Al rescate de una tradición inútil

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30 de mayo de 2009  

Los Libertinos Barrocos

Por Michel Onfray


Anagrama

Trad.: Marco Aurelio Galmarini

312 Páginas

$ 96

La historia de la filosofía es, como la otra, terreno contencioso. Ya Aristóteles relevaba las opiniones de los filósofos que lo precedieron y exponía sus propias ideas en un diálogo crítico con la tradición. En nuestros tiempos, más plurales, suele reconocerse la arbitrariedad de cualquier tradición que se proclame como única, lo cual ha producido intentos de rescatar líneas de pensamiento vistas como alternativas a la hegemónica.

La prolífica carrera de Michel Onfray ha estado consagrada a la creación de un pensamiento signado por el ateísmo, el materialismo y especialmente el hedonismo. Autor ya de un Antimanual de filosofía , el pensador francés ha comenzado a publicar desde 2006 una obra en siete tomos con el título general de Contrahistoria de la filosofía , en la cual busca recuperar una tradición filosófica hedonista, que iría desde Leucipo y Epicuro en el siglo IV A.C. hasta Jean-François Lyotard en el siglo XX. En Francia se ha publicado recientemente el sexto volumen de la colección; entre nosotros, la edición del tercer volumen, Los libertinos barrocos , se agrega a la de los dos primeros, dedicados al pensamiento antiguo y a la era cristiana.

¿Cuál es esa tradición dominante que denuncia? Como para tantos filósofos desde Nietzsche, para Onfray el culpable del idealismo y la consiguiente devaluación de la realidad material que recorre la tradición filosófica ha sido Platón. El filósofo francés busca oponerse a esta herencia mediante el rescate de pensadores hedonistas y materialistas que fueron relegados por la historia tradicional. Debe notarse que Onfray no busca hacer historia de las ideas en sentido académico. El acento en la Contrahistoria de la filosofía , por el contrario, no está puesto en el rigor histórico sino en el reclutamiento de posibles antecedentes del hedonismo en un sentido amplio. En el presente volumen, dedicado al siglo XVII, Onfray rescata la vida y el pensamiento de seis "libertinos barrocos". La perspectiva es refractaria al pensamiento cartesiano dominante en la época, al que el autor ve inscripto en la tradición idealista platónica. Lo más interesante del volumen es la exposición, en un estilo accesible y ameno, de las ideas de pensadores poco conocidos entre nosotros. Onfray muestra además vívidamente el contexto intelectual en el que se mueven los "libertinos barrocos". Sin embargo, el autor no logra convencer de que los filósofos mencionados conformen realmente una tradición. Más allá del uso un tanto lábil del concepto de "influencia", las ideas de estas figuras son verdaderamente heterogéneas. Sólo mediante un forzamiento del lenguaje puede considerarse a Charron, a Gassendi o a Spinoza libertinos. Más alarmante que la heterogeneidad de los pensadores citados por Onfray, sin embargo, es su escaso interés filosófico intrínseco. Todo rescate de una tradición olvidada debe ser juzgado en última instancia por la calidad de aquello que se recupera; salvo en el caso de Spinoza, que es un agregado extraño a este grupo de pensadores franceses relativamente desconocidos, las ideas reseñadas en este volumen no exhiben la riqueza esperada para una tradición que quiere presentarse como alternativa al cartesianismo. Incluso en los casos de Saint-Evremond y de Cyrano de Bergerac no parece haber ideas filosóficas propiamente dichas sino una biografía u obra artística con algunos puntos de contacto con las ideas que el autor denomina libertinas. Si el interés de Onfray es, como explica en el prólogo, resaltar a aquellos pensadores que hayan contribuido al desarrollo de un pensamiento autónomo más allá del dogma cristiano, las ideas rescatadas en Los libertinos barrocos no alcanzan para cuestionar la visión tradicional de que el pensador del siglo XVII francés que más ha hecho por esa causa es, precisamente, Descartes.

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