
Animarse a más
Por Julio Sánchez Para LA NACION
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El miedo va quedando atrás. Ya todos se animan un poco más: los galeristas saben vender, los compradores apuestan con entusiasmo y los artistas comienzan a entender mejor el mecanismo de la fotografía. Quedó atrás el combate (una especie de "iconomaquia") entre la foto y la pintura; en 1922, Marcel Duchamp le escribía a Alfred Stieglitz -defensor de la autonomía de la fotografía, fundador de una revista y una galería especializada- una carta en la que decía: "Sabes perfectamente qué siento sobre la fotografía, me gustaría que hiciera a la gente despreciar la pintura hasta que algo más convirtiera a la fotografía en algo insoportable". Esa hambruna de los fotógrafos por parecerse a la pintura (pictorialismo, en términos más técnicos) desapareció poco a poco; se fundaron diálogos con el cine, el teatro, la publicidad, la ciencia, la historieta, la pornografía, el álbum familiar y el documental, entre otros tantos campos. La copia manual y perfeccionista se hizo objeto, instalación y proyección, aparecieron formas híbridas impensables décadas atrás. Se filtró una palabra de efectos inimaginables: democracia. Las cámaras digitales se abarataron y ya no quedaron excusas para no tomar fotos de lo que fuera. Las experiencias conceptuales permitieron que las camaritas de poca monta, los fuera de foco, los encuadres torcidos y otros pecados fueran aceptados y defendidos como nuevas poéticas. Flickr, el blog, la página web, MySpace y Facebook reemplazaron las costosas carpetas que los fotógrafos llevaban de una galería a otra. La cantidad no genera calidad y el problema que enfrentan los nuevos artistas es la edición, la selección de material, la creación de series o ensayos para contrarrestar las miles de las mal llamadas "fotos buenas", que en realidad no hacen más que repetir un cliché, encuadres idénticos, composiciones geométricas, contrastes de sentido y hasta chistes gráficos, como la monja que pasa delante de la publicidad de la chica con tanga. Esas "fotos buenas" terminan pareciéndose todas entre sí. Ya quedó atrás el antagonismo entre foto analógica y digital, ¿qué sentido tenía discutir el Photoshop si antes existía el retoque? La fotografía ya maduró y sus posibilidades críticas y creativas son hoy más ilimitadas que nunca.
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