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En 1970, cuando Jill Ciment era una adolescente rebelde, hizo algo sorprendente. Soñando con convertirse en artista, se anotó a clases con Arnold Mesches, un conocido pintor cuya obra admiraba. El respeto se convirtió en enamoramiento y una noche, después de clase, esperó a que se marcharan los demás alumnos y se le acercó.



