La resiliencia no es cosa de héroes
La superación de los distintos inconvenientes que presenta la vida depende, en una enorme medida, de los lazos, el sostén y los espacios de contención
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En 1973 el ecólogo canadiense Stanley Crawford Holling (1930-2019), reconocido estudioso del comportamiento de los sistemas de la naturaleza, escribió un artículo en el que tomó un concepto de la ingeniería y lo redireccionó hacia otros campos. Hasta entonces se entendía por resiliencia la rapidez con la que un sistema vuelve a su estado inicial después de una perturbación. Cuánto tarda la tierra en dejar de temblar tras un sismo, en cuánto tiempo se recupera el sistema eléctrico luego de una sobrecarga de tensión, la demora de un metal en recobrar su forma original tras un fuerte impacto, etcétera. Holling señaló que, en verdad, la resiliencia no tiene que ver con la resistencia, sino con la persistencia. No pasa por la entereza o el aguante ante el golpe, sino por la capacidad de absorber la perturbación, reorganizarse y mantener la propia identidad, la esencia, aun cambiando de forma.

La definición de Holling resultó molesta para quienes reducían la idea de resiliencia al comportamiento de los metales. El científico canadiense proponía una concepción abstracta al hablar de esencia e identidad. Además, incluía el contexto en el cual se produce el fenómeno, las condiciones y características del ecosistema en que ocurre la resiliencia. Esta deja de ser un atributo exclusivo del objeto o del sujeto resiliente, y se concibe holísticamente. Es el resultado de una suma y combinación de factores que incluye ambiente, vínculos, condiciones sociales y culturales (cuando se trata de personas) y estado del hábitat (cuando se remite a la naturaleza).
Holling señaló que, en verdad, la resiliencia no tiene que ver con la resistencia, sino con la persistencia
El psiquiatra francés Boris Cyrulnik, sobreviviente del nazismo, llevó al concepto al campo de la psicología y lo difundió en libros como Los patitos feos, El dolor que nos cura, Las almas heridas, entre otros. A su manera coincidió con la visión de Holling al insistir en que, si bien el trauma no puede ser olvidado, lo esencial es la transformación que alguien puede alcanzar a partir de él. Al respecto es importante el aporte del biólogo estadounidense Philip T. Starks, de la universidad de Tufts, en Boston, quien advierte que poner todo el peso del asunto en el resiliente es un modo de descargar responsabilidades. Como Holling, Starks insiste en que el contorno (vínculos, condiciones culturales, sociales y económicas, la comunidad circundante) contribuye a la resiliencia de una persona tras un trauma de cualquier tipo.
Starks prefiere el término “recuperación”, que lleva tiempo, paciencia y transformación, además de requerir apoyo y cooperación
Quedarse en lo resiliente que es una persona, como si fuera un logro personal o un atributo natural, es una visión meritocrática, señala Starks, que refuerza el individualismo y el concepto del heroísmo individual. “La cultura moderna celebra a quienes superan las adversidades y los considera prueba de que el sistema funciona. Con frecuencia olvidamos a quienes no tuvieron el apoyo, la seguridad ni la suerte para sobrellevarlas. Al centrarnos únicamente en quienes alcanzaron el podio, validamos un filtro que selecciona a los afortunados y lo denomina excelencia”, escribe en su artículo Odio hablar de resiliencia, publicado en Psyche Weekly. Con una mirada integrativa apunta: “Si bien se puede exigir resistencia, la recuperación requiere apoyo. Glorificar la resistencia desvía la atención de los sistemas y deposita las expectativas en los individuos”. Cuando se habla livianamente de resiliencia, dice Starks, “olvidamos el costo de la recuperación: el desgaste, las cicatrices, la tensión que nunca sana por completo. Admiramos la aparente recuperación sin tener en cuenta lo que se acumuló en el proceso”.
Como ocurre con términos que se ponen de moda, y como lamenta el propio Cyrulnik, se habla mucho de resiliencia, pero incluso desde la psicología, la psicoterapia y la medicina se la ha estudiado menos de lo necesario. A su vez, Starks prefiere el término “recuperación”, que lleva tiempo, paciencia y transformación, además de requerir apoyo y cooperación. Vale.
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