
Pérez-Reverte: “La más siniestra victoria de Pedro Sánchez no sería ganar otra vez, sino que quien lo derrote adopte su desvergonzado manual de supervivencia”
El “ellos también lo hicieron” funciona en España como justificación de toda indecencia política
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Quítenselo de la cabeza: no va a irse nunca. Seguirá donde está si le salen bien las cuentas, o aguardará atrincherado en un escaño a que los otros se acuchillen entre sí. Basta mirarle la cara: es imposible imaginarlo llorando abrazado al escritorio presidencial como una familia gitana al féretro del patriarca difunto. Sánchez no ha dejado de ser Sánchez. Se arriesga porque la farsa era ya insostenible. Calculó sus posibilidades -es muy bueno en eso- y sabe que las urnas pueden permitirle resetear el juego y empezar de nuevo como la última vez, entregando a los socios de ayer y de mañana los restos de la demolición sistemática a que somete al Estado. Capaz de revolverse en un palmo de terreno, sigue teniendo excelentes reflejos y lo que los árabes llaman baraka. Ofició tantos entierros políticos que las funerarias deberían concederle tarjeta de proveedor predilecto.
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