La experta en liderazgo y autora de exitosas novelas policiales que se enamoró del campo uruguayo
La estadounidense Kate White, un nombre frecuente en las listas de best sellers de The New York Times, ambienta su última novela en el campo charrúa
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NUEVA YORK.— Tras Pascua termina, oficialmente, la temporada en Punta del Este. Incluso los afortunadísimos que lograron estirarla más allá del verano, o regresar para el fin de semana largo, vuelven finalmente, resignados, a la vida cotidiana de sus ciudades.
Para Kate White, eso significa la Gran Manzana. Pero la célebre exeditora en jefe de Cosmopolitan no regresa con nostalgia. A diferencia de todos quienes —como esta cronista y su familia, ya en la larga cuenta regresiva hacia el próximo chivito en Gorlero—, White tiene un proyecto que la sigue ligando a las playas del Sur.

Ocurre que, además de su carrera editorial, es una prolífica autora de thrillers. Lleva cerca de una veintena de novelas de suspenso —muchas de ellas best seller de The New York Times— así como varios libros sobre liderazgo. Pero su nuevo título, I came back for you, marca un giro: es su primer thriller psicológico con una fuerte impronta del sur del continente.
La protagonista, Bree, una editora freelance divorciada, enfrenta la posibilidad de que el hombre condenado por la muerte de su hija años atrás no sea culpable. Para descubrir la verdad, debe regresar al pueblo universitario del norte del estado de Nueva York donde todo ocurrió. Pero antes de ese regreso al pasado, hay otro territorio: Uruguay.
White imaginó a Bree como una norteamericana viviendo en una chacra en el campo uruguayo, lejos de todo. Una que adora la tranquilidad, la pascualina, a sus vecinos, y que incluso encontró un nuevo amor
White imaginó a Bree como una norteamericana viviendo en una chacra en el campo uruguayo, lejos de todo. Una que adora la tranquilidad, la pascualina, a sus vecinos, y que incluso encontró un nuevo amor. Este no es “un espléndido tipo actor de cine como algunos argentinos que se ven por la calle”, como cuenta en el libro, pero que no está nada mal. Todo eso deberá abandonar para desenterrar aquel dolor que las Cuchillas del interior oriental, con su magia discreta, parecían haber logrado atenuar.
White sabe de lo que escribe cuando habla de la zona. Desde hace más de quince años pasa entre tres y cuatro meses al año en el Maldonado rural, algo apartada del circuito turístico. Allí, justo antes de la salida de su flamante novela, documentó parte de su vida cotidiana en redes sociales, generando tal fascinación entre sus seguidores que terminó convertida en una embajadora informal —y altamente eficaz— del país vecino. “Soy la primera sorprendida del interés que despertó”, reconoce. En sus publicaciones hay caballos, caminos de tierra, cielos abiertos. Y una comunidad que describe como especialmente cálida y paciente con su español en progreso.

La conexión viene de lejos. Cuando era treintañera, White trabajó durante semanas en Punta Tombo, en la Patagonia argentina, marcando pingüinos: una experiencia que le abrió una puerta a América del Sur. Años después, una visita a un amigo francés veraneante en Uruguay derivó en lo inevitable: comprar una casa casi al aterrizar y empezar otra vida junto a su marido.
En sus publicaciones hay caballos, caminos de tierra, cielos abiertos. Y una comunidad que describe como especialmente cálida y paciente con su español en progreso
Desde allí, observa a la distancia el flujo de turistas argentinos en Punta del Este, mientras mantiene intacto su entusiasmo por Buenos Aires —una de sus ciudades favoritas— y por el cine argentino reciente (Argentina, 1985 lidera su ranking).
En cuanto a la gastronomía, es fan de Francis Mallmann, aunque confiesa que cada vez tiene menos incentivos para moverse. Hay un nuevo restaurante, Las Espinas, en una bodega en las sierras camino a Piriápolis, que queda cerca de su casa. “Te quedás con la boca abierta ya desde las vistas”, resume para los miles de seguidores de su comunidad de adictos al policial.
Dice que a ella, al igual que a su protagonista Bree, el campo uruguayo le resulta único: logra, al mismo tiempo, tranquilizar y despertar algo profundo.
No se puede spoilear si Bree logrará regresar a su chacra al final de la novela. Pero sí se puede garantizar algo más concreto: el próximo verano, Kate White, como tantos turistas, volverá. Y si además llegan algunos norteamericanos con novelas de crimen bajo el brazo para leer en la playa, no será demasiado difícil rastrear quién —y desde dónde— despertó ese interés inicial.
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