indio. Entonces, su capacidad de competencia en un mercado tan libre, tan abierto parecería no confirmar que es un caso de éxito de la apertura económica argentina.
-Pero fíjese: Tenaris es un gigante comparado con Welspun. Según los datos disponibles, las ventas anuales de Tenaris son algo así como seis veces las ventas anuales de Welspun. Pero al abrirse la economía argentina, la industria argentina va a estar entre dos fuegos. Por un lado, el fuego interno: el que tiene que ver con la existencia de grandes sectores no competitivos de la industria manufacturera. Estábamos hablando de los tres segmentos de la industria manufacturera Por un lado, las empresas que son competitivas y pueden fácilmente hacerlo, como por ejemplo Tenaris. En el otro extremo, un sector absolutamente insalvable, inviable. Por ejemplo, la llamada industria electrónica de Tierra del Fuego. Y en el medio, un gran sector en términos del número de empresas que lo componen que no puede resistir la competencia de los productos importados, pero podría reconvertirse reestructurándose y adquiriendo tecnología más moderna. Ahora, hay un segundo fuego, el fuego externo: el hecho de que Asia es el centro de la industria manufacturera en la economía mundial. Es muy difícil no solamente para la industria argentina sino también para la norteamericana y la europea competir con Asia
Economía argentina abierta y competitiva. ¿Cómo hacerla socialmente viable?
-Cierto sectores de la política y del sector empresario plantean esa dificultad de la economía argentina y de las empresas argentinas no sólo a partir de los casos los grandes conglomerados industriales como Tenaris y el Grupo Techint sino también en relación al consumo masivo a partir de plataformas online como Shein, con la posibilidad de una apertura total de importaciones habilitada hoy directamente por los consumidores. ¿El desafío se ha potenciado en este contexto?
-La cuestión es clara: toda apertura económica implica costos sociales muy grandes. Es inevitable que muchas empresas industriales no puedan resistir la competencia y quiebren. Es inevitable que un sector importante de la fuerza de trabajo manufacturera pierda su trabajo y sean desplazados. Desde el punto de vista gubernamental, el problema es cómo administrar la apertura de modo de reducir en lo posible los costos sociales. Por eso yo planteo que tiene que haber un secuenciamiento de las políticas para que la apertura plena suceda cuando se hayan establecido mecanismos de amortiguación de los costos sociales. La idea es hacer la economía de mercado abierta socialmente viable. Yo planteo que la apertura plena debería suceder una vez que hay tres mecanismos de amortiguación disponibles y funcionando. El primero es que haya crédito abundante para la reconversión industrial para que las empresas que puedan potencialmente reconvertirse lo hagan importando la tecnología más moderna. Un segundo punto tendría es una reforma laboral más profunda de la que se está discutiendo.
-¿Más profunda en qué sentido?
-Una reforma laboral que sea funcional a la reestructuración de las empresas, o sea, una reforma laboral en la cual los trabajadores que queden desplazados reciban un seguro de desempleo robusto y servicios que los ayuden a reinsertarse, que va a ser ese va a ser el punto tres. Pero que no implique un aumento muy grande para las empresas mediante el pago de indemnizaciones. Estamos hablando de empresas que puedan reconvertirse y que los trabajadores desplazados reciban un seguro sólido de desempleo, pero que el pago de ese seguro de desempleo no consiste en indemnizaciones pagadas por las empresas porque el costo de la reconversión sería altísimo para la gran mayoría de las empresas pequeñas y medianas. No solamente van a tener que adquirir internacionalmente la tecnología más moderna, sino también tendrían que pagar indemnizaciones que para las pequeñas empresas puede implicar un costo muy grande.
“A diferencia de la Unión Europea, la Argentina no puede recibir del exterior fondos como los de cohesión o los de infraestructura que amortiguaron el costo social de la transición en otros países”
Apertura económica exitosa, ¿cuál es el factor clave?
-Usted está analizando la viabilidad social, es decir, un equilibrio general que se tiene que lograr: cuando un sector necesariamente se reduce o eventualmente desaparece, otros sectores se tienen que robustecer para absorber a esos recursos humanos, a esas personas que quedaron desempleadas, reconvertidas con el apoyo de un seguro de desempleo durante determinado tiempo y una formación para adaptarse. Pero hay otra cuestión: las empresas plantean que las condiciones macroeconómicas actuales, tributarias, por ejemplo, de la Argentina no resultan la cancha propicia a partir de la cual esa apertura pueda darse de un día para el otro. ¿La viabilidad social también pasa por ese lado macroeconómico?
-Es muy complicado. Por un lado, se necesita crédito abundante. En segundo lugar, que la reforma laboral no incremente el costo de la reconversión para las empresas que puedan reconvertirse. Y en tercer lugar, tendría que haber políticas de empleo activas, que haya o agencias gubernamentales o agencias privadas, sea con o sin fines de lucro, que tengan las siguientes funciones: explorar el potencial de empleo de cada trabajador desplazado, informar al trabajador desplazado sobre posibilidades de empleo para para alguien con sus capacidades o conocimientos y en tercer lugar, proveer entrenamiento cuando sea necesario a los trabajadores desplazados para que puedan ser candidatos a ofertas de trabajo disponibles. Estos tres mecanismos son necesarios para reducir el costo social de la transición, es decir, para hacer la economía de mercado viable. Ahora bien, el crédito es una cosa mucho más complicada que bajar la inflación, que ya se está haciendo. En ese punto, el gran problema es el problema de la confianza. Si queremos que los bancos den préstamos de largo plazo, con tasas bajas de interés, a las empresas para que se reconviertan, tiene que haber confianza en la continuidad de estas políticas cuando cambie el signo político del Gobierno. Por eso es indispensable que la apertura de la economía no sea la bandera del Gobierno de turno sino que tenga un apoyo muy grande en sectores de la oposición.

Libre mercado pleno y confianza. ¿Por qué es necesario un consenso político aperturista?
-¿Cómo ve usted el discurso del Gobierno en relación a la apertura económica? El Gobierno plantea que hay una parte de un empresariado argentino que en colusión con el Estado, que ha cooptado el Estado, no produce un bienestar general para para la ciudadanía y para la economía. Esa mirada del oficialismo, que le da un cariz muy contundente y de enfrentamiento tan abierto, ¿conduce al consenso que usted está planteando?
-Hay una diferencia entre si una proposición es verdadera o falsa y si una proposición es políticamente útil. Por un lado, es verdad que el cierre de la economía genera empresarios buscadores de rentas, o sea, privilegios. Pero no solamente empresarios, también sindicatos buscadores de rentas. Eso es empíricamente cierto. Ahora, en términos de la práctica política, no es muy conducente atacar de esa manera a sectores con los que sería necesario establecer acuerdos, a los que sería necesario ayudar a reubicarse en una economía abierta. Hay dos cosas que el Gobierno debería hacer. Ya las ha empezado a hacer, pero requerirían muchísimo más énfasis. Por un lado, buscar y tratar de formar una coalición aperturista en la economía, en la sociedad argentina, o sea, buscar sectores de la oposición que entiendan y compartan la agenda de apertura: no puede ser únicamente la bandera del Gobierno y sus aliados inmediatos, Tiene que haber confianza en que ante un cambio del signo político del Gobierno, se mantengan estas políticas de apertura. Es una precondición para que las empresas argentinas que no puedan acceder al crédito internacional, como sí seguramente puede acceder Tenaris, puedan obtener el crédito abundante y necesario para su reconversión. No basta con bajar la inflación. Además de la caída del riesgo país, es importante que haya confianza.
-En relación a los argumentos del empresariado, que quedaron muy articulados en el caso Techint, lo que plantea Techint es que otorgarle la licitación a una empresa argentina que genera empleo en la Argentina y que potencia mayor cantidad de empleo en una cadena de valor en la que es un jugador importante, debe ser un hecho a tener en cuenta en una licitación internacional. También argumenta que en los precios de la firma india hay un componente de dumping por que le compra las chapas a China. ¿Ese tipo de argumentos es atendible en el proceso de transición hacia una apertura económica? ¿O, en el caso de que el precio de una oferta nacional en una licitación esté tan por encima de otro precio, deja de ser atendible?
-Si hubo dumping, obviamente debe ser tomado en cuenta y eso debe modificar el resultado de la licitación, porque el dumping es una práctica comercial desleal. Ahora, el hecho de que deba preferirse la empresa argentina porque es argentina y porque hay 1.200 puestos de trabajo en juego son típicos argumentos proteccionistas. La posición que debería tener el Gobierno es decir: hay que proteger a los trabajadores, pero no los puestos de trabajo.

-Interesante: ¿podría desarrollar esa distinción?
-La distinción es la siguiente: si una empresa es no competitiva, debe cerrar. La destrucción creativa es esencial para que haya un capitalismo eficiente. Ahora, para los trabajadores desplazados y también los empresarios que quiebran, deben existir en la sociedad mecanismos de amortiguación que reduzcan el costo social de la transformación económica. Por eso tiene que haber crédito abundante, tiene que haber una reforma laboral que facilite la reestructuración empresaria y tiene que haber una política de empleo activa que ayude a los trabajadores a reinsertarse. Pero hay un tema muy importante que hay que tener en cuenta: la apertura económica va a generar tasas más altas de desocupación. Y encima de eso, hay que reabsorber al 40 por ciento de la fuerza de trabajo que está en la informalidad. Pero la solución al problema del empleo no la va a producir la industria manufacturera. La solución está en los servicios. O sea, una industria manufacturera en economía abierta puede tener una capacidad exportadora extraordinaria, pero en términos de empleo, con la tecnología de punta actual, no va a absorberuna proporción muy grande de la fuerza de trabajo.
-Ya no es mano de obra intensiva.
-A eso tenemos que agregarle la extraordinaria revolución tecnológica que está sucediendo. Desgraciadamente, la Argentina está abriendo su economía en un momento en que hay dos grandes componentes de la revolución tecnológica que están afectando el empleo. Por un lado, la robotización que es lenta, pero sigue avanzando y que va a destruir muchos puestos de trabajo manuales. De paso, China, a pesar de tener una enorme población de 1.400 millones de habitantes, está mucho más avanzada en la robotización que los países europeos y que Estados Unidos. En segundo lugar, la Inteligencia Artificial (IA), cuyos efectos de largo plazo todavía no podemos ni siquiera vislumbrar, va a tener un efecto muy pero muy fuerte sobreel empleo no manual, el empleo profesional y científico.
Industria vs. servicios, ¿cuál es el futuro del trabajador argentino? Apertura y nuevos empleos
-Me parece muy interesante la distinción entre trabajador y puesto de trabajo y el impacto que puede tener la apertura económica. Usted señala la destrucción de empleo: ¿eso se da en un proceso de transición hacia una economía abierta? La pregunta es: hay una ilusión de que el proteccionismo protege también las fuentes de trabajo. ¿La apertura económica destruye sectores y potencia otros y crea más fuentes de trabajo y empleo?
-Sí, crea empleo. Tanto la robotización como la IA están destruyendo empleos, pero al mismo tiempo creando nuevos empleos, en gran parte, en nuevas ocupaciones conectadas con el manejo tanto de la de la robotización como de la IA. Pero el horizonte que hay que tener es que la solución al problema del empleo va a estar en los servicios, no en la industria manufacturera. Cuando hablamos de servicios hay dos tipos de servicios, los calificados, incluyendo los de muy alta calificación, y los de baja calificación. El gran problema es un trabajador manual de la industria manufacturera desplazado porque su empresa es no competitiva, ¿cómo reconvertir a este trabajador de acuerdo a su nivel de educación, sus experiencias y capacidades o bien en un trabajador de servicios altamente calificado, por ejemplo, un programador de software, o un trabajador de servicios menos calificado, por ejemplo, un empleado en un hotel en una zona turística? Es muy difícil imaginar esas transiciones, pero son las que enfrenta la clase trabajadora y la industria manufacturera también en Estados Unidos y Europa.
¿Por qué Chile pudo abrir su economía y Argentina, no? El problema del consenso
-Lo traigo a una comparación más próxima. ¿Por qué Chile pudo avanzar y convertirse en una de las economías más abiertas de América Latina, e inclusive del mundo, con resultados económicos muy interesantes en términos de reducción de la pobreza, de bajo nivel de informalidad, de menores niveles de salario? ¿Por qué lo pudo hacer y la Argentina, no?
-En primer lugar, el comienzo de la apertura económica de Chile fue bajo un régimen autoritario que no enfrentaba oposición de ningún tipo. Es más o menos como el caso de China cuando abrió su economía, un régimen que en ese momento era totalitario y que tenía un control absoluto del poder. Felizmente para la Argentina, ésa no es la situación en la que inicia su apertura. Pero además, en el caso de Chile como en el caso de España luego del franquismo o en el caso de Israel en la década del 80, el programa de integración a la economía mundial era compartido por distintas fuerzas políticas, por el partido de Gobierno y por partidos de la oposición. En la década del 90, entrevisté a un líder del Partido Socialista chileno. Le pregunté por qué no apoyaban entrar en el Mercosur. Y me contestó: “¿Por qué Chile va a entrar en el Mercosur, que es el club de los perdedores? Es el club de países que integran sus economías aislándolas de la economía mundial”. Una posición que en la Argentina sería catalogada por la izquierda como una “posición neoliberal”. Pero en el caso de Chile, eso demostraba el compromiso de un partido de izquierda con el mantenimiento de la apertura económica. Una ventaja de Chile ha sido el hecho de que el partido de centro izquierda y centro derecha compartían continuary mejorar si fuera posible el proceso de apertura económica. En el caso de España, gran parte del proceso de apertura tuvo lugar bajo los gobiernos del PSOE, desde Felipe González.
-La centroizquierda española.
-Sí, exacto. Ahora, los países de Europa tuvieron una ventaja extraordinaria que la Argentina no puede tener, y es el hecho de formar parte de la Unión Europea con sus fondos de cohesión y de infraestructura, que fueron un muy eficaz mecanismo amortiguador de los costos sociales de la transición. Ahora que lo estamos pensando, en su apertura económica, la Argentina tiene tres desventajas en relación con otros países. Primero, el hecho de que, por el momento, no es claro que dentro del peronismo, el partido más importante de oposición, haya apoyo a la transformación económica, a la apertura de la economía. Pero el peronismo puede deparar sorpresas, naturalmente, y su liderazgo está en proceso de transición. En segundo lugar, la Argentina, por no ser un país miembro de algo parecido a lo que fue la Unión Europea, no puede recibir del exterior fondos como los de cohesión o los de infraestructura que amortiguaron el costo social de la transición en otros países.

Apertura económica made in Argentina, ¿pueden servir los fondos de Trump-Bessent o no tanto?
-¿El apoyo de Donald Trump y de Scott Bessent, como sucedió el año pasado, puede representar una posibilidad en ese sentido?
-No es equivalente. Fue un apoyo para impedir un default; no es el tipo de apoyo que recibieron países como España o los países post comunistas de Europa Central, o sea Polonia, la República Checa. Y en tercer lugar, la Argentina emprende este camino de apertura en un momento de la coyuntura mundial en el cual la revolución tecnológica está destruyendo masivamente empleos tanto manuales como los manuales. Pero no tenemos alternativa: son condiciones desfavorables comparadas con la que tuvieron otros países cuando emprendieron la apertura, pero si queremos volver a ser un país con alto nivel de vida, no tenemos alternativa a abrir la economía.
-¿No hay alternativa a la apertura económica?
-Sí, pero es importante tener en cuenta lo que en ciencias sociales se llamaría el secuenciamiento de las políticas. Hay que abrir la economía plenamente, pero una vez que tengamos crédito más fácil que el que existe, una reforma laboral que facilite la reestructuración de las empresas y políticas activas de empleo. Yo lo haría, o lo hubiera hecho, de esa manera. Pero la política es el arte de lo posible: se hace lo que se puede, cuando se puede y como se puede. Es algo que entiendo muy bien.









