Alfredo E. Larguía
El sepelio
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Una trayectoria ejemplar caracterizó la vida del doctor Alfredo E. Larguía, maestro de la medicina argentina, que descolló en el campo de la pediatría.
Nacido en Buenos Aires en 1914, heredó de su padre, que dirigió el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, su vocación por la medicina. Se graduó con medalla de oro en la Universidad de Buenos Aires en 1932, y condujo el Departamento de Pediatría del Hospital Sardá, en momentos en que surgía la perinatología, especialidad que suma los esfuerzos de médicos obstetras y pediatras para el cuidado integral de las mujeres embarazadas y de sus hijos, antes y después de nacer.
Lideró esta innovación desde la docencia y la in vestigación, y jerarquizó la especialidad de la neonatología. Sus continuas propuestas en educación continua y acreditación por capacitación lo llevaron a la presidencia de la Sociedad Argentina de Pediatría, del Tribunal de Evaluación Pediátrica y del Consejo de Certificación.
De gran humildad, mantuvo firmes los principios de la ética y honestidad. Fue profesor emérito de la Facultad de Medicina, miembro de la Academia Nacional de Medicina y de la American Academy of Pediatrics. Siempre definió al pediatra como el médico de la familia y actuó en consecuencia. Supo dar prioridad a los problemas de más urgente solución y sobresalió por su inteligencia. Integró el Rotary Club de Buenos Aires; fue caballero de la Soberana Orden de Malta y socio del Jockey Club, entre otras instituciones.
A lo largo de su vida fue un ejemplo de respuesta solidaria para la recuperación de los valores morales en favor de una sociedad mejor.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio de la Recoleta.




