
Zapatos con taco y sin suela: ¿en serio, Chanel?
Los bautizaron “naked shoes”, zapatos desnudos, y son el más reciente objeto de lujo que propone la Maison francesa
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SOUTHAMPTON.– Hay modas diseñadas para escandalizar, pero, en ese sentido, esta cronista se considera bastante blasée. Después de todo, a los flamantes 53 años, y con lo agotada que la deja el día, cuesta imaginar una transparencia, desnudez o extravagancia indumentaria capaz de quitarle el sueño.
Pero después de una serie de veranos de tenis intensos en los que se fue transitando de fascitis plantar a fractura del quinto metatarso, y de allí a la simpática combinación de arco ultra alto y quistes sinoviales en el talón, cuando las zapatillas ortopédicas con suelas que parecen diseñadas para un aterrizaje lunar se volvieron de rigueur absoluto, la colección Crucero 2027 de Chanel finalmente logró su cometido.
El solo pensar en usarlos —porque, naturalmente, ya se anunciaron copias considerablemente más económicas— alcanza para despertar en medio de la noche como de una pesadilla
No hay palabras para el pavor que hasta en el fuero más íntimo provocan sus nuevos zapatos. El solo pensar en usarlos —porque, naturalmente, ya se anunciaron copias considerablemente más económicas— alcanza para despertar en medio de la noche como de una pesadilla. Touchée, Chanel. Los zapatos en cuestión son, para empezar, zapatos solo en un sentido bastante generoso de la palabra. Tienen taco, una pequeña pieza de cuero que abraza el talón y unas delicadas tiras que sujetan el pie. Lo que no tienen es aquello que, desde hace unos cuantos milenios, parecía un componente bastante esencial del calzado: suela.
Los bautizaron, con impecable lógica, “naked shoes”, zapatos desnudos. En realidad, no aparecieron de la nada. Son el desenlace casi inevitable de varias temporadas en las que el zapato se fue desmaterializando: primero el plástico transparente, después las chatitas de red y, mientras tanto, famosas como Julia Roberts y Kristen Stewart que directamente se sacaban los zapatos sobre la alfombra roja de Cannes. La diferencia es que entonces ir descalza podía leerse como una rebelión contra las reglas de la moda. Chanel consiguió la pirueta perfecta: convertir la rebelión en producto. La actriz Margaret Qualley fue la encargada de demostrar hace unos días que aquello que sobre la pasarela podía parecer una broma conceptual estaba, efectivamente, destinado a ser usado y llevó los naked shoes para un estreno en Londres.
Los zapatos en cuestión son, para empezar, zapatos solo en un sentido bastante generoso de la palabra. Tienen taco, una pequeña pieza de cuero que abraza el talón y unas delicadas tiras que sujetan el pie. Lo que no tienen es aquello que, desde hace unos cuantos milenios, parecía un componente bastante esencial del calzado: suela
Las imágenes se volvieron virales y llevaron a esta redactora a un lugar bastante inesperado: las aulas de su temprana juventud, cuando cursó una maestría en Sociología de la Cultura. Uno de los autores que más la impactaron entonces fue Thorstein Veblen, el economista y sociólogo estadounidense que, en La teoría de la clase ociosa, de 1899, escribió sobre el “consumo conspicuo”. Veblen sostenía que las clases acomodadas no consumían solamente para satisfacer necesidades, sino -casi, si no más importante- para demostrar que podían hacerlo. Y que cuanto más incómoda o incompatible con cualquier trabajo útil fuera una prenda, mejor podía cumplir su función como señal de estatus.

El ejemplo que utilizaba era, justamente, el calzado femenino y, más específicamente, el llamado French heel, un taco alto y curvado, muy de moda entonces. Este tenía valor social precisamente porque dificultaba el movimiento y hacía evidente que quien lo llevaba podía permitirse no realizar tareas demasiado prácticas. Ciento veintisiete años después, Chanel parece haber decidido llevar la teoría hasta sus últimas consecuencias.
Quizá el lujo contemporáneo ya no consista solamente en poder tener lo que otros no tienen, sino en poder pagar por prescindir de aquello que los demás necesitan
Para Veblen, el lujo podía ser un zapato que dificultara caminar. Para Matthieu Blazy, actual director creativo de Chanel, puede ser un zapato que directamente renuncia a una de las funciones que durante milenios parecían definirlo: impedir que el pie toque el suelo. O, dicho de otro modo, quizá el lujo contemporáneo ya no consista solamente en poder tener lo que otros no tienen, sino en poder pagar por prescindir de aquello que los demás necesitan. Veblen lo habría entendido perfectamente. Los pies de esta cronista, en cambio, dicen non, merci.


