
Anécdotas de antiguos internados
Estudiaron en distintos colegios
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El colegio Northlands tuvo alumnas pupilas desde su fundación, en 1920, hasta diciembre de 1973. Mónica Brané fue una de ellas: entró en el colegio a los 9 años. Antes había estado pupila en un colegio de monjas francesas porque sus padres vivían en el campo, cerca de Coronel Suárez.
"Una vez por mes hacíamos fiesta de disfraces. Teníamos un tocadiscos y escuchábamos música. Había cuatro casas donde dormíamos en cuartos de a cuatro", recuerda hoy con emoción, a los 63 años. "A veces, cuando la preceptora principal se dormía, prendíamos velas y nos metíamos debajo de la cama y comíamos golosinas", agrega.
Después de clases las alumnas tomaban el té, tenían un recreo y volvían a las aulas para hacer los deberes y escribir a sus padres. "Todavía guardo las cartas", señala Brané, y añade: "Tengo un excelente recuerdo de esos años, no así mis hermanos, que también fueron pupilos".
Juan Carlos Urruspurus, de 69 años, ingresó como pupilo en el Colegio del Salvador a los 11 años, porque sus padres vivían en La Pampa. La rutina comenzaba con el sonido de un silbato a las 5.30 de la mañana. Todos los días, antes del desayuno, tenían misa y luego repasaban la tarea para el día. "Me entristecía mucho estar pupilo, pero tengo compañeros que estaban encantados. Es una cuestión de carácter", cuenta. La convivencia, sin embargo, consolidaba amistades muy fuertes: "Todavía tengo amigos de esa época", dice.
El colegio Ward, de Ramos Mejía, perteneciente a la Iglesia Evangélica Metodista y fundado en 1913, siempre albergó alumnos de distintas provincias, de Paraguay y de Bolivia. El pupilaje se extendió hasta 1987 y su directora, Elsa Mendizábal, afirma que la disminución de alumnos pupilos comenzó en 1958 cuando empezaron a abrir más colegios privados y las familias dejaron de mandar a sus hijos a estudiar lejos.
El Instituto Fahy, ubicado hoy en Morón, fue creado por la asociación irlandesa Señoras de San José, tras la epidemia de fiebre amarilla en 1880. Muchos hijos de inmigrantes irlandeses quedaron huérfanos y los de mejor posición económica decidieron ayudar a sus compatriotas. Con el tiempo, pasaron a hospedarse chicos de origen irlandés que vivían en el campo, pero nunca fue un colegio de elite. Llegó a albergar a 200 alumnos. Cuando terminó este régimen, en 1999, quedaban 10.
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