
Althusser, personaje teatral
Odile Baron Supervielle LA NACION
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Asistí el otro día en el teatro de la Alianza Francesa a un espectáculo que me resultó muy interesante, tanto por el hecho teatral en sí como por el tema de la obra: el asesinato cometido por el filósofo francés Louis Althusser, que mató a su esposa, Hélène . El corazón de la memoria , de Halima Tahan, es un relato escénico en cuatro episodios. Está construida como un work in progress y se ha elaborado a partir de un texto no teatral: las memorias del filósofo Louis Althusser. La puesta en escena busca explorar las posibilidades dramáticas de esa escritura.
En un costado del escenario, detrás de una especie de ventana, se encuentra Ale Schijman, en el papel de Althusser; a la derecha, dos actores, Javier Aballay y Josefina Darriba, a veces sentados o de pie, cumplen el papel de relatores, un poco como el coro en el teatro griego antiguo. Los personajes no hablan nunca entre sí sino que se dirigen siempre al público. En el fondo, un video proyecta imágenes asociativas y, a un costado, el flautista Julian Viat toca su propia música creando un clima tan especial que la música se convierte en un personaje más. Al finalizar la representación, el psicoanalista García Dupont hizo un análisis de la personalidad de Althusser.
Conversé con Halima Tahan, responsable de este acontecimiento, escritora, poeta y directora de la revista Teatro del Sur .
-Halima, ¿tu aproximación al teatro proviene de una estadía en Córdoba?
-Sí, podría decirse así. En Córdoba, además de escribir obras teatrales, trabajé como consejera literaria y artística de la directora del Instituto Goethe. Luego, ya en Buenos Aires, seguí ocupándome de teatro y también de cine, ópera y otras disciplinas afines.
- ¿Las memorias de Althusser son la única fuente que empleaste para la elaboración de esta obra?
-He armado la pieza sobre las memorias de Althusser, que escribió en 1985, cuatro años después de haber matado a su mujer. Quería dar su propia versión de los hechos y, además, indagar sobre su enajenación. Pero la pieza está planteada como una pregunta más que como una respuesta. Los textos provienen no sólo de las memorias de Althusser sino también de lo que dicen otros autores. Incluí además comentarios de la prensa de la época y, por supuesto, cosas mías. Hasta hice hablar a Héléne. El tema de fondo es el asesinato de esa mujer, pero también el combate de Althusser entre la razón y la locura.
-¿Cómo era la relación entre Althusser y Héléne?
-Ella tenía diez años más que él, vivieron veinte años juntos y se casaron cuatro años antes de la tragedia. Héléne tenía una personalidad muy fuerte. Había participado en la Resistencia y era una ferviente comunista. El vínculo entre ellos fue tumultuoso, hecho de amor, odio y celos (Althusser tenía a su alrededor una corte de jovencitas). Se separaron más de una vez, pero después se reconciliaban. Tenían peleas terribles, pero él, aparentemente, la necesitaba. Decía que ella era su madre, su amante, su hermana. Unos días antes de la tragedia, el médico de Althusser quiso internarlo, pero Héléne le pidió que lo dejara tres o cuatro días más en la casa de ambos.
-¿Creés que Althusser era consciente de sus actos cuando la asesinó?
-En sus memorias, Althusser no tiene ningún registro de lo que hizo. Después de estrangular a Héléne, arrancó un pedazo de género rojo de la cortina y con él cubrió el cuerpo de su esposa. Según los expertos, Héléne no ofreció ninguna resistencia. Parecería que se hubiese entregado.
-¿Y qué te llevó a interesarte en el personaje de Althusser?
-Primero me asombró el hecho de que un filósofo de la importancia de Althusser llegara a estrangular a su esposa. Había además otras circunstancias que me resultaban llamativas y paradójicas. Althusser había estado repetidas veces internado en establecimientos psiquiátricos y, no obstante, era el maestro de jóvenes intelectuales brillantes como Michel Foucault, Derrida, Régis Debray, Bernard Henri-Levy y otros, que asistían con entusiasmo a sus seminarios y leían con el mayor interés sus libros.
-En un reportaje que le hice a Jean Guitton hace algunos años, éste me contó que había preparado en Lyon a Althusser para la Ecole Normale y me lo describió como un ser brillante, con una mente privilegiada.
-Sin duda. El tema que me apasionó plantearme al escribir esta pieza es cuál es el límite entre el genio y la locura.
Una vez le pregunté a Sabato cuál era la diferencia entre un genio y un loco. Me respondió que el genio iba hasta el límite, pero volvía. El loco iba hasta el límite, pero no volvía...
La película Una mente brillante aborda también ese tema, al tratar un caso en cierto modo semejante que, afortunadamente, no terminó en un crimen: el de John Nash, premio Nobel, aquejado de esquizofrenia.
En Formas breves , Ricardo Piglia cuenta que James Joyce tenía una hija psicótica, a la que trataba de impulsar a buscar en el arte un punto de fuga. Lucía escribía y Joyce leía sus textos. Pero como ella se colocaba cada vez en situaciones más difíciles, le recomendaron a Joyce que consultara a Jung. Joyce lo fue a ver y le mostró los textos de su hija. "Es lo mismo que escribo yo", le dijo a Jung. Este le contestó: "Pero ahí donde usted nada, ella se ahoga".




