América, la soledad anunciada
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Dice el gran cronista mexicano Carlos Monsiváis que el genio de Gabriel García Márquez ha sido el de reescribir el Génesis en Cien años de soledad . A esa obra monumental -que, a diferencia de otras canónicas de la literatura, ha sido efectivamente leída por millones en todo el mundo, según Monsiváis-, ha de volverse una y otra vez para entender la soledad de América latina, que como un sino inescrutable sigue definiéndola hoy en el concierto global. El escritor argentino Tomás Eloy Martínez cuenta que García Márquez se mide al hablar "porque tiene una enorme conciencia histórica. Sabe las consecuencias que tienen sus palabras". Fue desde esa conciencia histórica, muchas veces criticada desde altos sitiales del mundo cultural, que el creador de El otoño del patriarca pronunció su memorable discurso sobre "La soledad de América latina", en la Academia Sueca de las Letras, en ocasión de recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982. Precisamente este año, cuando este narrador universal celebra sus bodas de plata con el máximo galardón literario, resulta oportuno recuperar para la reflexión y el debate aquella intervención.
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"Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal [la latinoamericana], y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas. Todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es el nudo de nuestra soledad." García Márquez introducía de este modo, a los europeos deslumbrados con su obra, en un panorama más cercano a las frustraciones latinoamericanas que a sus logros.
"La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo".
Fue en aquel discurso que García Márquez se preguntó: "¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? La violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído. Este es el tamaño de nuestra soledad".




