Las residencias médicas, de villanas a posible modelo
La expansión de la IA volvió deseables los espacios de alta exigencia que funcionan como aula para los futuros senior
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“Es una estafa, casi inhumano, y a la vez el único lugar donde de verdad se aprende el oficio”. Así definió a las residencias médicas un residente de terapia intensiva de la Clínica Bazterrica entrevistado por La Nación. Pocas prácticas generan ese nivel de controversia: sueldos paupérrimos, guardias eternas, presión incalculable. En Estados Unidos, en los 80, todo el sistema entró en crisis y fue reformado por ley tras la muerte de Libby Zion, una paciente joven que fue mal atendida por residentes que llevaban treinta y seis horas sin dormir. Ahora, cada tercer viernes de marzo, en simultáneo, miles de estudiantes de medicina abren un sobre que define en qué hospital harán su residencia, en un ritual que cubren todos los medios porque genera separaciones, lágrimas y hasta pedidos de casamiento. Sin embargo, todas esas contradicciones no parecen hacerle mella al modelo. Al contrario, hoy es considerado una posible solución para el empleo joven afectado por la inteligencia artificial.
Las tareas con las que un pasante aprendía su oficio, como armar presentaciones, rellenar contratos modelo o revisar bibliografía son justo las que la IA hace mejor
Un estudio ya famoso del año pasado, firmado por el economista de Stanford Erik Brynjolfsson, encontró que los puestos de trabajo junior en Estados Unidos, en ocupaciones muy expuestas a la IA, están casi 20 por ciento por debajo de lo esperado. Es un dato controvertido, que otros estudios no confirman. Pero los especialistas suelen coincidir en que los trabajos para principiantes son los más afectados por la IA, no tanto por despidos sino por contrataciones que no ocurren. Las tareas con las que un pasante aprendía su oficio, como armar presentaciones, rellenar contratos modelo o revisar bibliografía son justo las que la IA hace mejor. El problema no es sólo que desaparezcan puestos de trabajo, sino que desaparezca el aula donde se formaban los que luego llegarán a los cargos senior.
La investigadora Molly Kinder, de Brookings, viene proponiendo el modelo de las residencias médicas. En medicina, el aprendiz atiende pacientes y toma decisiones reales bajo supervisión desde el primer día. Kinder propone trasladar esa lógica a las oficinas. Siempre que los acompañe un mentor, un abogado junior podría participar de negociaciones desde el comienzo en vez de pasar años revisando documentos, o un economista recién recibido podría sentarse con clientes desde el primer mes, en vez de armar el Excel que ya hace la IA.
El de las residencias no es el único modelo a considerar. La aviación certifica pilotos por horas de vuelo, parte de ellas en simuladores. Esa lógica podría expandirse a industrias diversas que ofrezcan experiencias supervisada
El problema es cómo pagarlo. En medicina el estado financia buena parte de la formación. Kinder propone otra cosa: un fondo para residencias al que aporten las empresas que más ahorran con la IA. El Reino Unido ya tiene un impuesto para grandes empleadores, que las empresas recuperan si ofrecen formación.
El de las residencias no es el único modelo a considerar. La aviación certifica pilotos por horas de vuelo, parte de ellas en simuladores. Esa lógica podría expandirse a industrias diversas que ofrezcan experiencias supervisadas. Otra vía pasa por la regulación. El Estado podría exigir supervisión humana en ciertas tareas básicas, como la búsqueda de jurisprudencia, que incentive la contratación de auditores junior. O directamente fijar un cupo de jóvenes por cierta cantidad de agentes de IA. Sería un nuevo tipo de discriminación positiva.
En este tema la IA aparece de los dos lados del mostrador. Tal vez le saque a un joven su primer trabajo, pero también puede simular ese mismo trabajo y ofrecerlo como práctica. Universidades y consultoras ya prueban estos modelos.
Ninguna de estas soluciones es gratis ni fácil de coordinar entre millones de empresas con incentivos distintos. Ojalá el mundo corporativo copie la efectividad pedagógica de las residencias médicas más que sus sueldos paupérrimos y las guardias eternas. Aprender mediante prácticas no debería exigir no dormir. Aunque los cambios que trae la IA nos tengan sin pegar un ojo.
La autora es directora de Sociopúblico
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