¿Quién se resiste al regreso del yogur helado?
Fue el postre oficial de la época de “Girls”, ascendió, decayó... y ahora, con estética nueva y precio más alto, volvió a enamorar a los neoyorquinos
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NUEVA YORK.— Cuando los hijos de esta redactora eran más chicos, existía un ritual sagrado. Después del dentista—ni que hablar si se volvía con felicitaciones de la higienista por la buena muñeca para el flossing— se pasaba por el local de yogur helado de la vuelta para celebrar rápido con algo dulce y frío que otorgase una cuota de alivio.
Ese era el límite de la relación con el fro-yo, como lo llaman acá. Cuando existe el helado -y ni que hablar si se viene del país de Freddo, Volta, Rapanui y demás-, ¿cómo perder tiempo con un producto claramente inferior que, aunque se promocionara como más sano, tampoco era precisamente una hoja de lechuga? Ahora la situación es muy distinta. No solo porque los chicos van solos al dentista, sino también porque las colas a la salida del puestito de yogur helado hacen pensar que conseguir uno implicaría casi pernoctar allí.
La Gran Manzana tiene una larga tradición de resucitar periódicamente tendencias que parecían bien muertas y enterradas
Ocurre que, contra todo pronóstico, la gran moda del verano en Nueva York es el viejo fro-yo. Aunque “contra todo pronóstico” no sea exactamente la frase adecuada. La Gran Manzana tiene una larga tradición de resucitar periódicamente tendencias que parecían bien muertas y enterradas. Y ahora le tocó al yogur helado, que supo ser el postre oficial de una era: episodios de Girls, millennials recién mudados a Brooklyn con su primer trabajo y toppings de frutas que permitían sentirse virtuoso frente a un consumo que, nutricionalmente, no necesariamente lo era tanto.
Según The New York Times, el fenómeno actual se basa en la nostalgia millennial por los llamados “Obama-era desserts”. Así se llama a los postres que dominaron los tempranos años de su presidencia, una época que hoy muchos recuerdan como de un optimismo despreocupado -fuese este verdadero o una negación de la realidad- previo a la pandemia, TikTok , la inteligencia artificial y la sensación de vivir permanentemente dentro de una alerta roja.

El diario, en un artículo titulado “Las tres eras del yogur helado”, observaba además que el producto atravesó un ciclo social completo. Primero fue algo especial; después se convirtió en una plaga urbana —un local cada dos cuadras, toppings infinitos y cucharitas por todos lados—; y finalmente los consumidores siguieron viaje hacia el jugo verde y el matcha. Es el típico recorrido de las modas neoyorquinas: entusiasmo, saturación, abandono y regreso, idealmente acompañado por una estética nueva y un precio más alto.
Las heladerías famosas por sus gelattos obviamente ahora tienen que poner carteles enormes afuera avisando que también ofrecen “fro-yo” para sobrevivir
Porque los nuevos templos del fro-yo no son exactamente iguales a los anteriores. El producto fue ascendido a una categoría casi de lujo: salsa de pistacho, leche garantizada farm-to-table (es decir de vacas que viven cerca de la ciudad), basado en yogur griego mediterráneo, basado en queso cottage bien norteamericano para extra-extra-extra proteínas, playlists curadas, interiores fotogénicos para los medios sociales. El yogur helado volvió, pero “más caro y más aesthetic que nunca” resumió Time Out. Las heladerías famosas por sus gelattos, obviamente ahora tienen que poner carteles enormes afuera avisando que también ofrecen fro-yo para sobrevivir.

¿Alguien podrá resistirse a este “renacimiento del fro-yo”?Curiosamente, sí. Los que, como esta cronista, seguían una serie en apariencia ligera pero sorprendentemente filosófica llamada The Good Place, que arrancó en 2016 cuando el yogur helado empezaba a parecer una moda agotada. Su premisa era que, al morir, las personas iban a una especie de paraíso perfecto. Había, sin embargo, un detalle extraño: las tiendas ofrecían exclusivamente yogur helado. El gran giro (spoiler) era que The Good Place no era el paraíso, sino una versión sofisticada del infierno. Y el arquitecto de ese universo, Michael, explicaba el simbolismo una manera que los viejos fanáticos del helado no pueden fácilmente olvidar: decía que hay algo muy humano en tomar algo maravilloso y arruinarlo apenas un poco para poder consumir más.
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