El actor argentino que en la década del 20 dejó Belgrano para triunfar en Hollywood
Con el nombre artístico de Barry Norton, este galán porteño trabajó con grandes estrellas y alcanzó la fama en tiempos en los que el cine pasaba de mudo a sonoro
11 minutos de lectura'


Barry Norton brilló con estilo y personalidad en Hollywood, donde actuó en más de 60 filmes entre las décadas del 20 y del 50. Desempeñó roles protagónicos, llegó a ser muy popular y compartió pantalla con grandes divas del séptimo arte, como Marlene Dietrich o Greta Garbo. Tuvo, además, el privilegio de ser testigo y partícipe de uno de los momentos más trascendentes de la historia de la industria cinematográfica: el paso de las películas mudas a las sonoras.
Pero hay un dato de este actor con presencia de galán que todavía no se ha dicho. Norton, que llevaba fuera del ambiente artístico el nombre de Alfredo Carlos Birabén, era argentino. Así es. Nacido en el barrio porteño de Belgrano en 1905, fue posiblemente el primer intérprete de nuestras pampas en triunfar en el epicentro del cine mundial. Fue también una importante figura en un momento en que en los estudios de Hollywood se producían segundas versiones en español de las películas originales, para abastecer al mercado hispanohablante. De este modo, Norton/Biraben fue en 1931 uno de los protagonistas de Drácula, la réplica hispana del clásico largometraje que protagonizó en inglés Bela Lugosi.
Biraben provenía de una familia con un buen pasar económico. Era hijo del ingeniero Alfredo Biraben, que ocupó funciones en los gobiernos argentinos de principio de siglo, y de la francesa Virginia Bailleul, que le inculcó al niño su interés por la cultura de su país. El muchacho recibió una educación esmerada, tanto en el Internacional de Olivos como en la Academia Santa Cecilia de París. Además, desde pequeño solía viajar por distintos lugares del planeta, muchas veces en compañía de sus tutores. El futuro actor era, desde pequeño, un hombre de mundo.
La pelea del siglo y el desembarco en Estados Unidos
Los datos sobre la vida de este personaje que alcanzó la fama internacional aparecen en el artículo “Un argentino que triunfó en Hollywood”, escrito por Carlos Goñi Demarchi para el número 349 de la revista Todo es Historia. Allí se cuenta que la aventura en los Estados Unidos del joven Biraben comenzó en septiembre de 1923 en el contexto de un evento trascendente para la historia del deporte criollo: la pelea entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey.

El mítico encuentro pugilístico conocido como “la pelea del siglo” se produjo el 14 de ese mes en el estadio Polo Ground, de Nueva York. En las gradas estaba Biraben junto a otros compatriotas para alentar al Toro de las Pampas, que, pese a perder el combate, se convirtió en leyenda aquella noche por hacer volar a su rival fuera del ring con un derechazo.
Apenas 18 años tenía el muchacho en aquella ocasión, pero se encandiló tanto con el gran país del norte que le solicitó a su padre permiso y cierto solvento económico para quedarse allí un tiempo, que se prolongó por un par de años. En ese período trabajó en grandes hoteles y también hizo sus primeras experiencias en teatro al vincularse con la Academia Paramount de Actuación.
Poco antes de emprender su regreso a la Argentina, Biraben quiso conocer la costa occidental de los Estados Unidos. Llegar a Los Ángeles, conocer Hollywood y enamorarse del mundo del cine fue para el joven una misma cosa. Allí se propuso convertirse al menos en un engranaje de esa máquina de sueños y fantasías que se encontraba en un momento de apogeo.
Hay un testimonio del Ingeniero Biraben, papá de Alfredo Carlos, en el que deja constancia de que los primeros tiempos de su hijo en Los Ángeles no fueron fáciles: “Fue peón de aserradero. Llegó a barrer las calles para comer” y “pasó hasta tres días sin probar bocado, y cuando ya no pudo más, antes de morirse de hambre, me telegrafió pidiéndome dinero para cuatro meses, solamente, me dijo. Se lo envié al consulado”.
Un casting exitoso y el comienzo de una larga carrera
Los cuatro meses pasaron, el dinero se acabó y Biraben se dio cuenta definitivamente de que, para cumplir su sueño y no volver derrotado al Río de la Plata, debería autosustentarse. Ingresó entonces a trabajar al lujoso Hotel Ambassador, donde podía relacionarse con la crema y nata de la industria. Conoció allí a la actriz Pola Negri —diva del cine mudo, que tuvo un romance con Rodolfo Valentino-, obtuvo un trabajo de oficina con el cineasta Douglas Fairbank y, finalmente, recomendado por una escritora llamada Laura Jansen, llegó a un casting para la película El lirio. La audición fue exitosa y el joven accedió al rol ofrecido. Corría el año 1926, el oriundo del barrio de Belgrano aún no había cumplido los 21 años -necesitaba el permiso paterno para actuar-, pero su destino ya estaba marcado: los sets de las producciones hollywoodenses serían su segundo hogar. Pronto conocería los halagos y las lisonjas de la fama.
No se sabe a ciencia cierta cuándo se dio la génesis de su nombre artístico, pero se estima que Barry Norton apareció cuando el flamante actor firmó su vinculación con la compañía Fox, el mismo 1926. Con ese nuevo contrato y, casi seguro nuevo nombre, el muchacho participó de El cañón de la luz, western protagonizado por un astro del género de aquellos tiempos del cine mudo, Tom Mix. Pero donde el rostro de Norton se hizo reconocible para el gran público fue en otro de los filmes de ese año, El precio de la gloria, donde el intérprete descolla en la piel de un soldado adolescente que sufre las crueldades del campo de batalla en la Primera Guerra Mundial. El papel lo convirtió, además, en una figura cotizada en la industria.
Así, su trayectoria continuó sumando filmes y a los estudios llegaban a raudales las cartas de sus admiradoras. Participó en la comedia Tobillos picarescos, junto a Magde Bellamy, una diva de entonces; en un filme más dramático llamado Amanecer, y volvió a adentrarse en el género bélico con La legión de los condenados, donde compartió escenas con estrellas como Gary Cooper y Fran Wray. La revista Photoplay, especializada en cine, destacaba la presencia del argentino: “Barry Norton realiza una interpretación que tocará el corazón de todas las mujeres”.

Estrella del cine sonoro
Hasta aquí, todas las producciones en las que participaba el joven porteño correspondían a la etapa en que el cine era mudo. Pero pronto la industria va a tener su revolución sonora y Norton tendrá con ello uno de los hitos de su carrera. En 1928 protagoniza junto a la mencionada Bellamy la película Cariños que matan (Mother Knows Best) y se convierte en el primer actor de los estudios Fox en ser presentado en una película hablada.
A diferencia de lo que les ocurrió a varios actores y actrices, Norton pudo pasar exitosamente del cine mudo al hablado y así se volvió a lucir en una historia sobre artistas circenses: Los cuatro diablos. “Barry Norton está soberbio como el acróbata más joven”, diría sobre su actuación el New York Times.
Reconocido por espectadores y críticos, hay un fragmento de la revista Cinelandia de abril de 1929 que destaca el momento de la gran consagración del intérprete rioplatense: “Estábamos hace algunas noches en el Henry’s (local prestigioso que contaba con Charles Chaplin como asiduo favorecedor), cuando entró como una tromba, radiante de alegría, el joven argentino Barry Norton, de los talleres de Fox. No era para menos: aquella tarde, los dirigentes de la empresa habían decidido elevar a Barry a la categoría de estrella”.
Hollywood en castellano
Pero a la carrera jalonada de logros del actor se sumaría otro mojón. Por su calidad de bilingüe y sus dotes artísticas, Norton sería elegido para protagonizar réplicas de películas hollywoodenses, pero realizadas en español.
Se utilizaban los mismos estudios, las mismas escenografías y los mismos técnicos del filme original, pero con actores que hablaran castellano, con el fin de poder distribuir las películas en España y en esta parte del mundo. Lo mismo ocurría con intérpretes que hablaban francés y alemán, que filmaban versiones en su idioma para distribuir en sus correspondientes países. Fue un breve período antes del desarrollo de las técnicas de doblaje y los subtítulos.
En esas lides en su propia lengua se lució el argentino en filmes como El comediante, El cuerpo del delito y, especialmente, en Drácula, de 1931. Aquí, el rol del vampiro lo desempeñó el español Carlos Villarías y la heroína de la historia fue la mexicana Lupita Tovar. Vale destacar que esta versión del conde de Transilvania es la que se estrenó en los cines porteños y no la protagonizada por Lugosi. De ahí a que Norton también fuera popular en su tierra, y hasta apareciera en varias publicidades de productos argentinos.
El artículo de Todo es Historia recoge un testimonio de la mismísima Tovar sobre su colega argentino, en el que destaca su “natural simpatía y comunicatividad” y “su carácter alegre”. Añade que era un hombre que siempre tenía alguna anécdota para contar, con entusiasmados relatos y, en cuanto a sus tradiciones de origen, siempre “invitaba a sus relaciones a tomar rondas de mate”.
En 1931, otra vez en idioma inglés, tendrá un papel importante junto a nada menos que Marlene Dietrich en la película Fatalidad (Dishonored). No es un protagónico, pero el actor aparece en un momento vibrante del filme, como el soldado encargado de llevar a la estrella, que encarna a una espía, al pelotón de fusilamiento. En una escena memorable, la Dietrich utiliza la espada de ese uniformado como espejo para ir arreglada al momento postrero de su vida.
Más tarde, Norton trabajará con otra diva inolvidable de Hollywood, Greta Garbo, en Ana Karenina, de 1935. Pero aquí ya actuará en un papel muy secundario.

Para no eludir el costado indiscreto de la meca del cine, se puede contar que Norton tuvo un esporádico romance con una estrella de la época, Myrna Loy. La misma actriz, que en 1934 fue elegida “reina de Hollywood” con Clark Gable como Rey, se refirió a su colega porteño en su libro de memorias, Being and Becoming, y aseveró que se trataba de una de sus “más serias veleidades”. Dijo que el actor tenía una combinación entre muchacho norteamericano y culto argentino que lo volvía “irresistible”.
El declive de una trayectoria
La carrera de Barry Norton en Hollywood continuará, pero a partir de cierto momento, a comienzos de los años 40, sus actuaciones no pasarán de ser las de un extra, una presencia difusa y en segundo plano en algún momento de la trama. Su nombre, según se asienta en la página cinematográfica IMDB, ni aparecerá en los créditos de las películas.
En esa condición cuasi anónima, sin embargo, trabajó en producciones que quedaron en la historia del cine, como Nace una estrella, la versión de Judy Garland y James Mason; Para atrapar al ladrón, de Alfred Hitchcock; y la mítica Casablanca, donde aparece como un apostador en Rick, el bar cuyo dueño es el personaje interpretado por Humphrey Bogart.
Los medios argentinos aseguraban para 1956 que el actor pensaba regresar al país para aportar, en el terreno artístico, todo lo que había aprendido de su experiencia en Norteamérica. Ese era el propósito que el mismo Norton se había propuesto para cuando llegó a cumplir 50 años en junio del año anterior.
Pero la fatalidad a veces es capaz de cortar de raíz hasta los mejores planes. Un ataque cardíaco acabó con la vida de Alfredo Biraben el 24 de agosto de 1956. Justo una semana antes del viaje que tenía programado para regresar a su ciudad natal.
“Muchas figuras célebres lo vieron a su lado a este joven cuya simpatía conquistaba fácilmente y a través de su rostro se buscaban los rasgos de algo propio de su tierra”, decía la nota necrológica de LA NACION dedicada al intérprete que dejaba el mundo prematuramente. En Hollywood lo sobrevivían su esposa y su hija.
Alfredo Biraben, con su nombre artístico de Barry Norton, no fue una celebridad cinematográfica. Alcanzó con mucho esfuerzo el estatus de estrella y tuvo su momento de gran popularidad. Pero sin duda, más allá del que pareció ser su declive de los últimos años y de su repentina muerte, fue el primer actor argentino en triunfar en Hollywood. Y vale la pena recordarlo así.
1El momento en que la diputada Carignano desenchufa micrófonos para interrumpir la sesión
2Del himno peronista de Kelly Olmos al exabrupto de Agustina Propato: las perlitas del debate por la reforma laboral
- 3
Diputados: con amplia mayoría, el oficialismo y sus aliados aprobaron la reforma laboral y vuelve con cambios al Senado
4Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?


