
La Odisea, una aventura existencialista
El Ulises de Christopher Nolan es un hombre que no solo afronta un largo viaje, sino que también asume, con dolor impiadoso, la responsabilidad por los efectos de sus acciones
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No se sabe si existió Homero, el poeta ciego que 900 años antes de Cristo escribió dos obras fundamentales en la cultura occidental: La Ilíada y La Odisea. La primera cuenta la guerra de Troya desde la óptica de Aquiles, furioso porque Héctor (hijo de Príamo y Hécuba, reyes de Troya) mató a su amigo y amante Patroclo. La segunda relata el azaroso regreso de Ulises, conocido como Odiseo, a su reino de Ítaca, en donde lo esperan (acosados por los pretendientes al trono) su esposa Penélope y su hijo Telémaco, al que concibió, pero no conoció antes de partir hacia Troya. El regreso, tras diez años de guerra, le tomará otra década y estará plagado de tribulaciones que incluyen cíclopes, batallas, tentadores cantos de sirenas, conversión de sus hombres en cerdos y, sobre todo, oscuras tormentas emocionales. Antes, Ulises ideó la estratagema del Caballo, que permitió a los griegos entrar en Troya y destruirla sin piedad.
De <i>La Odisea</i> a hoy, dice Nolan, pasaron 30 siglos, pero no modificaron la ciénaga más profunda y oscura en el alma de los humanos que siguen matando por razones geopolíticas, por cuestiones económicas, por intereses egoístas, tal como sucedió en Troya, que no fue una guerra motivada por el amor de Menelao (hermano del rey griego Agamenón) a Helena (raptada por el troyano Paris), sino una conflagración por el dominio de rutas marítimas comerciales
El inglés Christopher Nolan (director de Oppenheimer, Dunkerke y Batman, el caballero de la noche entre otras películas notables) respetó la estructura del maravilloso poema de Homero, quien quizá fue un grupo de escribas que tomó relatos y leyendas para construir la obra, para convertirlo en un film conmovedor, apasionante, que más allá de su belleza visual es el viaje del héroe hacia el corazón de su propia conciencia. Nolan hizo una película existencialista. El existencialismo fue bautizado así por el filósofo francés Jean-Paul Sartre (1905-1980) en una tumultuosa conferencia que dictó el 29 de octubre de 1945 en el Club Maintenant, de París, y que es una de las más célebres del siglo XX. Titulada El existencialismo es un humanismo, tuvo tal repercusión que se convirtió en un libro que hasta hoy continúa reeditándose.

La idea esencial que Sartre proyectó sostiene que la existencia de cada persona precede a aquello en lo que esta se convertirá a partir de las elecciones y decisiones que tome en su vida. La existencia precede a la esencia. “El hombre no es más que lo que hace de sí mismo”, apuntó en aquella conferencia. En eso consiste su libertad, “porque una vez arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace”. Condenado a su libertad (que nada tiene que ver con delirantes propuestas libertarias sobre este valor), el ser humano es responsable único de su vida y de las consecuencias de sus acciones en él y en los otros.
El oscuro viaje del héroe Odiseo conmueve, lastima y toca fibras muy sensibles del inconsciente colectivo (más allá de la aventura exterior) porque nos pregunta por nuestra propia responsabilidad, por lo que hacemos con nuestra libertad, y cuál es el destino y el sentido de nuestro viaje por la vida
Esto es lo que irrumpe de un modo conmocionante en la conciencia del Ulises de Christopher Nolan cuando, una vez de regreso en Ítaca, donde acaba con quienes querían rapiñar su trono, su memoria le recuerda lo que provocó y desató en Troya. La película no es la simple ilustración de La Odisea. En ese punto la responsabilidad por sus acciones se plantea impiadosa ante Ulises, como no lo hace hoy ante quienes desatan guerras, destruyen, violan cuerpos y vidas y mancillan memorias. De La Odisea a hoy, dice Nolan, pasaron 30 siglos, pero no modificaron la ciénaga más profunda y oscura en el alma de los humanos que siguen matando por razones geopolíticas, por cuestiones económicas, por intereses egoístas, tal como sucedió en Troya, que no fue una guerra motivada por el amor de Menelao (hermano del rey griego Agamenón) a Helena (raptada por el troyano Paris), sino una conflagración por el dominio de rutas marítimas comerciales. Ucrania, Gaza, el Estrecho de Ormuz, Darfur son algunos de los nombres que ahora asume Troya, entre los 59 conflictos bélicos activos actualmente en el planeta.
El oscuro viaje del héroe Odiseo conmueve, lastima y toca fibras muy sensibles del inconsciente colectivo (más allá de la aventura exterior) porque nos pregunta por nuestra propia responsabilidad, por lo que hacemos con nuestra libertad, y cuál es el destino y el sentido de nuestro viaje por la vida. Homero, Sartre y Nolan comparten así una inquietante y siempre actual mirada existencialista.


