
El campo es conocido por los vecinos como “La casa de los hippies” porque mantiene objetos peculiares que dejaron sus antiguos dueños
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Gran parte de la historia argentina transcurrió en campos y estancias. Estos territorios, que aparecieron en el país en el siglo XVI, se convirtieron en los núcleos económicos y sociales de la época.
Por eso, muchos fueron escenario de episodios que quedaron ligados a la historia nacional: desde la supuesta invención del dulce de leche en 1829, en la Estancia La Caledonia, hasta las reuniones políticas que encabezaba el presidente Julio Argentino Roca en la Estancia La Paz.

Con el paso del tiempo, algunos cascos fueron demolidos y en su lugar se construyeron viviendas más modernas. Otros permanecen en estado de abandono. Pero todavía sobreviven “joyas”. Estructuras originales bien mantenidas que siguen siendo utilizadas, sobre todo como hoteles y posadas. Muchas de ellas mantienen objetos, mobiliario y materiales de construcción de la época, por lo que, debido a la riqueza de sus elementos, se asemejan a museos.
Es el caso de estancia Los Aromos, que nació en 1830 con la construcción de su casco original. Se trata de “uno de los más antiguos de la zona de Coronel Vidal, partido de Mar Chiquita, Buenos Aires”, afirma Sebastián Lacalle, asesor en Coldwell Banker Golden Team, quien la define como una propiedad con historia y carácter.

La historia de la estancia
La residencia fue construida para Emilio Pereyra Iraola, descendiente de una de las familias terratenientes más poderosas de la Argentina y pionera en la introducción de la raza Hereford en el país durante el siglo XIX. Sin embargo, la estancia pasó por diversas manos y usos en sus casi 200 años.
Los actuales propietarios la adquirieron en 2005. Según cuentan, en aquel momento les recomendaron demoler el casco y construir una residencia más moderna, ya que el estado de abandono era avanzado. Pero se negaron.
Esta situación ya se había repetido con los dueños anteriores, los Hiriart, que también tuvieron que realizar refacciones. “Los Aromos era una joya enterrada: la gente de Coronel Vidal nos preguntaba cómo pudimos acondicionar la casa en tan poco tiempo; nos pusimos con todo, como meta familiar”, declaró la familia a un medio en 1996. Antes de los Hiriart, la casa había pertenecido a un diplomático venezolano: “En Buenos Aires éramos vecinos de él y nos contó de los Aromos, la quería vender porque reciclarla era muy costoso”, relató la familia, que vio la oportunidad: “Nos tiramos a la pileta ”, concluyeron.

Compraron la vivienda durante la “época hippie”, y según relata Hiriart, los diplomáticos eran un poco hippies: “Pintores con el pelo largo, que escuchaban música que era distinta”, cuentan y explican el apodo de la estancia durante aquellos tiempos: “La casa de los hippies”.

Además quedaron otros objetos peculiares, como una mesa árabe con incrustaciones de marfil, una montura de camello que se convierte en un banco, sables y una fusta que tiene un estilete mortal. “Se cuenta que una puerta de acero que tiene la estancia perteneció a una casa de Juan Manuel de Rosas”, agrega Lacalle.

La aparición de un ángel
Una de las anécdotas que los Hiriart contaron a los medios ocurrió un 8 de diciembre, el primer día que ocuparon Los Aromos. “La gente decía que la casa estaba sepultada, porque estaba cubierta de hollín”, señalaron y explicaron que comenzaron a limpiar los ambientes esenciales, como los cuartos y la cocina. Fue en este último espacio donde descubrieron algo que los impactó: “Un bulto negro que salía de una pared”. Sacaron la protuberancia y la pusieron debajo del chorro del agua esperando que sea un bicho.
“Todavía se me pone la piel de gallina cuando lo cuento. Se trataba de un ángel de porcelana italiana, el ángel de la anunciación”, detalló Eleonora Hiriart.
Luego de 21 años de haberla comprado, los actuales dueños decidieron ponerla en venta. “Les da mucha pena porque guardan hermosos recuerdos, pero ya no viven en la Argentina, se mudaron a Europa junto a sus hijos y nietos”, señala el broker, quien comercializa la propiedad que tiene un precio de US$750.000.
La conservación: una de las claves
Con 196 años de antigüedad, la estancia se extiende sobre un terreno de 42 hectáreas. Su casco principal, de estilo colonial, tiene 612 m² cubiertos distribuidos en una sola planta y con 15 ambientes, entre ellos siete dormitorios, seis baños, cocina y distintos salones.

“El casco original ha sido conservado en su totalidad”, detalla el broker y señala que incluso se conservan los pisos originales de la sala de estar y de las habitaciones. Si bien algunos sectores fueron renovados, Lacalle asegura que “cada intervención ha sido realizada con total respeto por el patrimonio arquitectónico”.
Los baños merecen una mención aparte. Allí se conservaron los artefactos sanitarios originales de la vivienda, lo que permitió mantener la estética de época también en estos ambientes.

El campo también tiene potreros, un molino, una pileta con forma de tanque australiano, una casa para caseros, un departamento independiente, un monturero, un galpón y un parque arbolado de seis hectáreas.
Otra estancia argentina en venta
Aunque Los Aromos llama la atención por su estado de conservación gracias al trabajo de restauración, hay otras estancias en campos argentinos que están en venta.
Un casco ubicado en Lobos, que se construyó entre 1850 y 1855, fue un encargo de Oreste Piñiero, bioquímico, quien en 1904 se mudó a La Candelaria, el icónico castillo de la zona, construido entre 1894 y 1900. Y aunque la casa dejó de ser su residencia principal, la mantuvo y fue pasando a sus descendientes, hasta Maria Deimundo Piñeiro, quien la vendió en 2004 a los actuales propietarios.

“Se conservan casi todas las características del casco original con excepción de los pisos de los baños en razón de la red sanitaria nueva”, explican Mónica y Eduardo, los actuales dueños, quienes agregan que el antiguo comedor, con los pisos de cerámica portuguesa de principio del siglo 19, se encuentra intacto, así como la tirantearía de pinotea y el ladrillo de los techos.

“En 2004 la casa fue restaurada y ampliada”, explica Sandra Martínez Massaro, agente de Soldati Libertador, inmobiliaria que tiene a la venta la chacra por US$565.000. Entre los principales agregados se destacan adoquines provenientes del antiguo Puerto Madero, las mismas tejas Socoman traídas de Marsella, tirantearía de pinotea de antiguos galpones del ferrocarril y tejuelas –ladrillos más grandes y más delgados– para los techos.

Un detalle no menor: hasta 2004 la casa albergaba la mesa donde se firmó la independencia y ponchos de lugarteniente de San Martín en el cruce de los Andes.
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